Pasamos un día completo con una cosplayer bogotana. ¿Una cos qué? Aquí les contamos.

IMG_2251

- material audiovisual por Mauricio González

Laura

Laura Vallejo nos abre la puerta de su casa. Estamos en un suburbio tranquilo a las afueras de Bogotá una mañana soleada de fin de semana. Laura sonríe y nos hace seguir. Es una comunicadora social de 22 años, pelo negro con puntas difuminadas en rojo. Cuando pasamos junto a ella es difícil no notar sus 1,85 m. de estatura. Está descalza, en ropa de casa. Nos sentamos. Ante nosotros, la mesa del comedor la ocupan por completo cajas plásticas llenas de cosas: retazos de telas de colores, hilos y agujas, pedazos de cuero, tijeras, pistolas de silicona, un kit de maquillaje. Hay también una máquina de coser sobre la mesa y una peluca azul colgada de una puerta. Laura se para frente a la mesa llena de cosas con la disposición de un artesano, se remanga la blusa y nos mira. Sonríe de nuevo: “¿listos?”, pregunta; “voy a empezar ahora”.

Los Cosplayers

Laura Vallejo es una cosplayer, una persona que cambia su apariencia para representar un personaje —de un videojuego, un manga japonés, un cómic, un animé, etc.— en un espacio público. La palabra “cosplayer” es un acrónimo de costume (disfraz) y player (en su acepción doble: jugador, intérprete). No es algo que le suene familiar al grueso de los colombianos, posiblemente muchos nunca hayan oído el término, pero el Cosplay existe desde los años 70 en Japón, y desde entonces se ha ido expandiendo por el mundo. Hoy en día las comunidades Cosplay son omnipresentes en casi la totalidad de países (Colombia incluido) y se conforman en torno a macro-comunidades culturales que hasta hace poco considerábamos underground: los gamers, los jugadores de rol, los otakus (entusiastas de la cultura japonesa) y los geeks en general. Lo que en algún momento del pasado se nombró friki con un sentido peyorativo, hoy estas comunidades lo apropian para autodesignarse con orgullo, en un entorno cultural creciente y cada vez más masivo.

Los cosplayers son personas que estudian y trabajan en su día a día, van de fiesta, salen con amigos, hacen ejercicio. A menudo son muy exitosos en lo que hacen (no es barato ser cosplayer). Pero cuando se transforman en sus personajes dejan de lado su identidad cotidiana y se encarnan en una nueva. Como un heterónimo poético, mudan su Yo a un Otro, y desde ese otro existen momentáneamente. Un cosplayer no sólo se ve como su personaje; también actúa como él. Un cosplayer debe ser su personaje.

 La transformación

1Cosplayer2Cosplayer

Con precisión quirúrgica, Laura se pone unos lentes de contacto de color azul. Parpadea varias veces para acomodárselos y observa el resultado en el reflejo de un espejo. Cuando nos vuelve a mirar ya lo hace con otros ojos. “¿Qué tal?”, pregunta. El cambio es inmediato: ya la chica que nos dejó entrar en su casa se empieza a difuminar poco a poco en el personaje. Laura sonríe satisfecha ante su mirada azul.

Mientras Laura, en el cuarto contiguo, se cambia la ropa de casa por el vestido de su personaje, nosotros jugamos a los zarpazos con su gato Sammy. Afuera la mañana sube rápidamente por el cielo hacia el medio día. A los gritos le pregunto a Laura por su personaje. “Se llama Caitlyn”, me grita de vuelta. Y unos segundos después complementa: “del juego League of Legends”. Como no entiendo la referencia, saco mi teléfono y busco en Google. League of Legends es un videojuego en línea por computador, en el que dos equipos se enfrentan en un escenario fantástico. Cada jugador personifica un campeón, y cada campeón tiene habilidades especiales, y una apariencia y personalidad específicas. Para 2013, League of Legends podía tener hasta 5 millones de usuarios jugando simultáneamente. Hoy son muchos más. A nivel mundial existen torneos internacionales y comunidades completas dedicadas específicamente a ese juego.

Laura vuelve con un vestido violeta escotado; tiene los brazos descubiertos y la falda le llega hasta un poco más abajo de medio muslo. Nos cuenta que el vestido lo hizo ella con la ayuda de una amiga. “También hice el sombrero desde cero; la esencia del Cosplay es hacerlo uno mismo, con las manos”. Dentro del universo narrativo del juego, Caitlyn es una especie de Sheriff que dispara a distancia con un rifle gigantesco. Es alta y voluptuosa, y se corona con un sombrero enorme que en cierta manera la hace parecer como un personaje de Alicia en el país de las Maravillas. La presencia que proyecta Laura, en toda su considerable altura, me hace pensar que la decisión de escoger a Caiytlyn como personaje para representar en Cosplay fue acertada. Efectivamente, las dos se parecen una a la otra.

“Me van a ver calva por un momento”, nos advierte Laura con cierto pudor mientras se acomoda el pelo negro bajo una red sumamente estrecha. Luego se sienta a la mesa y se ocupa por un buen rato del maquillaje. Al tiempo que se pone diferentes capas de bases, mientras se pinta los ojos y los labios y se pone rubor en las mejillas, Laura nos cuenta que el proceso de aprendizaje del cosplayer depende de dos cosas: de la comunidad local en la que se mueva en el mundo físico y de la comunidad global que integre en el mundo digital. “Uno aprende mucho de muchas cosas en el proceso, desde materiales que pueden servir para remodelar la casa hasta tips de maquillaje y costura profesional que te puede pasar tu amiga como un consejo o que puedes aprender de un tutorial de YouTube”.

Cuando ya está maquillada vuelve a sonreírnos para que evaluemos el resultado. Luego, restan solamente los últimos detalles: correas de cuero en los brazos, en los muslos y en las pantorrillas; guantes también de cuero y botas altas con punta dorada. Se abrocha al cuello un adorno abombado victoriano; se pone con cuidado la peluca azul, que previamente ha planchado y peinado, y se corona la cabeza con el sombrero de copa que hace juego con el vestido. Solamente hace falta una cosa, un rifle gigantesco de 1,50 m de largo que ella misma construyó. Laura toma el rifle en las manos. “¿listos?”, nos pregunta. Salimos de su apartamento a las afueras de la ciudad, y mientras bajamos las escaleras no seguimos a Laura Vallejo, la comunicadora de 22 años, sino a Caitlyn, la Sheriff guerrera del videojuego League of Legends.

3Cosplayer4Cosplayer

El camino

Acomodarnos en el carro nos toma tiempo. Situamos con cuidado el sombrero en el asiento trasero y luchamos durante algunos minutos para dar con la mejor manera de cuadrar en diagonal, atravesado, a lo largo, el rifle de metro y medio de longitud. Me hago cargo de una cartera que Laura ha empacado con lo esencial: pegante, hilo, maquillaje, unos pañuelos de papel; desodorante, perfume, y dos manzanas verdes. Cuando finalmente estamos listos arrancamos rumbo a nuestro destino: “TIC al parque”, un evento de gamers y cosplayers que organiza el centro especializado en tecnología Unilago.

Atravesamos la ciudad en el carro. Por la ventanilla veo que los peatones, los vendedores ambulantes y los pasajeros de los otros vehículos miran a Laura con curiosidad. Un limpiador de ventanas de un semáforo se queda mirando fijamente su escote; desvía los ojos cuando se da cuenta de que lo estoy observando. Le pregunto a Laura por el camino que la llevó a convertirse en cosplayer. “Todo empezó cuando era niña, con Pokémon”, me dice desde el asiento del copiloto. “Luego se puso más serio cuando leí Harry Potter”. Laura nos cuenta que en Bogotá se armó una comunidad de entusiastas de Harry Potter, la serie de libros que cambió radicalmente las dinámicas de lectura de la juventud. Su hermano y ella hacían parte activa de la comunidad, se reunían con otros aficionados y se disfrazaban de los personajes en las reuniones. Con el paso de los años su hermano pasó a ser el presidente de la comunidad, y ambos se hicieron más y más activos. El resto fue atar los cabos que ya estaban allí. Laura hizo parte durante los años fundacionales del comité organizador de Comic-Con en Medellín. Conoció gente del medio nacional y del internacional, y se hizo parte poco a poco de la comunidad Cosplayer en Bogotá: “al principio lo hice por probar; después se ha vuelto más serio y desde hace año y medio lo hago, como yo digo, legamente, con todas las de la ley”, nos cuenta Laura y suelta una carcajada. Al tiempo, volamos en el carro por la Autopista Norte.

Laura ha asistido a cinco o seis eventos como cosplayer “con todas las de la ley”. Es su pasión, dice, pero también puede ser agotador. Hace malabares con su actividad como cosplayer, su dedicación como gamer, su trabajo como comunicadora y una maestría que estudia a distancia en una universidad de España. Sin embargo, halla maneras de encontrar el tiempo. Tanto así, que 2015 fue su primera asistencia como cosplayer oficial al Salón del Ocio y la Fantasía SOFA en Corferias Bogotá, que es, junto con Comic-Con, el evento más importante para comunidades geek en Colombia. Lea aquí la nota “Mi primer SOFA”.

Le pregunto si no le dan nervios. Ella sonríe. “no”, dice, pero luego se pone seria: “aunque no faltan las cosas desagradables”. En la comunidad hay una especie de código de conducta sobre cosplayers que debe seguir el público general; en gran parte es un código que parte del sentido común: pedir permiso antes de fotografiar a un cosplayer; no abordarlo cuando esté descansando o por fuera de su personaje (en un baño, en medio del almuerzo o con el bocado de postre en la boca), y respetarlo siempre como a cualquier otro ser humano. “No es nada del otro mundo, pero no falta quien se comporta de manera incivilizada al ver personajes vestidos con faldas cortas y escotes profundos. Una vez un tipo me siguió todo el día”, recuerda Laura; “un tipo mal; morboso. Me dio miedo”. Aparentemente esto ocurre con más frecuencia de la que uno pensaría. “Pero mis amigos me respaldaron y lo mandaron a volar. Uno se siente bien gracias a su comunidad”. Lea aquí “Yo soy un zorro. Una crónica sobre la comunidad Furry en Colombia”.

Caitlyn

Cuando llegamos a Unilago ya ha pasado el medio día y una densa capa de nubes novembrinas ha cubierto el cielo. Yo hago de caddie de las cosas de Laura mientras Caitlyn se dirige erguida hacia sus amigos, que están ultimando los detalles de sus propios Cosplay en la entrada del evento. Nos los presenta. Son amables. Ellos representan varios personajes, algunos del mismo videojuego. Dejamos a Caitlyn con sus amigos y nos adelantamos al evento. Es una carpa grande en la que, después de un rápido registro, nos vemos rodeados de pantallas, luces y personajes salidos de mundos ficticios. Hay unos Spider-Man bailando sobre una tarima; hay un Gokú jugando un torneo de un videojuego de carros en el estand siguiente. Como evento principal hay una pasarela donde desfilan los cosplayers, al tiempo que un maestro de ceremonias los presenta y comenta sobre sus disfraces y sus interpretaciones. Un corrillo de gente se aglomera en torno de la pasarela; gritan, vitorean y aplauden a los personajes que desfilan ante ellos. Nos quedamos un rato allí, tomamos fotos y hablamos con algunas personas. Luego salimos en busca de Laura.

Afuera, el cielo de la tarde amenaza con dejar caer una tormenta. Sin embargo la plaza está llena de gente. Buscamos a Laura con los ojos y localizamos a Caitlyn, que posa ante las cámaras junto con unos fans emocionados. Un grupo de aficionados sigue a otro, mientras Caitlyn, imperturbable, hace diferentes poses con el rifle en la mano, seria, completamente dentro de su personaje. Nos damos cuenta de que Laura ya no nos pertenece por el resto de la tarde; ahora pertenece a su público, a los entusiastas que han venido a ver una encarnación de sus personajes favoritos. Miramos alrededor y el panorama es el mismo con los demás cosplayers de la plaza. Todos, más que creyendo ser, siendo los personajes que quieren ser.

Comentarios