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L
a artista colombiana Johanna Calle hace poco tuvo una exposición retrospectiva en el museo de la biblioteca Luis Ángel Arango: «Silentes 1985-2015». Fue una exposición blanca, cositera, de gestos mínimos, de líneas delgadas. Fue una exposición sin extravagancias, como diría la propia Calle, quien se destaca por hacer parte de la tradición del dibujo expandido, que consiste en salirse de los formatos y las estrategias convencionales del dibujo —digamos, el papel y el lápiz— y utilizar otros métodos y materiales que podrían verse también como dibujos, si uno lo piensa con cuidado. Calle hace dibujos cosiendo, con las tipografías de máquinas de escribir, con caligrafía que forma caminitos en el papel, con angeo(una malla que se usa para hacer corrales), con agujas, y hasta pisa unas jaulas de pájaros —sin pájaros adentro, claro— y quedan planas, como un dibujo escultórico. Hasta ahí todo bien, en verdad Calle hace un buen trabajo alejándose de la extravagancia que tanto le incomoda y dándole forma a un estilo propio muy reconocible. Pero si así es como dibuja Johanna Calle, ¿qué es lo que dibuja? El texto introductorio de la exposición nos cuenta: “Los temas de trabajo de Johanna Calle surgen de la realidad latinoamericana, en la que la artista, movida por la curiosidad y la compasión, encuentra las cuestiones en que desea ahondar: la fragilidad de los niños en medio de los conflictos que asolan a Colombia, el crecimiento incontrolado de los asentamientos urbanos, la indefensión de los campesinos desplazados, los atentados medioambientales en un país con una de las biodiversidades más ricas del planeta, la pérdida de la riqueza lingüística, y tantas otras”. De verdad, tantas otras, demasiadas como para ahondar.

Agarra las cosas que observa y las pisa como las jaulas para que se vuelvan un dibujo, un Johanna Calle. Digo que son curiosidades no por que sean situaciones irrelevantes o poco importantes, que no lo son, sino porque son tratadas con ligereza —solo hay señalamientos pero no comentarios duraderos o realmente bien informados— y porque el efecto que le pone Calle se traga la atención, así como cuando uno pone un filtro de Instagram en una foto y la vuelve bella a punta de saturación y contraste. Por ejemplo, Calle usa fotos de niños bajo el cuidado del Bienestar Familiar publicadas en prensa, y en unos bastidores cose de forma muy esquemática las caras de esos niños, imitando el formato del periódico, pero añadiendo el toque Calle: simplificado y con unas esquinas de angeo por aquí o por allá para que se vea más bonito, para que las esquinas no se vean como tan vacías, engolosinada con la composición. Le pone su toque como si coleccionara el asunto, como si lo volviera propio, la mera Calle.

La curiosidad no es reprochable, pero tampoco tiene mayor mérito así solita, todos podemos coleccionar y encontrar cosas que nos parecen curiosas, y de hecho lo hacemos. Aunque suene odioso, y esa no es mi intención, la manera en la que Johanna Calle trata los temas que usa es igual a la de una persona que usa Facebook y comparte cosas en su muro. Miren lo que me encontré, y le ponemos me gusta, y queda para siempre grabado en nuestra biografía virtual. Calle, por ejemplo, no es la primera en señalar la riqueza lingüística colombiana y no es la que lo ha hecho de la manera más informada. En una de sus obras, utilizando tipografías de máquina de escribir, representa las maneras en las que varias comunidades indígenas pronuncian en sus lenguas el concepto de lluvia. Justo al lado, en la ficha técnica de la exposición retrospectiva, aparecían unas generalizaciones del tipo: como los indígenas son todos naturales para ellos es muy importante la lluvia y esas cosas de la pachamama, y unas reflexiones básicas sobre el lenguaje que harían abochornar a un lingüista o a un antropólogo. Eso sí, la composición estaba perfectamente lograda, y Johanna Calle demostraba una paciencia extraordinaria a la hora de dibujar; lástima que no a la hora de investigar.

Un artista que colecciona curiosidades es un tipo especial de coleccionista porque es una mezcla de diva y de salvador. Podríamos decir que parasita lo que observa porque lo utiliza para darse más fuerza y lo abandona cuando ya no le sirve tanto. Los temas de Johanna Calle tienen que ver con la indefensión: de la lengua, del campesino, del indígena, de los niños, del ambiente, de varias cosas indefensas. ¿Y quién los defiende de que Johanna Calle los convierta en obras? Cuando visité la exposición de Johanna Calle quedé a medias; me pareció que era una exposición sobre el ojo redentor del artista pero no sobre lo que defendía, me pareció que había un tono condescendiente y desinteresado y que la estetización dominaba el tema. Que el tema era solo una excusa para tener tema.

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