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Uncle Bill es el cómic en el que Bernardo Fernández, Bef, cuenta la historia de su obsesión por William Burroughs y la investigación tras sus pasos por México.

Editorial: Cohete cómics (sello de Laguna Libros)
Autor: Bernardo Fernández, Bef
Lanzamiento en Colombia: Abril de 2016
Precio: 69.000 COP

P
arece que para poder hacerse una idea general del sentido de las obras del escritor William Burroughs, aunque puede que uno nunca llegue a entenderlas, hay que saber sobre su vida primero; sobre las cosas que hizo y las mañas que tenía. Las interpretaciones que hay sobre los libros de Burroughs casi siempre hacen referencia a episodios particulares de su biografía: el homicidio ‘accidental’ de su esposa; sus viajes por norte, centro y sur América y por el norte de África, a veces con otros escritores famosos como Allen Ginsberg y Jack Kerouac; y sus altibajos con las drogas, drogas duras, más que todo la heroína. Por ejemplo, Naked Lunch, su obra más famosa, es una novela intencionadamente hecha un sinsentido, que se puede leer empezando por el principio, por la mitad, o por cualquier parte, porque fue escrita con un sistema literario llamado cut-up, que consiste en que el autor recorta las páginas del texto y las reorganiza aleatoriamente. Sin embargo, siempre se dice que la historia del protagonista de la novela, Bill Lee, un exterminador de plagas que por alguna razón termina en Interzona, un mundo paralelo donde suceden cosas extrañísimas, es una alegoría de la experiencia de Burroughs en Tánger, Marruecos, donde estuvo con más heroína que sangre en las venas y con más opio que aire en los pulmones.

Uncle Bill es un cómic que hace parte de esa obsesión por captar la obra-vida de William Burroughs, pero que enfoca sus esfuerzos en un momento particular: el viaje y la estadía de Burroughs en México. El cómic intercala la historia del interés intenso del autor, Bernando Ferández, Bef, por encontrar los libros de Burroughs en un tiempo en el que no era tan fácil como ahora (y no había internet), con episodios de la vida de Burroughs en su paso por México, que Bef va descubriendo en su investigación apasionada. Como si fuera una historia de detectives, Bef va sacando pruebas, personajes, conjeturas, e incluso deseos, de a poquitos, y nos los va contando con una actitud que despierta curiosidad. ¿Por qué este tipo está tan obsesionado con un viejo que al final de su vida era más famoso por ser famoso que por la obra que produjo? ¿Por qué alguien seguiría con tanto fervor los pasos de un personaje tan problemático? Uno que mató a su esposa jugando a ser Guillermo Tell, que fue muy irresponsable con sus hijos (su hijo murió antes que él por una cirrosis que le produjo el alcoholismo), que sufrió toda su vida por las adicciones (sus obras están repletas de pensamientos sobre la angustia y a la vez la recompensa placentera que producen las drogas), que financió sus excentricidades con la fortuna familiar (¡porque su abuelo se inventó la calculadora!), y que hablaba mal, y caía mal, en todos los lugares a los que iba (por ejemplo, basta leer el libro Cartas de la Ayahuasca para ver la impresión tan desfavorable que le dejó y que dejó en Colombia). Bef, como muchos, ve como un personaje de culto a ese tipo tan desagradable, que toda la vida dio tumbos, y lo idealiza, pero además nos convence de que su historia es tan desfachatada que merece idealización. Después de todo no parece tan raro que la obra de Burroughs a veces se vea opacada por su vida.

Por otro lado, no cuesta decir que Bernardo Fernández es un comiquero comiquero, o sea, uno con todo el oficio: sabe hacer personajes simples pero expresivos y consistentes; sabe que las viñetas son una herramienta para contar historias y no una jaula a la que debe ceñirse; incluso sabe hacer la caligrafía para los textos de los globos de diálogo propios de los cómics, que no es una cosa fácil, y entonces no debe acudir a utilizar tipografías prediseñadas y tiene todo el control sobre lo que quiere contar, incluyendo la estética de las palabras. En corto, es un duro, pero hecho a pulso. Bef es un tipo juicioso contando la historia de un desjuiciado, es un tipo que sabe usar su arte para agarrar el desorden y volverlo apreciable.

Lo único que a mi no me gusta del libro es la portada, que tiene una ilustración a todo color hecha con pintura (tal vez acrílico) representando a William Burroughs. La portada no es consistente con la simplicidad potente del trazo de las páginas interiores ni con la sobriedad de los únicos dos colores que hay en el resto del libro (el azul y el negro). Eso puede engañar a las personas antes de que se den la oportunidad de mirar lo que hay adentro, que vale mucho la pena. Así que, con todo el cliché encima, aquí sí vale decir que no hay que juzgar un libro por su portada.

Uncle Bill

Uncle Bill
8.5

Calificación

9/10

    Por qué Sí

    • - Por los dibujos y el diseño del cómic, que demuestran habilidad bien aplicada. Por la investigación del autor, que es muy juiciosa y muy bien informada. Por la historia, que está dispensada con ingenio, y hace que uno quiera seguir pasando las páginas. Porque le agrega más a historia de la vida de William Burroughs, que ya parece más ficción que sus propias novelas.

    Por qué No

    • - Por la portada, que no es tan llamativa como el interior y no es consistente con el estilo general del libro. Porque la idealización del personaje de William Burroughs puede saturar.

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