Narices Rojas

Imagen cortesía de Sebastián Payán

Dirección: Héctor Bayona
Fecha de presentación: 31 de marzo, 1 y 2 de abril
Lugar: Teatro Libre centro
Grupo: Grupo de Teatro de la Universidad de los Andes
Duración:
90 min. aprox.
Valor de la boleta: 10.000

Impresiones pre factum: folletos y sonrisas detrás de la gripe

La semana pasada, en el Teatro Libre (sede Candelaria), el grupo de teatro de la Universidad de los Andes presentó el primer acto de “Narices rojas”: Génesis y Gloria, del escritor inglés Peter Barnes. Alrededor de un nuevo culto hacia la risa, surgido tras el florecimiento de la peste negra en Francia, el Teatro Libre se llenó de payasos, malabaristas, curas apócrifos y otros seres arropados en nuevas fragancias pestilentes. Las boletas para las tres funciones (31 de marzo, 1 y 2 de abril) se acabaron en menos de un mes desde su preventa durante todo marzo. Tras haber conseguido mi boleta y arañando con un poco de expectativa nerviosa los asientos de los salones durante el día 31, conversé un poco con Sebastián Payán, estudiante de Literatura de Los Andes y persona encarnada en la faceta de Le Grue en “Narices rojas”.

En esta primera parte del cubrimiento de “Narices rojas”, les propongo la lectura de estos comentarios que Sebastián me brindó respecto a la vivencia de su proceso actoral:

ML: ¿En qué consistió la preparación de la obra? ¿Qué tal la vivencia?

SP: La obra la hemos estado trabajando desde hace 2 años y medio. Ha sido un trabajo constante de todas las semanas [sin parar]. Esa constancia ha hecho que el grupo se vuelva como una familia con la que convivimos día a día. Nos odiamos y nos amamos.

(Frente a la pantalla del computador, río con dulzura).

ML: La obra tiene música, humor cínico y crítico, malabares… En fin, ¿qué elemento con respecto al conjunto de la obra te pareció más complicado de aplicar en tu personaje?

SP: El humor. Es más difícil hacer comedia que drama. El elemento más difícil fue aceptar ese lado cómico, y aplicarlo en el personaje. El drama es fácil de hacer en cuanto a que el público se puede conmover con el sentimentalismo. Las reacciones a los sentimentalismos son generales, es muy difícil encontrar a alguien que no se conmueva, [por ejemplo], ante una pareja de enamorados o a un niño abrazando a su mamá. Son generalidades que se pueden usar en cualquier obra. En cambio el sentido del humor varía en cada persona, todos tienen un sentido de humor distinto, por eso es más difícil de hacer. No se pueden usar generalidades ya que podría pasar a ser algo absurdo.

ML: Estamos en Génesis. ¿Podemos esperar un buen Apocalipsis?

SP: El Apocalipsis será la culminación de un largo y hermoso camino.

ML: Las funciones se agotaron todas todas. ¡Felicidades! ¿Representa esto una presión para una próxima representación de la obra? Si es así, ¿esperarías saber enfrentarte a una audiencia en decepción?

SP: Es un impulso, es un empuje para que nos exijamos aún más, tenemos una responsabilidad con el público. Lo que más esperamos es ver un escenario lleno, un público que ya haya visto la obra y que nos exija un mejor espectáculo.

ML: Cuéntanos sobre alguna performance memorable que hayas tenido o que haya marcado tu experiencia teatral.

SP: La primera vez que me aplaudieron fue en octubre del año pasado. El salir y ver al público de pie aplaudiendo es una sensación única.

(Aplausos, aplausos, aplausos).

ML: ¿Por qué recomendarías ver “Narices rojas”?

SP: Porque es una obra que se sitúa históricamente en el pasado pero que nos ayuda a ver el presente con una vista crítica.

Con gripe, aberración al catolicismo y un par de cuadras montañosas que atravesar, un ganado de espectadores se dirigió a ver de qué se trata esta nueva peste, digo, “puesta”, del Teatro Libre. Entradas agotadas, “ver el presente con una vista crítica”… a sentarse, pues.

Presentación 31 de marzo de 2014

Presentación 31 de marzo de 2014

 

Impresiones post factum: cuando nos picaban los hocicos y las pústulas

Quizás algo lamentable de la presentación (y pobres los grupos numerosos de teatro que no siempre cuentan con la certidumbre de las tarimas que sostendrán sus pies) fue la relación diametral entre los actores y el escenario. Sí, así como suena. Supongo que todo actor necesita una circunferencia propicia para expresar su motricidad, y el Teatro Libre del Centro no pudo darles suficiente de eso, por lo menos no a la multitud total del Medioevo: un par de choques aquí y allá, tropezón uno, tropezón dos.

Ya habiéndose tropezado un ratito, uno puede pensar en cómo los mira el público. Puede referirse a su reacción para determinar cordialidad, hipocresía o deleite a través de ciertos tipos de aplausos o abucheos. Claro, determinar cordialidad por lanzamiento olímpico de vegetales no sería factible. Supongo. A menos que con ellos se haga una buena ensalada. (Silencio teatral…)

Convertir vegetales con aderezo ranch no fue una opción para la noche de “Narices rojas”: carcajadas constantes atravesaron las muecas de los actores, el ritmo de las canciones paródicas que interpretaban y el comportamiento lagomorfo de las prostitutas medievales al son de sus propios gemidos. Malabaristas ciegos, monjas libidinosas: el placer y la risa permearon por doquier, hasta que la audiencia decidió entonar las mismas marañas que los Narices rojas dedicaban al Todopoderoso. La escenografía, simple y con un uso crucial de superficies planas, logró la ambientación en un espectacular empleo del movimiento de sombras: de los que se aproximaban, los que se alejaban, los que eran iluminados por Dios, los faroles “flotantes” que denotaban presencias nocturnas. Los flotistas (seguidores del padre Flot, fundador de las Narices rojas) nos convencieron de que existe una manera más crítica de enfrentar el universo que la pústula de la queja. El único pus contagioso que recibimos como público aquella noche del 31 de marzo fue el de la alegría de fin de semana y de stand-up comedy­ tan impropia de los lunes de principio de mes.

Tras esta segunda parte de esta nota propongo que, luego del Génesis, se abogue por ver cómo termina el mundo en el segundo acto. A esperar y reír mientras tanto.

“Apocalípsis”, junto con “Génesis y gloria”, se presentará el 22 y 26 de abril en el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes. La entrada será libre pero deberá asistirse con inscripción previa. Haciendo clic aquí podrán encontrar la información más reciente del evento.

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