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Título original: Pride
Director: Matthew Warchus
Duración: 119 min.
Estreno en Colombia: octubre de 2015

Estamos en Londres, a comienzos de los años ochenta, y una comunidad de gays y lesbianas realiza una manifestación pública de protesta y celebración, una marcha de orgullo. Pero, hay algo extraño para ellos; la policía no les hace nada. Nada de macanas, nada de caballos, nada de capturas, nada de Esmad (o el que sea su equivalente inglés), nada de nada. Hasta ahí todo está aparentemente bien. Solo que lo que pasa en realidad no es que el gobierno de Margaret Thatcher y la fuerza pública se hayan vuelto más tolerantes hacia ellos, sino que en el momento están ocupados cascando a otra comunidad, los mineros de todo el Reino Unido que están en huelga por las malas condiciones laborales y por la manera como su forma de trabajo está en peligro (porque están cerrando las minas de carbón). Al enterarse de la situación, un puñado de gays y lesbianas se solidariza con los mineros y decide formar el grupo gays y lesbianas apoyan a los mineros, para poner su parte, conseguir fondos y financiar la protesta de los huelguistas mineros de un pueblito en Gales. Aún así, tienen que convencer a la comunidad que quieren apoyar (al parecer, tradicionalista y homofóbica) para que los acepten. Así, los visitan a su pueblito y pasan un tiempo con ellos.

Ese es el problema que nos plantea Pride, y a partir de ahí nos promete demostrarnos el poder de la solidaridad, la amistad y la unidad a pesar de las diferencias. La película, que está basada en una historia real, lo que le da un valor adicional de veracidad, apunta a una idea que hemos escuchado por ahí en ocasiones: para acabar con los prejuicios hay que conocer al prejuiciado, hay que mirarlo a los ojos y darse cuenta de que no es tan diferente a nosotros, y que las prevenciones solo provienen de opiniones infundadas. Como el dicho que dice que ‘el racismo se cura viajando’, algo así. Con esa idea flotando, Pride nos muestra cómo la comunidad de mineros y la comunidad LGBTI se hermanan y forjan amistad y apoyo recíproco. Además nos deja la idea, nada superflua, de que si alguien se compromete contra la injusticia debería hacerlo contra todas las formas de injusticia.

La película definitivamente es emocionante. Uno puede sentir empatía por los personajes y resonar con sus alegrías, sus problemas, sus propósitos y celebrar desde la silla del cine lo que ellos celebran en la pantalla. Uno puede hasta sentirse en fiesta, porque los personajes se la pasan de fiesta en fiesta, y ver cómo gradualmente no importa tanto cuál grupo es cuál sino que se van volviendo uno solo, un grupo de amigos. Es recomendable llevar pañuelitos porque puede que a más de uno se le salga una lágrima, eso sí, una lágrima de alegría.

Sin embargo a veces uno puede sentirse manipulado por la banda sonora y por la construcción de la historia. Toda la película está llena de himnos y cánticos, que por supuesto son la forma de música más propicia para emocionar y levantar la moral y promover grupos identitarios (por algo las naciones, los colegios, los equipos de fútbol y las sectas tienen himnos), pero puede haber un punto en el que se explota demasiado el recurso. Además, el formato de la historia constantemente va desarrollando los retos que enfrentan los personajes de una manera muy calculada, para que los picos de emoción lleguen cuando deben llegar. En ese sentido Pride es una película muy convencional para un tema poco convencional (el despistado la confundiría incluso con una producción de Disney). Uno hasta podría predecir en qué momento las cosas van a mejorar o empeorar (si la ven, hagan el intento, parceros, seguro podrían decir ‘huy, aquí algo malo va a pasar’). Eso puede generar sospechas acerca de qué tanto se acerca a la historia original y qué tanto nos están maquillando la situación para hacernos sentir cositas. De hecho, es muy poca la referencia a los hechos que le dan vueltas a la huelga de los mineros o a qué implicaciones tenía el gobierno de Thatcher (que lo pintan como una fuerza maligna que causa estragos a la población, pero no explican mucho por qué). Aun así, eso, dependiendo de lo que uno espere con la película, no es necesariamente malo; si hay interés por el tema siempre se puede averiguar por otras partes. Tampoco podemos pretender que la película nos de una clase de historia completa.

En general, está muy recomendada para el que cree en la solidaridad, aún más para el que no y también para quien tenga rastros de homofobia o minerofobia.

Pride

7.2

Calificación

7.2/10

Por qué Sí

  • Porque es una película que levanta el ánimo y que devuelve (si es que se había ido) la esperanza por la humanidad. Porque habla de solidaridad, y eso siempre vale la pena.

Por qué No

  • Porque a veces parece artificial, como una historia demasiado controlada para despertar emociones, como si trataran de exprimir hasta la última lágrima, y uno puede sentirse engañado con el positivismo exacerbado.

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