Lugar: Museo del Banco de la República
Inauguración: viernes 11 de Abril de 2014
Finalización: sábado 7 de julio de 2014
Prográmese con: una hora mínimo (sin incluír el tiempo para ver los videos, que son seis de aprox. 20 minutos cada uno)

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Antes de entrar en materia y hablar sobre la exposición de William Kentridge quisiera ambientar mi artículo con una canción. Quisiera que nos detuvieramos varios segundos en la canción llamada Bajo otra luz interpretada por Mala Rodríguez, Julieta Venegas y Nelly Furtado. La canción dice así (parafraseado) y si por alguna razón el maestro Kentridge alcanza a ver este artículo, yo le mando a decir que se la dedico:

«Hay algo que va a suceder, no sé qué es.
Se desprende ante una sensación que no puedo ver
¿Será la vida que tejió casualidad densa en mi voz?
Te fui llamando
¿Seré yo o serás tú?
Todo está tan diferente y eres tú
Todo parece puesto bajo otra luz»

Y este no sé qué es lo que puede explicar lo que sentí cuando vi la primera obra en el salón de exposiciones de Kentridge. Pensé “como que vine para quedarme”. Pero como este artículo se llama “Kentridge, impresiones sostenidas” y no “Carta de amor. William: te amo bajo otra luz”, entonces vamos a dejar esto por un momento y a seguir con lo que vi en la exposición. Como no todo es amor el odio también me atravesó. Y en realidad, ahora Kentridge ya no me gusta tanto.

Para recorrer este artículo, propondré el método usado por algunos escritores de separar el texto en “facetas”. Este artículo será dividido por ”impresiones”. Las impresiones que recibí de la exposición Fortuna son cuatro: Bajo la luz de otra luna, Entrada al umbral del terror, Lo que vi: ya lo sé y Si te sabes el truco ¿ahora qué?

Kentridge es un artista Sudafricano nacido en Johannesburgo el 28 Abril de 1955. Es conocido por sus collages, dibujos, grabados, esculturas y películas animadas (que son los mismos dibujos en movimiento). Fortuna es el nombre de la exposición que el Museo del Banco de la República hizo y es, en Suramérica, la primera exposición monográfica dedicada a la obra de este artista desde finales de los años ochenta hasta el momento.

Bajo otra luz 

La primera obra que se ve al entrar al salón es un paisaje en una tinta donde en el plano de la izquierda se ve a una persona de espaldas parada sobre un balcón, que mira hacia un letrero en la profundidad entre escombros, desolación y ruinas que dice Captive of the city (Prisionero de la ciudad).

Cautivo de la ciudad

Dibujo de la película “Johannesburg, Segunda Gran Ciudad después de Paris» Prisionero de la ciudad, 1989, Carboncillo sobre papel

Lo que me sorprendió fue la cantidad de carboncillo que tenía, además medía más de un pliego y estaba manchado. Si me acercaba a detallar, el tipo de pincelazo era descuidado y hecho rápidamente. Me imaginé a un artista multifacético, a un Picasso muy frenético, echando pintura (o dibujando) obsesivamente, haciendo algo a lo que muchos temen: borrar para transformar. Es difícil y raro desprenderse de una obra que se cree terminada y lograr algo más con ello, y por eso me empezó a gustar todo lo que veía. Desaparecer lo que estaba es una lucha contra la eternidad. No aferrarse a la idea de presente tiene que ver con lo fácil que es destruir y lo difícil que es construir, y que tal vez las dos van de la mano: coexisten en una extraña conjugación existencial.

Durante el recorrido hay unos cuartos oscuros donde se proyectan videos. Aquí es donde mi primera impresión terminó el enamoramiento y se inclinó hacia el terror, el miedo y otros sentimientos introspectivos. Por otro lado, antes de entrar en lo oscuro, quedó un mi una inquietud, que planteo sin solución en este artículo sobre el título de la obra que dice Dibujo de la película…: ¿Qué fue primero, el dibujo o la película? Según este título el dibujo fue hecho para la película pero también pudo haber sido al revés, ¿no? Además, con este título el dibujo pasa a ser un rezago de algo que todavía no hemos visto, una cosa ahí cualquiera, siendo que el dibujo es (o fue pero no por eso deja de ser) LA película. Podría llamarse “Dibujo que terminó siendo película, pero sigue siendo dibujo”. En fin, sigamos.

Entrada al umbral del terror

Más adelante me iba a encontrar con lo que Kentridge había logrado después de los dibujos: videos animados. Es increíble cómo es de fácil desprenderse de lo clásico para llegar a la animación, el carboncillo parece una herramienta torpe, que ensucia, porosa, opaca (la nitidez es lo que más gusta en estos tiempos). La magia que hace Kentridge con sus dibujos no se puede revelar, el único consejo que puedo dar es que hay que verlo con ojos propios para sentir qué hay dentro de esos cuadros y dentro de esos videos.

Los videos que están dentro de esos cuartos oscuros están basados en  los mismos dibujos que están afuera. Ésta es la segunda impresión que puedo describir sobre mi visita al museo. Sin embargo aquí caemos vertiginosamente hacia las profundas dimensiones de la tristeza, la desesperación, la angustia, el miedo, el rechazo y la traición. Hay una parte en la narrativa de las obras de Kentridge que es pesada. En términos académicos se podría hablar de la complejidad política y social que trae representar en carboncillo animado unos cuerpos trabajadores, cansados, solos, deformes, desprovistos de identidad, desnudos, tristes. Es imposible desligar un sentimiento depresivo ante impresiones de muerte, enfermedad, nostalgia, ausencia, paisajes desolados (industriales, ruines), hospitales, abismos. En este terreno las pesadillas son ambientes apocalípticos donde la invasión de la industria, el artista que todo lo borra, el desamor, el abandono, la desaparición, la angustia y la eternidad son los protagonistas. Este video es una muestra de lo que no se puede decir en palabras fácilmente:

Dolor y simpatía “(…)usar los desastres como materia prima para la obra”

Kentridge habla sobre cómo se alimenta de los desastres de los demás para hacer su obra. Cómo todo lo depresivo es absorbido por el observador (que al mismo tiempo es creador) y regurgitado en forma de dibujo animado. No me voy a clavar en esto porque ahí me quedo; avanzo en mi interpretación de la obra concluyendo de esta segunda impresión que Kentridge tiene el alma hecha de carboncillo, iluminada por su género moderno y expresionista, que mezcla realidad con ficción e industria con ruinas. Su alma es oscura con tintes azules, es un poeta y narrador impecable.

Los mensajes llegaron para quedarse así como mi curiosidad creció. No podía esperar al segundo piso, pero no me percataba de mi ingenua sensación. En realidad, para mí, aquí se acabaría la exposición.

Lo que vi: ya lo sé

Lo que se ve en el segundo piso no decepciona en cuanto a montaje. Incluso podría decir que se gastó más plata arriba que en el primer piso. A decir verdad me desilusionó ver la cara del mago. Kentridge ahora aparece en sus videos haciendo pequeñas muestras de lo que abajo había mostrado, repite igual pero diferente lo que en las películas había comenzado. Hay una referencia al cine de Méliés, a Kentridge se lo devora lo sorprendente del cine, el movimiento y los efectos se vuelven su obsesión, las sensaciones visuales que crea la obra ahora están regidas por lo mismo, pero ya no se ve alma. Está presente el artista que lo quiere acaparar todo más que borrar. Aquí Kentridge se vende ante el mundo del arte, para ser reconocido, para tener nombre, para llegar a Colombia, para comprobar que es un genio, para hacerse conocer por una vieja x como yo.

Para mí una obra se acaba cuando se sitúa en un lugar de reconocimiento exagerado. Claro, esto es una contradicción porque si la obra no es reconocida, no podría llegar a tantos lugares. Pero como cada uno tiene ojos propios, los míos dicen que disfrutan más las primeras impresiones que las últimas. Porque el truco que aprendió el joven artista que esperaba y todo lo borraba ya no existe, se pifió. Porque ahora no puede escapar del círculo de las artes plásticas y todo lo que Nueva York trae. Ahora, como a los demás artistas famosos, el público sediento de entretenimiento solo pedirá un Kentridge que repita su magia una y otra vez. Ahora sus videos serán sus pesadillas, ahora sus esculturas son “lo nuevo” y sus dibujos serán “lo que nadie entendió, lo raro, lo que ni idea”.

Si te sabes el truco ¿ahora qué?

¿Ahora qué? Eso me gustaría preguntarle al artista de “Fortuna”. A propósito, el nombre de la exposición nunca lo capté, tampoco supe quién curó la exposición. Si alguien se entera por favor coméntelo, se lo agradeceré.

No puedo borrarme de la mente esos carboncillos, los aprecio inmensamente, y tampoco puedo evitar pensar que hacen parte de mi pasado. Que Kentridge será, en pasado y melancolía. Que para nombrarlo entre mis amigos no será por novedoso sino por las maravillosas ruinas de lo que los artistas de los ochenta estaban haciendo. Me quedo con todas las impresiones sostenidas, me quedo con una parte poética de la miseria, con señores encorbatados de trajes de paño que botan agua azul de los bolsillos.

Dibujo para la película Estereoscopio, 1999, Carboncillo y pastel sobre papel, Colección Johannesburg Art Gallery

Dibujo para la película Estereoscopio, 1999, Carboncillo y pastel sobre papel, Colección Johannesburg Art Gallery

Me quedo con radiografías que muestran máquinas de escribir, teléfonos de rueda, aparatos viejos. Me quedo también con sombras, con siluetas, con misterio y cosas desconocidas.

Me quedo con lo alejado del artista que ya no sorprende hoy en día, que se enfrenta ante la admiración gratuita del público, que quiere tocar la mano y pedir autógrafo. A Kentridge ahora le toca vivir bajo el añorado pero agotador mundo de la fama. Ahora que es el padrino del carboncillo, ahora le toca ser solo nombre y de pronto, seguramente, dejar de ser artista. A Kentridge le toca ahora cuidarse de tener buenos managers, de no exponer su vida (porque quién sabe cuántos andan tras sus derechos de autor):

«Una vez que la gente empezó a ver las películas se volvió cada vez más difícil recuperar el espacio de no saber lo que estaba haciendo. Una de las tareas de estos años ha sido encontrar estrategias para mantener la claridad de la distancia.» —Kentridge.

Kentridge quedó absorbido por la parafernalia monstruosa llamada fama mundial: en el mundillo del arte, de los artistas pretenciosos, de los historiadores fanáticos, de los curadores alcahuetes. El mundo que seguramente tuvo que atravesar para llegar a mí: esta es la contradicción más grande el universo. A él le deseo claridad y le doy gracias por haberme guiado bajo otra luz.

Por qué sí: la exposición llena las ganas de sorpresa y entretenimiento. Las animaciones son narrativamente interesantes, tocan temas que se equilibran entre lo real y lo ficticio.

Por qué no: el que ya conozca los trucos que allí se muestran, seguramente no sentirá tanta emoción como aquel que no. El artista raya en “eso ya se hizo” y “eso también”.

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