ruiseñora

Reseña sobre el último disco, las cerámicas y la exposición de Andrea Echeverri.

Nombre del disco: Ruiseñora
Discográfica: Nacional Records
Año: 2012
Precio: 25.000

Nombre de la exposición: Ruiseñora. Fuego y Canto
Lugar: Museo de Artes Visuales UJTL
Fecha: 15 de febrero a 15 de Marzo de 2014

Andrea Echeverri, la voz líder de Aterciopelados y también solista, no solo es cantante sino también ceramista. Y para su proyecto más reciente decidió juntar sus dos profesiones y producir un disco y una exposición de cerámica, ambas con el nombre de Ruiseñora.
La exposición de cerámicas, que por ahora se exhibió hasta el 15 de marzo en el museo de artes visuales de la Tadeo, y el reciente disco hacen parte de un mismo concepto: la encarnación de Andrea Echeverri en Ruiseñora, un personaje que envasa el zumo agridulce de nuestra punkera pachamámica.
Ruiseñora no es ni Mujer Gala ni Florecita Rockera, es la Andrea Echeverri madura, lejos de las letras despreocupadas del rock noventero de Aterciopelados. Ahora, a la Ruiseñora le interesa cantar y exponer sus pensamientos acerca de su experiencia como madre y de las problemáticas que afectan a quienes ella llama genéricamente “las mujeres”.

El disco Ruiseñora

Empecemos por el disco. En general, aunque duela decirlo después de haber cantado El estuche o Don Dinero a todo pulmón, las canciones de Ruiseñora sudan un feminismo macheteado y una representación de nuestra sociedad llena de estereotipos; un estilo que ya se veía venir pero no de una manera tan terrorífica. Paradójicamente, los estereotipos y las injusticias, lo que Andrea Echeverri buscaría combatir, son la regla en sus letras. No es difícil darse cuenta de que el disco está plagado de comentarios gratuitos que hacen referencia a una masa deforme de monstruos llamada “los hombres” que hacen daño, maltratan y destruyen a otro grupo igual de difuso llamado “las mujeres”. Por ejemplo, en la canción El fusil y la corbata justo después de reclamar igualdad y entendimiento entre los géneros, Andrea Echeverri lanza sin pena un estribillo que dice: “El mundo está gobernado por energía masculina, no somos civilizados, vamos directo a la ruina”. Lo que hace pensar, por simple intuición, que la energía masculina es lo que causa la ruina y la incivilización de nuestro mundo. Así, parece como si Andrea Echeverri quisiera cargar a “los hombres” y “lo masculino” con un sentimiento de culpa por contener la esencia putrefacta de lo malo.
Lo mismo sucede con “las mujeres”, a las que Andrea Echeverri les da un consejo bienintencionado en la canción Florence (en honor a Florence Thomas) al decir que “Hay que dejar de vivir, vestir, pensar y actuar para a los hombres gustar”. Como si gustarle a “los hombres” fuera en lo único que pensaran “las mujeres”.
Andrea Echeverri en versión Ruiseñora se empoderó lo suficiente como para cantar encasillamientos y categorías de todo lo que la rodea (las mujeres, los hombres, la corbata, el fusil, lo ancestral, lo propio, la tierrita) y también para dictar normas de comportamiento, que van desde no usar fajas o maquillaje, hasta decir en lo siguiente en la canción Métetelo, que parece ser un comentario sobre las canciones y los videos de reggaetón: “Hey chica del tubo métetelo por el cu…” Tal vez el próximo paso sea la publicación de “La urbanidad de Echeverri”
Ruiseñora está enmarcada en un lenguaje de guerra y no en uno de real entendimiento y convivencia. No son pocas las alusiones a los machetes, las escopetas y los fusiles que oprimen a las mujeres, o a la destrucción del machismo que finalmente debe llegar. Por supuesto, queridos lectores, sabemos de los males del machismo y todas las formas de discriminación e injusticia, pero reemplazar la guerra con más guerra no parecería ser lo que corresponde al canto de una Ruiseñora.


La exposición Ruiseñora

La exposición, también llamada Ruiseñora, fue más de lo mismo. Detrás de las cerámicas, que sumercé, hay que aceptarlo, estaban rebonitas, había textos plotteados (en la misma fuente que las medias veladas Samsara) que contenían partes de las canciones del disco. Las cerámicas mostraban un trabajo consistente y consciente de las particularidades del oficio ceramista, es decir, se notaba que Andrea Echeverri les había invertido mucho trabajo y dedicación, pero, lastimosamente, estaban teñidas del discurso ideológico de las canciones.
Perdámonos un momento en la forma y no en la política, en la experiencia estética de presenciar las obras plásticas de Andrea Echeverri. La exposición tenía cerámicas con formas y estilos muy variados, y la mayoría de los trabajos daban cuenta de un proyecto hecho con dedicación y cuidado. Había cabezas con peinados de burbujas, de fuego, de notas musicales, de balas, de corazones; había bandejas, teteras y tazas con colores brillantes y chillones; había fuentes, lámparas, calaveras, moscas, santos y bebés de cerámica, todos ensamblados horneados y pintados en combinaciones excéntricas. Justo cuando me encontraba consumido por la embriaguez de las formas, de las manchas y los grumos de la arcilla, de los colores de los engobes, de las marcas de los dedos y las irregularidades que dejan las herramientas, vi en una esquina una serie de cabezas de cerámica que tenían una bocas muy grandes bien abiertas, y, absorbido en la contemplación, quise tocar el interior de esas bocas. Estiré mi mano, y cuando estaba a punto de lograrlo, una voz aburrida y grave hizo retumbar la sala de exhibición: “no se pueden tocar las obras”. Ahí volví a ser consciente de las letras en las paredes que daban órdenes de comportamiento, de la destrucción del mal masculino, de descreer en el príncipe azul, de las esculturas arrumadas que se hacían a un lado para dar paso a la personalidad abrumadora de su creadora y del sentimiento de culpa que teñía el lugar.

Por qué sí Ruiseñora: Por dos razones contradictorias. Para escuchar su disco con nostalgia y comprobar con oídos propios que Andrea Echeverri se desatinó, o para ver con ojos inocentes sus cerámicas, y olvidar el ruido alrededor.

Por qué no Ruiseñora: Porque puede ser insultante si se toma en serio. Y como hay que tomarse las cosas en serio, no recomiendo comprar el disco, solo escucharlo en internet, ver los videos y lamentarse de la superficial critica social de la Ruiseñora.

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