tierra en la lengua

Título original: Tierra en la lengua

Director: Rubén Mendoza

Duración: 89 minutos

Fecha de estreno en Colombia: julio de 2014

La sociedad del semáforo fue una chimba, y quizá ese hecho, más que el tráiler, me llamó la atención de Tierra en la lengua. Con esta última película esperaba que Rubén Mendoza superara mis expectativas amenazadas por un sentimiento de desconfianza que crecía en mí. Me parecía que la historia era difícil de desarrollar, y que podría caer en la sobre-exotización de una temática casi gore, un tanto infrecuente en el cine colombiano.

Pero queridos parceros, si les gustó La sociedad del semáforo, seguro les va a encantar esta última, no se preocupen. Si no les gustó, pues denle una oportunidad más a este director. La película vale mucho la pena. Vayan a verla antes de que la quiten groseramente de los cines.

Tierra en la lengua cuenta la historia de un viejo patriarca, verraco y macho: Don Silvio Vega (interpretado magistralmente por Jairo Salcedo), quien quiere ganarle la carrera a la vejez con la muerte. Silvio es un viejo tosco, de esos que le hace frente a todo y nada le queda grande; nada se le escapa. Pero la enfermedad y el tiempo carcomen poco a poco su cuerpo veterano, y el hombre de la familia se debilita más y más con el paso de los días. Para hacerle frente a esto, convence a dos de sus nietos –los más alternativos e inoficiosos de toda su numerosa descendencia- de ir a una de sus tierras en los llanos orientales colombianos para que le peguen un tiro a quemarropa y que de paso, solo de paso, puedan decidir como disponer, en la inmensa planicie, las cenizas de su difunta mujer, la Abuela. Esa es su salida con la que evitaría no caer en la desgracia que le significa la debilidad. “A su abuelo no lo domestica nada, se va a hacer todo en su ley”  recuerda la Abuela en una grabación.

Vea aquí una entrevista a Jairo, el actor; es todo un tipazo: https://www.youtube.com/watch?v=EnemgUwCggg

Me impactó la forma en que Tierra en la lengua está llena de elementos pasivos, pero muy definitivos: personajes y espacios que no toman parte activa en la actuación, pero que son categóricos para la historia. La abuela es fundamental, por ejemplo, y aunque nunca toma forma carnal, siempre representa la reafirmación del inevitable destino que es morir (tema central de la película). Así mismo, el paisaje a su manera resguarda toda la narración de la historia. Los morichales, las planicies y el pie de monte llanero, infinitos y profundamente poéticos, se acomodan en las tomas de la película para acompañar con fuerza impactante la trama.

Los paisajes son increíbles, le dan a uno ganas de meterse en la pantalla, y se vuelven parte fundamental de la historia pues se narran como si fueran Silvio Vega. La finca es briosa e imágenes de su fuerza y crudeza incivilizada, expresadas por medio de la doma de caballos y los trabajos arduos del llanero, se contraponen progresivamente a otras de una domesticación moribunda y tortuosa. La fuerza casi indomable de la tierra de Don Silvio se muestra amainada por la violencia y el olvido, como él mismo. El ganado sucumbe y los potros se pudren sobre los pastizales, las bestias ariscas se doman, y el llanero que antaño trabajó hasta romperse el lomo, se larga. Las tierras están amenazadas y hasta el perro, quien es quizá el único que mereció caricia alguna de parte de Don Silvio, muere.

El paisaje va quedando a solas con Don Silvio. Él y su tierra rodeados por la muerte. Solos porque sus nietos que lo acompañan no son realmente relevantes; son alimañas útiles, parásitos invocados únicamente para satisfacer su último deseo: no morir sino por propia ambición. Un tiro de gracia sería el triunfo hidalgo sobre la débil e inevitable muerte que se va tomando progresivamente a Silvio.

Don Silvio es su propio eco lejano,  ha dejado de pertenecerse. No puede aceptar su débil condición. La muerte debe llegar porque la vida pareciera haberse ido junto con la virilidad violenta que lo definió en sus mejores épocas. El Don Silvio que se muestra en la película claramente va en picada, y su plan de emergencia lo dictan los rastros agonizantes de su fuerza en proceso de extinción. Este tipo ya no se yergue, orina sentado; es un varón caído. De eso se trata la película, del transcurrir decadente de sus últimos días y de su salida desesperada para morir dignamente.

Pero si Silvio es un personaje muy bien logrado, coherente y complejo, sus nietos son una bofetada. Los personajes carecen de complejidad, son sujetos planos descritos superficialmente como hippies. Ni el uno (Fernando) ni la otra (Lucía) son algo aparte de eso. Solamente meditan y se traban, y cuando abren la boca lo hacen para referirse al abuelo, o en su defecto para comer o meterse un trip. Toda su presencia se define a partir del personaje principal. En la historia, Don Silvio posee una fuerza de atracción tosca y ellos son astros que orbitan inconscientemente a su alrededor. Fue lo único que me enervó de la película, que los nietos no tienen humanidad aparte de su faceta alternativa. Sentí que había una desproporción incómoda entre la construcción del personaje principal y sus co-protagonistas. Tanto es así que los nietos, en tanto personajes, no podrían, por su simplicidad, desenvolver la trama. Como resultado, el nudo de la historia se desenvuelve con la presencia de un agraciado papel del médico (que como verán, es la llave maestra de la historia).

Querido Rubén, ¿será esto un infortunado desbalance entre la contemplación supremamente dedicada del personaje del abuelo y una nula auto-contemplación? ¿Qué tanto te pensaste como personaje en esta película tan personal? ¿Qué tanto los pensaste a ellos?

Por qué Sí Tierra en la lengua: Porque está hecha para que uno quede metido en la historia, y Don Silvio es un personaje muy bien logrado. Su actuación es muy natural ¡Tremendo actor! Por la música y los paisajes increíbles del llano. Por la precisión estética. Porque vale la pena apoyar las iniciativas nacionales de esta calidad. Para hacerle frente al hecho de que la estén quitando de los cines tan rápido, a pesar de la acogida que ha tenido. Por esta graciosa expresión “Abuelito, chúpeme el culito”

Por qué No Tierra en la lengua: Incomodan las actuaciones de los nietos; eso definitivamente me vale como un punto en contra. Aunque definitivamente esta condición no me arruinó en ningún sentido la película, sí me quedo con la espinita de haber querido ver Tierra en la lengua con mejores nietos.

También diría que los animales muertos me intrigan y preocupan. ¿En qué condiciones se produjeron estas imágenes? ¿Cómo se lograron? A pesar de que me parece que, estéticamente, esas tomas son fundamentales para darle fuerza a la trama, quisiera despejar mis dudas. No entraré más allá en este debate que me quita el sueño en varias ocasiones.

Finalmente, si prefiere ver películas que incentiven el patriotismo de imagen y el amor por la “cultura colombiana” (¿?), o le fascinan las pésimas producciones traquetas y traquetizadas sobre Colombia, por favor, piénseselo dos veces antes de ir.

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