Siembra, pel
Siembra, la historia del luto de un padre por su hijo muerto, pero también la historia de una comunidad desplazada que vive en un pequeño mundo que siempre está construido como si fuera provisional, pero que es permanente.

Nombre original: Siembra. Un duelo que cuesta la vida.
Directores: Santiago Lozano y Ángela María Osorio
Duración: 120 mins.
Estreno en Colombia: Abril de 2016

T
urco y su hijo Yosner tienen que huir de algún pueblo en la costa pacífica colombiana porque los amenazan, y terminan asentándose en un barrio de invasión a las afueras de Cali. Allí viven junto con otras personas con historias similares y forman una comunidad en la que los jóvenes se adaptan al entorno urbano fácilmente mientras que los viejos viven con melancolía por el desarraigo y los recuerdos de su tierra. Yosner, como muchos pelados, sale por las noches a fiestas de baile de música urbana, y en una de esas le disparan y lo matan. Entonces Turco, en duelo, se enfrenta a los problemas de darle un entierro digno a su hijo y a las imágenes de su tierra y la imposibilidad de volver. A grandes rasgos, ese es el asunto central de Siembra, la película de Santiago Lozano y Ángela María Osorio.

Sin embargo, más que seguir un guión típico de problemas y de resoluciones, la película se cuenta apenas en conversaciones breves, pero esenciales, y en escenas largas, larguísimas para muchos, que muestran acciones de la vida cotidiana de los personajes que viven en la comunidad: diálogos sobre el desarraigo, sobre los hijos, sobre la relación con la fuerza pública y el Estado, sobre el amor, sobre el rebusque, sobre la creatividad, se intercalan con las acciones repetitivas de todos los días. Es una tajada de vida, podríamos decir, porque en la historia nada se cierra y nada se resuelve por completo.

En muchos aspectos Siembra se parece a La tierra y la sombra, Los hongos y a otras películas colombianas por el estilo que han salido recientemente. Tenemos el honor incuestionable del deber familiar (el luto y los ritos funerarios, por ejemplo). Tenemos a los viejos meditabundos y contemplativos, que ven su tierra como el bien más preciado que alguien pueda poseer. Tenemos a los jóvenes, que están en el intermedio entre la tradición y la nueva vida. Tenemos a los niños, que apenas sospechan lo que vendrá para ellos. Tenemos la escasez y la precariedad, y la angustia por tener el diario. Y el desplazamiento, que moviliza todo lo anterior.

Aún así, Siembra refuerza un aspecto muy importante de este formato de cine colombiano que ya se está cristalizando como un estilo (muy valluno, además de todo). En Siembra cada personaje tiene su arte, más allá de las preocupaciones diarias. Cada uno, en esa cotidianidad lenta y sosegada, está haciendo algo por el mero propósito de hacerlo bien, y hacerlo bonito. Así vemos cómo las cantaoras se esmeran en componer letras y canciones que muevan el alma en los ritos funerarios. Yosner, como muchos jóvenes de su comunidad, se esfuerza por ser el mejor en el baile urbano, por inventar pasos originales, y por tramarlos a todos en la pista. La vecina, Lizeth, persevera por encontrar estrategias creativas de rebusque, y por sobrevivir, pero sin aburrirse. A diferencia del territorio, digamos, el arte se lo pueden echar a la espalda, y entonces eso es lo que se llevan.

Además, las actuaciones de los personajes principales son muy creíbles, y se sienten frescas y fluidas. Algunos son profesionales, pero muchos son actores naturales, en el sentido en el que no se dedican a actuar, pero muchos también son cantantes y bailarines, y saben que lo que están haciendo es una puesta en escena.

Al final, Siembra nos planta el panorama de una comunidad que aunque vive en Cali está apartada del resto de Cali. Y que vive en un pequeño mundo que siempre está construido como si fuera provisional, pero que es permanente. Como debe hacerse en nuestro país, Siembra sirve para sensibilizar a las personas sobre las caras que están detrás del desplazamiento forzado, y no solo sobre el dolor, sino también sobre la nueva organización y las nuevas vidas cotidianas a las que se enfrentan quienes tienen que huir de sus tierras.

Solo un comentario pequeñito adicional. La película se llama Siembra: un duelo que cuesta la vida, pero solo con Siembra, sin el resto, habría bastado y sobrado. Aunque seguramente los directores querían traer a la mente el doble sentido de duelo como luto y duelo como batalla, en realidad el subtítulo hace que la película suene como esas películas de acción televisiva: la batalla del siglo, un combate de vida o muerte… y ya sabemos que eso no es. A veces es mejor sacrificar los juegos de palabras.

Siembra

Siembra
7.5

Calificación

8/10

    Por qué Sí

    • - Porque es una película inteligente, con recursos sencillos pero bien pensados que funcionan en diferentes niveles de interpretación: la situación de un país, la de una comunidad, la de una familia; el sufrimiento del desplazamiento y el rebusque diario, pero también el surgimiento del arte en condiciones difíciles.

    Por qué No

    • - Porque las escenas largas y contemplativas pueden ser aburridas para muchas personas, y esta película lo lleva a un nivel al que no estamos acostumbrados, a veces excediéndose en el truco. Porque los problemas abiertos, que no se resuelven, pueden impacientar (como de hecho lo pude comprobar con los gestos de un par de espectadores en el cine).

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