Imagen tomada de pornomotora.com

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La sensación siempre era la misma, o muy parecida…los sintetizadores estallaban, las guitarras y la batería derribaban todo a su paso, la voz, inconfundible, rasgaba el aire; nada más importaba ni otra cosa quedaba sino la música, sincera, desgarradora y agresiva. Un sentimiento de comunión y catársis colectiva…Eso, ineludiblemente, era Pornomotora.

Christian de la Espriella, líder de la agrupación, y sus secuaces (que fueron varios a lo largo de los años) siempre supieron, tanto en el escenario como en lo poco que se pudo escuchar de ellos en estudio (un buen EP y un álbum ya clásico, además de un par de covers y unos sencillos sueltos), cómo manejar al público y crear canciones violentas y atemporales, que suenan tan frescas como el primer día que las tocaron en vivo.

La noticia -el porqué hablamos de Pornomotora en El Parcero- es sencilla y directa. Según la página de facebook de la banda, “el concepto pornomotora estará trabajando desde México como proceso de internacionalización”. Lo que no se sabe, o de lo que hay poca información al respecto, son las razones que motivaron al grupo, tan imbricado con su ciudad natal como el Transmilenio y los huecos en las calles, a partir al norte hace algo más de un mes, más allá de la búsqueda de nuevos mercados y cambio de aires. Es cierto que llevaban años de una actividad más que intermitente; que los integrantes originales se fueron yendo y dieron paso a otros que a veces no duraban casi nada; que los conciertos escaseaban y que seguramente la banda fue perdiendo seguidores y espacio en la escena independiente de la ciudad a medida que la nueva música se esperó por tanto tiempo que un día seguramente nos cansamos de esperar. Y es que desde ese lejano 2005 en que Pornomotora revolvió los cimientos de la música alternativa colombiana –todavía parece increíble haber presenciado un debut de una banda colombiana tan contundente, tan brutal y tan firme en sus intenciones– algo que quizá no había pasado desde el disco homónimo de Ultrágeno, en 1998.

Y ahí estalló: vinieron años muy felices, de múltiples presentaciones en Rock al Parque (de hecho, su primera presentación fue en el festival y de ahí siguieron haciéndolo por lo menos unas diez o doce veces más), de conciertos en diversos escenarios del país, las nominaciones a premios MTV, giras por algunos países suramericanos y, lo más importante, de la creación y afianzamiento de una base de fans fieles y firmes hasta la muerte –casi literal– de la banda. Y de repente o quizá paulatinamente, se fueron perdiendo, escondiéndose entre la maraña gigante de pequeños y nuevos grupos que todos los días quieren hacer música.

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¿Qué hacía de Pornomotora una banda tan especial? Por trillado que suene, siempre fue una de las bandas que más ‘bogotana’ y ‘urbana’ se sintió, como sus mismos integrantes lo decían una y otra vez. Esa presencia en la ciudad, la sensación de que Pornomotora creció y cambió con Bogotá así como la ciudad lo hizo con la banda siempre fue uno de sus puntos importantes. Desde esas primeras presentaciones, en las que la banda nació como una iniciativa de las Escuelas de Rock y Rap creadas por el distrito por allá a finales de la década de los 90, y que además de Pornomotora dio vida, entre otros, a Sha-I, una legendaria banda de funk y metal que hacía pensar en Red Hot Chilli Peppers, Rage Against The Machine o Los Tetas de Chile, y de la qué sabrá-dios (o los dioses) en qué andarán sus integrantes hoy en día.

Pero recordemos un poco que es lo que, al menos por un tiempo nos perderemos. La primera vez que este servidor escuchó a Pornomotora habrá sido por allá en el lejano 2004, cuando Mucha Música era todavía el canal más amplio y directo por el cuál las bandas nacionales se hacían promoción e intentaban llegar al público. Por raro que parezca pensarlo, eran tiempos donde todavía no había Facebook, Soundcloud o Bandcamp; Radiónica y otras emisoras nacionales apenas estaban renaciendo; y el único festival de gran alcance era Rock al Parque. La labor del programa que todas las tardes pasaban por CityTV era, pues, clave. Y en una de esas, el presentador de esa época mostró a cuatro tipos flacos, con cara entre desafiante y nerviosa, montados en la terraza de la Avenida Jiménez haciendo un ruido punkero y electrónico, dificilísimo de encasillar pero que no tenía pierde. ¿A qué sonaba Pornomotora? Mucho se habló de sus influencias, incluso nombradas por ellos mismos: el punk y el hardcore de corte ochentero, el llamado rock industrial y electrónico (Nine Inch Nails, Marilyn Manson), los Chemical Brothers, Placebo y bandas nacionales como la propia Ultrágeno, La Pestilencia o 1280 Almas.

Por encima de todo eso, la potencia, la pulcritud en los arreglos en medio de la suciedad misma de la música, la inteligencia en el uso de las bases electrónicas, las letras, tan interesantes como misteriosas y cargadas de interrogantes sobre la calle, la lluvia, y el andar incesante por ahí, sin rumbo.
Como hablar de música es tan difícil y muchas veces no se logra decir lo que se quiere, lo mejor que se puede hacer es que las canciones hablen por sí mismas. Tanto para los que alguna vez los escucharon y sintieron el mantra en vivo, como para los que se acercan por primera vez, recomendado.

Aquí cinco canciones de distintas épocas para darse una idea de la evolución y el cambio por el que pasó Pornomotora desde 1999 hasta ahorita, cuando se fueron. Que vuelvan pronto, ojalá.

“Invitación” (de Invitación EP, 2004)

“Mantra” (de Pornomotora, 2005)

“Perro gozque” (de Pornomotora, 2005)

“Dispárame” (sencillo de 2008)

“Me sangran” (sencillo de 2013)

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