Master-of-None-Poster

E
l dicho es “Jack of all trades, master of none”, algo así como “peón en todos los oficios, maestro en ninguno”, equivalente a nuestro tristón pero más conciso “el que mucho abarca poco aprieta” y origen del intraducible nombre de la más reciente apuesta de Netflix, Master Of None. ¿Es un título irónico, modesto, o una descarada confesión?

Aziz Anzari (un comediante de stand up más reconocido por su papel en Parks and Recreation y co-creador de la serie junto a Alan Yang) encarna a Dev, un joven actor indio buscándose la vida en Nueva York. Lo acompañan su mejor amigo asiático, su confidente negra-lesbiana y su mascota, un bobo grandulón definido por el propio Anzari como la “cuota blanca” en un reparto que, para distanciarse del otro millar de historias de jóvenes adultos caucásicos deambulando por la gran manzana (¿Cuántos equipos de filmación le pueden caber a Manhattan?), se funda en la diversidad étnica y promete ser fuente de contrastes y perspectivas, la verdadera experiencia cosmopolita.

Sin embargo, la ilusión no tarda en disiparse: es una, y solo una voz la que domina toda la serie, la sensibilidad orgullosamente híspter y vivazmente frívola que abandera Dev (que su interlocutor de turno redobla con tal desenfado que podría confundirse con la recitación de un mal actor). En verdad se trata de un estilo humorístico cuidadosamente logrado, una apuesta en la que el ritmo enrarecido y las excentricidades gratuitas del diálogo se defienden ferozmente, aun a costa del realismo y la integridad de los personajes.

Con los capítulos más convencionales, donde priman las neurosis sociales típicas de un veinteañero, el resultado de este experimento es tremendamente frustrante: en Plan B y Hot Ticket la disposición impávidamente jovial con que Dev enfrenta sus problemas los hace doblemente triviales (aunque sea comedia, o precisamente porque es comedia, queremos ver un poco de sufrimiento; George Constanza dejó la piel tramando Vandelay Industries) y las dinámicas de cafetería donde sus amigos ofrecen soluciones son predecibles cuando dan en el blanco y dolorosamente largas cuando arrastran el tiempo muerto de un chiste que no funciona. Nashville y Mornings, en cambio, dan pie para que esa voz dominante se bata con un interlocutor igualmente artificioso pero robustecido con la presencia de una actriz tan carismática como Noël Wells en el papel de Rachel (la contraparte romántica de Dev). Tanto en la esforzada excentricidad de esa primera cita como en el orgánico compilado de mañanas que construyen la relación de Dev y Rachel se respira madurez, al menos una sana preocupación por alcanzarla a través de lo pueril y lo grotesco, inventando fantasmas en un cuarto de hotel para intimar como no pudieron en una noche de sexo casual, o estableciendo una política de sexo oral por ropa tirada en el suelo para dar estructura a su convivencia diaria. El triunfo de estos capítulos, hay que decirlo, es también la ausencia casi total del resto del reparto; sin un coro de voces que distraiga con sus chascarrillos ocasionales, se notan los esfuerzos por narrar una versión fresca y sesuda del tema más repisado en la historia de la televisión: la vida en pareja.

Sin embargo, Master Of None no sería más que un buen intento si no contara con dos verdaderas joyas: Indians On TV y Parents. Ansari y Yang, de ascendencia India y China respectivamente, han creado un estilo que merece reconocerse por encima de cualquier The Big Bang Theory o How I met your mother, pero cuando se lanzan a exorcizar la experiencias de las minorías en los Estados Unidos construyen una historia única y profundamente entretenida que supera las fronteras del “humor”; suman puntos la aparición estelar de los papás de Ansari, el cursillo rápido de crímenes de Ashton Kutcher y compañía contra la comunidad india y los flashbacks cinematográficos que le dan a la serie una sofisticación inesperada.

Queda esperar si este y otros ángulos dan para más y mejores sorpresas, sobre todo si se resuelve el grave problema de los personajes secundarios (las aventuras en solitario de Eric el grandulón fueron los puntos mas bajos de toda la temporada) y esta hija bastarda de Louie puede conservar su título como la comedia americana del momento. Si trasciende los clichés de la sitcom y se inmiscuye en temas relevantes con suficiente agudeza, sin perder el juvenil desconcierto de su protagonista y de su estilo (Ladies and Gentlemen y Old People son un buen comienzo), merecerá también la pretenciosa ambigüedad de su nombre.



Comentarios