DestacadoOp14

Ahora que hemos pasado de una saturación artística a principios de octubre, con ferias, premios y salones, a una saturación política a finales, con debates, pancartas y agua sucia, la cabeza se nubla y es más difícil ver las cosas con claridad, no por escasez sino por exceso. A fuerza vamos perdiendo algo que parece banal pero es muy importante: la atención. Eso, la atención, una capacidad mental de los seres humanos que define y limita la manera en la que le damos sentido al mundo.

Aunque pueda parecer extraño, existen personas que dentro de la disciplina de las ciencias cognitivas se dedican exclusivamente a estudiar la atención. De hecho es uno de los temas que más se estudia, se la toman muy en serio. Entre otras cosas, esas personas dicen que hay dos condiciones que caracterizan a la atención: que ahorramos esfuerzo y que no podemos ponerle atención a todo (que tenemos la tendencia a disminuir la carga cognitiva y que la atención es ‘aspectualizada’ y selectiva, dirían con más precisión). Así como nos cansamos de hacer ejercicio nos cansamos de mirar, de pensar, de dar sentido; así no queramos no hay cabeza para tanta cosa. Además, aunque queramos, no podemos conocer por completo todos los aspectos de una cosa, solo unos cuantos. La perspectiva nos proyecta un horizonte en el que siempre hay elementos ocultos, eso es lo bonito de tener un punto de vista, siempre es precario, siempre hace falta más. No hay tiempo y no hay energía para todo, y eso aplica para el arte y para la política.

Ser un participante de la cultura no es un ejercicio pasivo, sino que por el contrario exige dedicación y disposición para investigar y aprender. Una exposición de arte es una ordenación de pistas que se conectan con referencias populares y cultas, con elementos biográficos de los artistas, con guiños históricos, con metáforas elaboradas, con conocimientos formales, con detalles escondidos; es todo menos un lugar donde el sentido se entrega fácilmente. En esa misma onda, que levante la mano el que se haya leído todos los programas de gobierno de los candidatos por los que ha votado y que además conozca sus trayectorias en detalle para saber qué tan confiables son. Qué ciudadano de a pie tendría una opinión informada y con buenos argumentos acerca de si el metro debería construirse bajo tierra o elevado, y de dónde sacó el tiempo para averiguarlo, y además de eso ¿sabe de políticas culturales y de reparación simbólica también? La democracia y el arte presuponen una atención ilusoria, pero hay muchas limitaciones.

Los espacios de exposición de hecho no son muy propicios para la atención, incluso parecen sitios que nos obligan a estar desatentos. A todos nos ha pasado que tenemos que esperar a que una persona termine de ver una obra para poder continuar con el recorrido, o en otras ocasiones, por el contrario, somos esa persona que sufre las miradas afanosas de quienes no se aguantan que uno se tome su tiempo para mirar los detalles de una obra, o para peinarse con el reflejo del enmarcado. La muy necesaria socialidad de las inauguraciones también juega en contra de la calma para interpretar; o cháchara o interpretación, pero difícil de las dos. Hasta los artistas se frustran por la falta de atención. Una vez uno me dijo: ‘un año haciendo esto y nadie dijo nada’. También dijo otras cosas pero no le paré bolas. 

Hay también casos extremos como las proyecciones de video en exposiciones. Es muy común que por afán, por presión social o por incomodidad las personas no vean por completo una obra de video arte. Es casi un despropósito poner un video largo en una muestra y esperar a que la gente se quede, porque el museo o la galería le respiran en la nuca y le susurran: circuleeee…

Además el arte compite con otras formas de ocio mucho más propicias para la atención. Por ejemplo ir al cine, donde todo está dispuesto para que uno esté dos horas viendo la proyección, o leer un libro, que se puede pausar y reanudar cuando es apropiado; por lo menos se puede dilatar la oportunidad. Qué me dicen de Vine, la plataforma de internet donde se publican videos de 6 segundos o Twitter con sus 140 caracteres. Una exposición de arte es más parecida a un supermercado abarrotado de cosas que buscan llamar la atención y está organizado para que uno no se acomode de a mucho, para que haya movimiento.

Y volvemos a la política. Puede que las instituciones estatales midan el impacto de los eventos culturales con estadísticas de asistencia, pero sin atención la asistencia es insignificante. El afán administrativo por demostrar resultados es contrario a los tiempos de la interpretación y la asimilación de la cultura. La atención es el primer paso para la participación: si se fijaron, al principio de este texto dije que la atención es selectiva, tendemos a fijarnos en lo que puede ser relevante para nosotros, lo que, y aquí coge mucha fuerza la palabra, es significativo. Lo que es significativo lo tenemos presente para usarlo en nuestras vidas, es a lo que le damos importancia; la cultura es significativa cuando es relevante para nuestra experiencia y para eso no resulta suficiente levantar monumentos y repartir presupuestos irreflexivamente. Por eso no resulta tonto decir que quien tiene atención tiene poder, le damos parte de los recursos personales que son nuestra vida, unos recursos preciados. Y aun así nos dicen, una firmita de asistencia, que ya vamos a cerrar.

Al lector que haya llegado hasta acá le agradezco y le sugiero que coja oficio.

obvi plástica atención

Comentarios