rebaño de elefantes

 

Título: Un rebaño de elefantes

Autora: Margarita Valencia

Editorial: Pre-textos

Publicación en Colombia: 2014

Precio: 47,000 pesos

Es difícil saber qué es Un rebaño de elefantes. Cuando uno lo coge del estante se encuentra con un libro color crema que pone el título, la autora y una ilustración de unos elefantes. No hay otra sinopsis que la del separador adjunto en el plástico, que habla de que papeles, cartas y recortes son lo que dan forma al libro, y que Margarita Valencia es una escritora colombiana. Tampoco hay en el interior un prólogo, una presentación o una introducción. Solamente un epígrafe solitario del premio Nobel V.S. Naipaul. Y de ahí en adelante, el texto.

Tal vez es más fácil decir qué no es Un rebaño de elefantes. No es un libro de cuentos, como dice la página de su distribuidora en Colombia. No es una novela propiamente, aunque tiene visos. No es un libro biográfico o autobiográfico. No es un libro de poemas. Tiene rasgos de todas las anteriores pero cualquier rótulo le quedaría raro; no grande o pequeño, sino raro. Es un libro corto hecho de capítulos pequeños (de no más de dos o tres páginas). Si me forzaran a definirlo diría que Un rebaño de elefantes es un ponqué y cada uno de sus capítulos es un bocado. Y cuando terminamos de comerlo y nos ha gustado preguntamos: ¿De qué está hecho este ponqué? ¿Cómo se llama? Y nadie sabría decirnos con certeza.

Lo que empieza como una imagen que habla de harina siendo cernida (realmente el primer capítulo habla de harina) va tomando forma en los siguientes capítulos como un retrato de familia. Se nos da a entender que el libro se construye a partir de un conjunto de papeles familiares guardados por años, “doblados durante tanto tiempo que ya olvidaron que podían desplegarse”. Son retazos de una historia larga, pero más que eso, son las preguntas que la escritura (o si quieren, la escritora) le hace a esos papeles. Tal vez es por eso que nos es tan difícil definir este libro, porque no nos muestra respuestas sobre una historia, sino las preguntas que se formulan a esa historia: a lo que dicen los papeles, a lo que callan, a lo que nos suscitan cartas viejas sobre nuestros propios orígenes.

A lo largo del libro, y entre fragmentos de aquellos papeles, se nos habla de Zeta, una niña que nace en una familia que no la esperaba, que vive entre Cúcuta, Bogotá y Venezuela entre los años 20 o 30 y 50 o 60 del siglo pasado. Zeta es la mamá de la narradora, que no se llama Margarita como quisiéramos sino simplemente Yo, y nos habla de Zeta como su mamá y de los padres de ella como sus abuelos. La narradora intenta reconstruir la historia a partir de las preguntas que les hace a los papeles y, sospechamos, a Zeta misma. Así, asistimos al recuento de una vida, desde el nacimiento hasta su vida adulta, salpicado de las imágenes de los escenarios, de las sensaciones y de los sentimientos que van componiendo esa vida: la familia, el colegio, la infancia, la juventud, los viajes, el amor, la familia otra vez. La narración sobre Zeta es cotidiana y la podemos sentir cercana a medida que la vamos leyendo. Casi que podríamos proyectarle encima las historias que nos imaginamos o querríamos imaginarnos sobre nuestros propios padres y abuelos.

Cuando nos acercamos a un libro exigiéndole respuestas y no encontrándolas nos sentimos contrariados. Pero estamos tan acostumbrados a encontrar respuestas en los libros que se nos olvida que hacer preguntas es un acto narrativo bello y fértil. Esto es lo que nos recuerda Un rebaño de elefantes, cuyas preguntas están tan bien formuladas en términos de escritura que nos bastan para satisfacer la necesidad estética que buscamos suplir con la compra del libro. Éste es un texto escrito con mucho cuidado y con mucha dedicación, en el que los personajes, las situaciones y los escenarios más cotidianos nos conmueven hasta el punto en que los sentimos como propios, y los adoptamos, y sentimos su ausencia cuando terminamos de leer. Cada capítulo está hecho con factura artesana, y en su formato tamaño bocado se siente como un postre que podríamos comer después de un almuerzo especialmente suculento. Este sentimiento no es gratuito; es algo que los escritores logran después de toda una vida de trabajo (hay algunos que nunca lo logran): la sencillez tan difícil de alcanzar que tiene una oración hecha entre punto y punto. A manera de ejemplo, un fragmento del libro:

Zeta empezó entonces a explorar las superficies: encontró en la mesa del comedor una canasta llena de duraznos. Mordió uno. Le gustó. Mordió otro. Le gustó también. Mordió otro… Todos los duraznos de la canasta estaban muy sabrosos”.

A esta sencillez sofisticada no le es ajena la edición del libro: minimalista y elegante como la mayoría de las de la editorial Pre-textos, con un diseño lindo y un papel que es como mantequilla fresca en el desayuno (que tienen algunos libros españoles y nunca los colombianos). Un rebaño de elefantes es un ponqué exquisito del que no necesitamos saber el nombre, que nos recuerda que las preguntas bien hechas son a veces mejores que las respuestas.

Entre mis libros favoritos sobre los padres están: Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, Maus de Art Spiegelman y El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. Siempre me pareció una pena que no hubiera en el grupo un libro hecho a la madre por una escritora. Hoy añado con gusto a esa lista Un rebaño de elefantes de Margarita Valencia.

Por qué Sí Un rebaño de elefantes: Porque logra que un libro hecho en un formato extraño se sienta maravillosamente cercano. Porque es corto pero deja guayabo del bueno después de la lectura. Por el ritmo musical con el que está escrito. Por la edición linda y por su título, que remite a un verso de Rubén Darío.

Por qué No Un rebaño de elefantes: Porque es un libro importado con un precio alto, lo que no quiere decir que no lo valga, sino que muchas personas se lo van a perder por no poder pagarlo. Porque el tipo de cubiertas que usa Pre-textos en sus libros se ensucia con una velocidad obscena y dolorosa.

Comentarios