Obvia plástica 20 destacada Sergio Rodríguez Crítica de arte

D
eprisa como el viento van pasando los días y las noches de la infancia, y ya van dos años largos desde que El Parcero publicó sus primeras reseñas, notas, entrevistas y columnas. Desde ese momento hasta el día de hoy nuestra forma de entender la crítica cultural ha cambiado, se ha hecho más parceril, más propia, más particular y más consciente de los ángulos y texturas que tiene escribir y opinar. Además, de ese tiempo para acá, hemos recibido todo tipo de comentarios de nuestros lectores acerca de los contenidos que publicamos, comentarios que recorren todo el rango del amor y el odio: nos han dicho estúpidos y superfluos y nos han llamado el mejor portal de crítica cultural colombiano; nos han felicitado por hacer crítica accesible y nos han llamado arribistas; han hablado bien de nosotros en otros medios y se han tomado el trabajo de escribirnos refutaciones larguísimas; nos han plagiado; nos han puesto manito de like y nos han puesto emoticón de carita triste. Por eso, en esta Obvia plástica, vale la pena pensar esas reacciones dispares que producimos en nuestro público y hacer una crítica a la crítica a la crítica.

Umberto Eco decía que ahora cualquier idiota puede ser crítico en redes sociales, y mucha gente le dio manito de like cuando lo dijo, como si decir eso fuera una genialidad y como si uno se salvara de la idiotez apoyando la idea. En realidad cualquier idiota ha podido ser crítico siempre, así como Umberto Eco, un ensayista, semiólogo y escritor admiradísimo por mí, ha podido ser idiota y también crítico, no es que uno siempre sea idiota sino que puede caer en la idiotez. Yo creo que el punto no está en el medio que uno use para hacer la crítica, sino en la manera en la que lo haga. Esa manera tiene que ver con la postura que uno asuma, que puede ser vista como una idiotez por otros que no estén de acuerdo, y con la habilidad que uno tenga para defender y darle fuerza a la postura, que puede ser una forma muy idiota o muy hábil. Tanto en el libro de tratados como en el muro de Facebook uno puede tener detractores que lo descalifiquen tratándolo de idiota o uno mismo puede proponer argumentos y formas que son idioteces. Digamos que en El Parcero nos ha pasado de las dos.

Hay unas posturas muy claras que tenemos los que participamos en la revista, que son nuestro norte y nuestro faro. Esas posturas las hemos pensado mucho y las defendemos: creemos que la cultura no tiene por qué ser tratada ni con densidad ni con frivolidad, creemos que es dañino para la cultura vestirla de misterio, de elitismo o de obligación y que se use para excluir o menospreciar a los demás, creemos que pertenecemos a una comunidad y que la cultura siempre tiene que pensarse frente a esa comunidad: los públicos, los mediadores, los creadores, los críticos. Puede que haya personas a las que no les guste que no tengamos una intención académica, por ejemplo, pero no la tenemos porque sabemos que eso no es lo que queremos. Esa es la postura que decidimos tomar y en la que creemos con firmeza. Por supuesto, si hay posturas es de esperar que también haya choques, y que frente a esos choques en vez de discusión se produzcan descalificaciones con prejuicios; es injusto, pero así es. Recuerdo que hace tiempo yo escribí un artículo sobre Calle 13, y me sorprendió mucho que alguien que lo leía lo iba comentando y despreciando en tiempo real en Facebook. También recuerdo que a un escritor de la revista lo descalificaron también en Facebook haciendo referencias a la universidad en la que estudió, un dato que no tenía nada que ver con lo que había escrito y que claramente era una estrategia vivaracha para quitarle legitimidad. Esos ataques duelen, porque se sienten injustos, como cuando a uno no lo dejan hablar o lo tratan con condescendencia. Pero yo creo que ese es el mundo público y que la mejor actitud es la perseverancia, así que supongo que eso es lo que seguiremos haciendo en El Parcero. Seguiremos siendo parceriles.

Por otro lado, también puede pasar que uno reciba una crítica porque realmente fue inepto, ineficaz, descuidado, no tuvo claridad propia o porque hay argumentos mejores que controvierten lo que uno piensa. Esos casos en los que uno la embarra y sabe que la embarró son más enriquecedores porque no hay defensa que valga. Aquí me disculpo por las embarradas que me han pasado y las que vendrán, por las cosas que he dicho sin creerlas realmente o por las veces que me he dejado llevar por la ligereza, esa ligereza que ya critiqué. A veces parece que las palabras se van yendo solas, que cogen carrera y es difícil alcanzarlas, pero es solamente el afán de decir cosas o el miedo a ceder frente a otras posiciones. En ese sentido los comentarios que nos han hecho nuestros lectores, los comentarios críticos y honestos, son valiosísimos. Si no fuera por esos comentarios valiosos no sabríamos que los libros a veces tienen hojas sobrantes porque se arman en cuadernillos en la imprenta, no habríamos conocido a la querida comunidad de booktubers que nos ha dado muy buenos consejos para nuestros videos, no habríamos participado nerviosos en discusiones sobre los problemas de vivir del arte, no habríamos entretejido conversaciones con críticos de cine que admiramos pero con los que a veces no concordamos; no habríamos aprendido tantas cosas.

A mí me gusta pensar la crítica cultural como una forma de interpretación, más que como una forma de proponer juicios de valor. Y es que son las interpretaciones las que mantienen con vida a las obras artísticas, una vida etérea, que no se asienta en ningún lado. Para que el sistema cultural tenga sentido, y para que la cultura no sea solo una palabra pesada que se usa para demostrar superioridad, son necesarias las interpretaciones. Imaginémoslas como esa antorcha que llevan los atletas olímpicos, y que la pasan de mano en mano, con mucho cuidado de que no se les apague; así quisiera yo que se trataran a las interpretaciones y, entre esas, a la crítica. Y también quisiera que los críticos fueran como esos atletas olímpicos, que tienen retos propios y posturas claras, y que también dan pasos en falso, pero que los observan para no seguirlos cometiendo o para aceptar su incompetencia, que no en todo se puede ser competente. Un minuto de silencio por los libros que no se leen, por las obras de arte que pasan por los ojos sin pena ni gloria, por las películas que no duran en cartelera ni en las bocas del público. Y gracias a las personas que se han tomado el trabajo de leer o ver lo que se publica en El Parcero y han mantenido con vida la interpretación. Y no olviden compartir, darle like, twittear, instagramear, snapchatear y comentar, así sea para criticar.

Obvia plástica 20 destacada Sergio Rodríguez Crítica de arte

 

 

Comentarios