ocho apellidos vascos

Director: Emilio Martínez-Lázaro

País: España

Duración: 98 mins.

Estreno en Colombia: agosto de 2014

El chiste interno no lo entendemos porque es español (y ojo, que no queremos herir sensibilidades independentistas). Esta inofensiva comedia romántica narra la historia de amor entre un Andaluz y una Vasca, personajes que pertenecen a dos regiones marcadas por profundos hechos históricos de los que ha surgido una cantidad infinita de prejuicios inter-regionales. Son estos prejuicios de los que se agarra la historia para sazonar un típico romance de cine con un largo chiste acerca de las preconcepciones sobre españoles andaluces y vascos.

Si como yo estaban dormidos cuando en el colegio les enseñaron Historia de España, imagínense algo así como una comedia romántica entre un costeño y una paisa, o entre un paisa y una rola, pero imagínense que entre esas dos regiones ha habido siglos de guerras y desacuerdos políticos y territoriales, y además de todo, una historia relativamente reciente de violencia, grupos independentistas y actos terroristas. Ya con una idea en la cabeza, la película narra la historia de Rafa (Dani Rovira), un sevillano hasta morir más bien lobito y con gomina en el pelo, y el encuentro que tiene con Amaia (Clara Lago), una alterna chica vasca que parece un pajarito. Por supuesto cada una de las partes es un estereotipo andante: el sevillano perezoso, de cachondeo y buena vida, y la vasca seca, malhumorada y explosiva; y cada uno odia a su contraparte regional. Así las cosas, el destino los cruza en una noche de copas en Sevilla, y cuando Rafa se despierta solo al día siguiente se da cuenta de que se ha enamorado y emprende un viaje a Argoita (una ciudad ficticia del País Vasco) para conquistar a Amaia y llevársela de vuelta a Andalucía. Las circunstancias de su rencuentro llevan a que Rafa tenga que hacerse pasar por vasco ante los ojos del violento padre de Amaia, y que junto con la chica tenga que llevar a cabo el teatro de un romance ficticio en el que ambos van cayendo lentamente y casi sin darse cuenta. Entonces, toda la pantomima del andaluz pretendiendo ser vasco es una excusa para hacer muchos chistes sobre vascos, andaluces, y la relación que existe entre vascos y españoles.

Digamos que si son nativos de España o conocedores de sus culturas, van a encontrar mucho volumen en los chistes internos de la película. Si no son ninguno de las dos, apenas van a coger algunos visos del humor y del color local que la cinta pinta. Se pueden entender algunas referencias obvias que podrían trasladarse a cualquier rivalidad inter-regional, y algunos chistes blandos sobre eventos conocidos, como en una conversación entre el compañero de piso y Rafa en referencia a Amaia:“No te la habrás traído a casa, ¿no? Esa tía está buscando piso piloto en Sevilla.” “¿No será piso franco?” “¡No hables de Franco que se enervan!”. Ésta y otras cosas sobre las tensiones independentistas vasco-españolas, el terrorismo, etc., las podemos entender o intuir, pero en la gran mayoría de los casos, como el humor sobre los acentos, la comida, las palabras y lo demás, se nos escapan a los colombianos por ser de dominio cultural absolutamente español.

Este recurso de usar el humor para tratar tensiones que probablemente nunca han sanado del todo es refrescante e ingenioso para la película. Pero si le quitamos esa cobija idiosincrática local, la narración termina mostrando un cuerpo soso e inverosímil sobre una historia de amor trajinada y poco convincente. De entrada sabemos que va a ser una comedia romántica sin pretensiones de grandilocuencia, pero a lo que terminamos asistiendo no es a una película mala de esas que son muy buenas, sino a una película mala que a fin de cuentas ni fu ni fa. Y como somos colombianos y no españoles, esto no es suficiente para que la película convenza a públicos no ibéricos. Por lo demás, se rescata la actuación del comediante Dani Rovira en el papel de Rafa (y Antxón) y cierta química que logra con Clara Lago en el papel de Amaia. También tienen algo de gracia el personaje del padre de ésta, un marinero que se parece físicamente y en actitud al capitán Haddock (el de Tintín), y algunas canciones de la banda sonora que son en español y en euskera. Y si como yo no entienden ni papa de historia española o de idioma euskera: ¡Agur!, pues.

Por qué Sí Ocho apellidos vascos: Porque quieren ir a cine a ver una comedia romántica ligera e inofensiva, que los haga reír de buena gana en dos o tres ocasiones. Porque pueden vivir sin entender la infinidad de chistes internos. Por una actuación decente de Dani Rovira y por la canción “Sevilla tiene un color especial”, que es bien linda.

Por qué No Ocho apellidos vascos: Porque el exceso de color local la vuelve algo inentendible para los no españoles. Porque sin poder entender los chistes internos la película es una historia trillada sin mucho en especial, una comedia romántica blandengue más mala que buena, y porque el alboroto que hubo en España cuando salió nos hizo esperar erróneamente una película mucho mejor.

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