OP13 Obvia Plastica sergio Rodriguez

Estoy en una librería, agarro un libro y leo la contraportada. Dice que el libro se trata de una escritora que está buscando publicar una novela, también dice que la novela que está escribiendo la escritora se trata de una escritora que está buscando publicar una novela. Agarro otro, se trata de un escritor que está escribiendo una novela. Hay un par de referencias a otros autores; unos grandes, obligados en la historia de la literatura. Dice además que ese libro es heredero de esos autores. Agarro otro, una escritora que está escribiendo una novela, ¿otra vez la misma cosa? Voy a una exposición de arte, hay unas pinturas borrosas, como si las hubiera pintado un miope sin gafas, pero se alcanza a entrever que están basadas en obras clásicas; de pronto Velázquez o algún otro así famoso, de libro gordo con letras doradas. En otra exposición hay unos dibujos que en realidad son textos enmarcados, tienen frases que hacen referencia a ser artista. Las frases están escritas en inglés aunque las hizo un artista colombiano, de pronto para darle un toque internacional. Otra exposición, obras que están basadas en otras obras que están basadas en otras obras. Por todas partes artistas hablando de ser artistas, de otros artistas o de la historia del arte. Por todas partes autorreferencialidad.

Joseph Kosuth, el pionero del arte conceptual, alguna vez dijo que el arte se trata del arte. Esa afirmación puede tomarse bien o mal: como el reconocimiento de un oficio complejo que tiene suficiente campo como para pensarse a sí mismo o como una afirmación presumida que excluye y aleja, que pretende decir que el arte es de alguna manera autosuficiente. Parece que Kosuth se refería a lo segundo, embarrada. Arte y vida, se apunta a veces, como queriendo decir que son cosas separadas, el arte es vida, se apunta en otras, porque son la misma cosa.

Pensemos bonito. Pensemos que un artista es como un deportista de alto rendimiento, un atleta olímpico. Todos podemos correr pero hay gente que se dedica a correr, todos podemos ser creativos pero hay gente que se dedica a ser creativa. Así como el corredor gana consciencia de su cuerpo y de los detalles minúsculos de correr —de las fuerzas, de las posiciones, de los movimientos— un artista gana consciencia de los detalles minúsculos de hacer arte, sea el que sea su arte. Se enfoca en un acto y así las cosas ganan más resolución; más profundidad, como hemos aprendido a decir tan apropiadamente. Porque una cosa es recorrer mucha superficie de un terreno y otra conocer muy bien un pedacito de terreno, conocerlo a profundidad, vivirlo. Así es inevitable la autorreferencialidad, si la vida cobra más sentido entre más profundidad, con la atención puesta en algo particular. Por correr así y no asá, por crear así y no asá. En casos de esos el arte es vida, y con tanta vida lo difícil es desempaquetar la experiencia para que un espectador recorra el camino, para que camine por los antecedentes, por las influencias, por los pensamientos, por los detalles y entre en la profundidad. Que vea que la obra es una parte de una existencia, una forma de compartir esa existencia.

Una amiga tiene una forma muy particular de medir la calidad de una exposición de arte: dependiendo del nivel de pena ajena que le produzcan las obras decide qué tan mala es. Yo, para contrarrestar ese termómetro pesimista, tengo mi propia forma: si me dan ganas de pintar aun sin ser pintor, de esculpir sin ser escultor, de escribir sin ser escritor, de instalar sin ser instalador, de envidear sin ser videador, de empelotarme sin ser performero, entonces la exposición es muy buena, porque dan ganas de experimentar el camino, así sea imaginándolo. ‘Yo quiero vivir esa vida’, seguramente eso piensan algunos escritores que tienen personajes escritores o algunos artistas que hacen arte sobre arte.

Ahora pensemos feo. Hay otra autorreferencialidad, una que me parece más tramposa, una ventajosa y anecdótica. Una que no sumerge al espectador en la profundidad sino que espera una complicidad cerrada entre los que ya conocen, que busca la pertenencia a un grupo sin esfuerzo, una entrada a un club. Es una autorreferencialidad perezosa que no hay que desempaquetar porque está revelada toda para el que entiende, no produce la curiosidad de otra experiencia sino que confirma lo que ya se sabe. A veces es un chiste interno que se agota pronto y a veces es un nombre dicho con tonillo de importancia. Hay obras que están enmarcadas y colgadas pero que da lo mismo mencionarlas y ya, porque son ocurrencias ingeniosas pero de superficie.

Mejor contradigamos al aburrido de Joseph Kosuth y a todos los que hacen su tipo de arte, que fría y ligera no queremos esa vida.

OP13 Obvia Plastica 13 Sergio Rodríguez Arte Colombia

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