Somos lo mejor

Título: ¡Somos lo mejor!

Director: Lukas Moodysson

Año: 2013

Estreno en Colombia: septiembre 2014

Basada en la novela gráfica “Nunca buenas noches” de Coco Moodysson, la historia de ¡Somos lo mejor! sucede en Suecia en los años ochenta: Bobo y Klara, dos niñas punkeras de trece años, deciden formar una banda. A pesar de que no dan pie con bola tocando instrumentos y de que constantemente les dicen que el Punk está muerto, ellas se empeñan en lograr su propósito. Así, mientras tratan de componer y de tocar una canción en contra de su profesor de gimnasia, conocen a Hedvig, una niña cristiana de su colegio que toca la guitarra prodigiosamente, a quien convencen para que haga parte de su banda y les enseñe a tocar música. Durante el proyecto de la formación de la banda, las tres mini-punkeras pasan por montones de situaciones graciosas y dramáticas hasta que finalmente logran tocar en público, ante una audiencia muy pequeña en un pueblito sueco frío y deprimente.

Aún así, la trama es lo de menos, porque lo que importa en ¡Somos lo mejor! es el sentimiento de la amistad y no contar una historia de heroísmo épico. Mientras avanza la película, la narración general pasa a un segundo plano, y toman mayor importancia las escenas sutiles que demuestran el afecto complejo entre las tres niñas. Entre ellas hay una amistad que las excede, porque es en conjunto y a través de sus diferencias que las protagonistas demuestran que la solidaridad va más allá de sus individualidades. Eso es lo más punk de la película, más allá del sonido distorsionado y de la música precaria que buscan hacer, hay atención, aprecio y cuidado, cualidades humanas que hay que defender con rudeza.

¡Somos lo mejor! es una película llena de detalles y de escenas muy bien pensadas, que combina de manera inteligente la rudeza, las búsquedas y las pretensiones de ruptura del punk con la ternura que puede manifestar cualquier persona cuando tiene aprecio por otra. Mientras tocan lentamente y en guitarra acústica canciones sobre colgar a Dios; mientras mendigan papas fritas en un sitio de comidas rápidas y mientras visitan a punkeritos que se hacen los rudos; Bobo, Klara y Hedvig viven situaciones poéticas sin darse cuenta, y está bien que no tengan que ser extremadamente conscientes para vivirlas y experimentarlas.

Curiosamente, aunque en el desarrollo de la narración pasan pequeñas situaciones que problematizan la amistad de las tres protagonistas, nunca les sucede nada tan terrible como para que el drama oscurezca la sensación de optimismo general que nos deja ¡Somos lo mejor!. De hecho, es tan feliz la película que donde uno espera una montaña rusa de problemas y soluciones, solo se encuentra con una montaña rusa que sube y sube más, hasta que uno ya termina demasiado contento. Contra todos los pronósticos, no es necesaria una desventura para contar una aventura.

Con respecto a la producción, si uno se fija con cuidado, tanto la actuación, como el guión y la dirección están muy bien logrados; los tres elementos de la película se confabulan para lograr una misma emoción. De inicio a fin fluye sin que nada parezca forzado, sin que en la película traten de guiar la interpretación, sino que más bien la comparten. No sabemos cómo harán para que esas niñas actúen tan bien, pero, aunque hablan en sueco, uno logra sentir que es auténtico.

Por qué Sí ¡Somos lo mejor!: porque, al igual que en El Parcero, hace énfasis en el Somos, y demuestra que vale la pena querer a los amigos y moverse en comunidad. Porque el guión, la dirección y la actuación fluyen en la película. Porque uno no puede evitar salir contento del cine.

Por qué No ¡Somos lo mejor!: porque no es muy dramática, y se mantiene en un estado positivo casi todo el tiempo, y eso no necesariamente es del gusto de todos.

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