Si no has leído la primera parte, la encuentras aquí, y la parte 2 aquí.
Dibujo Habitable — Lina Espinosa

Flora ars+natura

Calle 77 # 20C-48

Para esta exposición cabe perfecto el dicho de que el que mucho abarca poco aprieta. Justo al entrar a la sala el texto curatorial nos promete cosas como la mezcla entre arte y ciencia, la analogía metafórica entre los ecosistemas microscópicos y las sociedades humanas y una reflexión sobre tensiones “económicas, sociales y políticas”. Casi nada. Lo que se muestra después no soporta esas promesas. Para lo que anuncia, la exposición es muy tímida; Espinosa se fue por lo menos arriesgado dentro de la enorme cantidad de posibilidades que pueden surgir de utilizar herramientas científicas para producir arte.

La exposición está compuesta por fotos de gotas de agua tomadas con microscopio, donde se ven organismos de formas extrañas; una pecera con una escultura de musgo en espiral en donde viven unos animalitos parecidos a los sea monkeys y una mesita que simula la investigación de la artista, con libretas, fotos y otros objetos. Así como cuando en las películas de detectives vemos un corcho con pistas pegadas, así es la mesita. Sin embargo, como en las películas, solo el detective entiende las pistas y hace falta más información sobre la experimentación y el proceso que llevó a la artista a hacer lo que hizo.

La verdad, las fotos no son mejores que las que tomaría un fotógrafo de ciencia, de las que podemos encontrar en una revista tipo National Geographic en un supermercado; por supuesto sin tanto bombo y carreta artística. Para peor, las fotos están acompañadas de títulos melosos o caricaturescos que reducen la interpretación a ideas simplonas. Por ejemplo hay una foto que se llama “pulga cósmica” que me impidió pensar en tensiones ambientales, económicas o políticas y más bien me trajo a la mente a la hormiga atómica. A veces es mejor simplemente no titular.

Otro punto menos, la exposición se pudo realizar en cualquier espacio de exposición porque es un montaje convencional y hasta aburrido. Las fotos están colgadas en las paredes, una tras otra, la pecera en el centro y la mesita en una esquina. ¿Una recreación perfecta del ecosistema de laboratorio estéril del arte?

Un chisme: uno de los guías me dijo que la artista no quería que las personas tomaran fotos, supuestamente para que la experiencia de la exposición no estuviera mediada. Lo curioso es que la exposición es una muestra de fotos microscópicas de bichos, así que ya está mediada por la fotografía y por el microscopio—y no volvamos a los títulos y al guía—. Tal vez era un recelo de derechos de autor camuflado de preocupación artística, quién sabe. El caso es que es de muy mal gusto que a uno le digan cómo tiene que acercarse a la exposición.

Dibujo Habitable Lina Espinosa

Ornitología Bolivariana — Alberto Baraya

Museo Quinta de Bolívar

Calle 20 No. 2 – 91 este

En esta también hay ciencia, pero poco abarca y mucho aprieta. La estrategia que usó Baraya es una simple pero fructífera: tomó montones de aves disecadas de museos de biología y las puso en las salas del museo que recrean la vida cotidiana de Simón Bolívar. En algunas partes hay aves amontonadas, regadas por el suelo, en otras partes hay aves posudas ubicadas en lugares especiales, escogidos con cuidado. La gracia de la muestra de Baraya es el juego metafórico que consiste en comparar a los seres humanos con otros animales, en este caso con pájaros. ¿Qué pensamos cuando decimos que alguien es un cuervo, un loro, una blanca paloma, un ave rapaz o una de carroña? ¿Qué impresión nos dejaría ver un cóndor grandote y con las alas abiertas encima de la cama del Libertador o a Manuelita Saenz vigilada por halcones?

La obra encaja muy bien con el lugar, porque de hecho se disuelve en él. Dos puntos de vista aparentemente disímiles, la historia social y las ciencias naturales, en realidad tienen mucho en común. Ambas se consolidan en el museo lleno de bolitas de alcanfor, con poses “naturales”, disecadas y categorizadas. El ambiente artificioso de la vida como supuestamente la vivió Bolívar es similar a la taxidermia en la que se ponen los cuerpos de animales muertos a posar como si estuvieran en su hábitat.

Un chisme: el 10 de octubre, debido a la visita de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, a alguien de la cancillería le pareció inapropiada la exposición de Baraya y así sin más la desmontaron temporalmente de las salas de la Quinta de Bolívar. Bien por el artista, porque su obra tiene un impacto real y la metáfora es eficaz, mal por los que la quitaron, que si fueran pájaros serían gallinas.

 Alberto Baraya Ornitología Bolivariana

Hacia un lugar común – Juan Mejía

MAMBO, Museo de arte moderno de Bogotá

Calle 24 No. 6 – 00

El ganador para el final. Como el título da la pista, lo que Mejía intentó hacer fue sacarle todo el jugo posible a un lugar común: el naufragio; más precisamente el naufragio del arte moderno y sus instituciones. O sea, es una de esas obras de arte sobre arte. Para darle vueltas a ese lugar común, para agotarlo, Mejía utilizó varias estrategias: una muestra de pinturas medio empalagosas de barcos hundiéndose hechas por el artista, una colección de obras de otros artistas con relación al mar, a las embarcaciones y a los naufragios, una colección de chucherías de mercados de pulgas y un video en el que el propio artista canta canciones viejas en inglés. Mejor dicho, todo el rango desde la representación literal del naufragio hasta la idea metafórica de cómo las cosas van perdiendo el brillo —o el flote— y terminan por hundirse. Por supuesto no es coincidencia que la exposición esté precisamente en el naufragado Museo de arte moderno de Bogotá, donde viven empolvadas las viejas glorias del arte colombiano del siglo pasado y, como se quejan algunas personas, también funcionarios que echaron raíces en la institución y produjeron su hundimiento, entre esos, precisamente, una vieja Gloria. Tampoco es coincidencia que justo al lado del museo se realice los domingos el mercado de las pulgas de San Alejo, donde se regatean las otras viejas glorias de la vida cotidiana de las personas en la modernidad.

Tristemente, el museo no se ayuda para defenderse de la crítica de Mejía. Justo de camino a la exposición ganadora hay una muestra propia del MAMBO llamada “Diálogos con la colección”, que básicamente es un intento desesperado por hacer que artistas contemporáneos hagan obras en relación con obras de arte moderno del museo. Es desesperado porque es forzoso: toda la exposición se ve como obligada, tratando de recuperar la vigencia del museo, y parece que los artistas contemporáneos usaron el espacio para promocionar su propio trabajo y no tanto para el diálogo con la colección.

Algo raro es que la obra de Mejía funciona por acumulación, las obras de naufragios no están ahí para que uno las mire sino para demostrar un punto, igual pasa con todas las cosas de la muestra. ¿Pinturas para ver? No seamos tan modernos; pinturas para tergiversar, para citar, para plantar conceptos, eso sí es lo posmoderno. Al final de cuentas, Hacia un lugar común termina siendo una puya muy elaborada al museo. Y, pues sí, es una buena puya.

Nota práctica: en el museo cobran la entrada, hay descuento para estudiantes con carnet.

Hacia un lugar común Juan Mejía

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