Si no has leído la primera parte, la encuentras aquí.
En-Bola-Atados — Ana Isabel Diez

Museo Santa Clara

Carrera 8 No. 8 – 91

Esta exposición es el resultado de un trabajo comunitario que realizó la artista con mujeres víctimas de maltrato intrafamiliar. Les propuso un ejercicio en el que debían trozar una prenda propia, volverla un ovillo y anotarle un mensaje, una forma de catarsis frente a su experiencia de violencia. En la exposición se muestra un arrume de esos ovillos de ropa rasgada; una videoproyección de las manos de las mujeres participantes haciendo el ejercicio; unas pinturas camufladas entre las obras del museo —recordemos que el Santa Clara es un museo de arte colonial—; y un video que documenta el proceso.

Empezando con el título de la muestra, que es un juego de palabras demasiado evidente, a En-bola-atados le falta sutilidad. Parece que es una estrategia generalizada de la artista poner títulos por el estilo; por ejemplo tiene otra obra aparte que se llama Traje-día que, ¡sí, adivinaron! es un vestido y también hace referencia a la violencia intrafamiliar. Dice traje pero también tragedia, qué ingenio.

Del título en adelante todo lo demás es una muestra de aun menor sutilidad. La denuncia de la violencia intrafamiliar y la catarsis frente al abuso, que es una reflexión muy importante y que merece mucha atención, es tratada con poco tacto. Las bolas de tela hechas por las participantes están amontonadas en el suelo y parecen más una oferta de retazos de Facol que un ejercicio respetuoso frente al dolor y la injusticia. Incluso el formato para presentar los mensajes y las reflexiones de las participantes es desafortunado: parecen etiquetas de precio pegadas a los ovillos. El formato del ejercicio también es demasiado forzado, como si quisiera matar dos pájaros de un solo tiro innecesariamente: hacer la terapia y cumplir con una estética tradicional del mundo del arte. De hecho, en el texto curatorial se advierte, casi como disculpa, que “no es necesario sacrificar la estética en el altar del cambio social”. Para cerrar, en el video documental unas personas que no son las víctimas, más bien son amigos de la artista, hablan de lo bien que les fue a ‘ellas’ —las víctimas— y de lo mucho que les sirvió el ejercicio. Yo me pregunto, ¿no debería tener uno la oportunidad de al menos escoger su propia catarsis y de opinar sobre el ejercicio? Aquí parece que no.

Nota práctica: en el museo cobran la entrada, hay descuento para estudiantes con carnet.

Em-bola-atados Ana Isabel Diez

Phoenix — Ana María Rueda

Centro de memoria, paz y reconciliación

Carrera 22 #24-52

Phoenix es una exposición similar a En-bola-atados en el sentido en el que es el resultado de un taller colectivo, en este caso junto a personas en situación de desplazamiento. Sin embargo Phoenix es una apuesta mucho más inteligente que En-bola-atados. La exposición consiste en un mapeo de video sobre el techo altísimo del Centro de memoria: una proyección de un cielo estrellado y constelaciones de dibujos que fueron hechos por las personas participantes del taller y que representan sus propósitos de vida y sus motivaciones. La impresión que me dejó la exposición es que el edificio no tiene techo y que lo que se ve es el cielo real, donde las personas forjan sus propias constelaciones. Solo basta con mirar arriba para no perderse de las búsquedas de la vida. La exposición crea una atmósfera contemplativa y pacífica muy poderosa, y uno logra sentirse tranquilo y a gusto. Como que deja las condiciones propicias para la empatía y para resonar con lo que las personas que participaron en la obra quisieron mostrar. No hay condescendencia ni un trato infantilizado sino que, al contrario, con mucha potencia poética, dice que los sueños están en el cielo, donde uno los contempla hondos y expandidos, y no en el suelo envueltos y acurrucados.

Esta obra realmente no se podría realizar mejor en otro lugar, el edificio está casi mandado a hacer para cosas así.

Phoenix Ana María Rueda

El tejido de nuestra propia historia — Benjamín Jacanamijoy (no debe ser confundido con el otro artista Jacanamijoy, Carlos Jacanamijoy)

Fachada de la Torre Colpatria

Carrera 7 No. 24 – 89

Aprovechando el sistema de iluminación exterior de la Torre Colpatria, Jacanamijoy decidió mostrar representaciones de tejidos de las comunidades étnicas Inga, Nasa, Misak y Yanakona y frases cortas alusivas a las tradiciones de esas mismas culturas.

El mayor problema es que la obra es indiferenciable de otras cosas que se muestran en la iluminación de la Torre Colpatria en un día cualquiera, principalmente porque lo que Jacanamijoy decidió mostrar es simplemente ilustrativo. Vemos que la torre Colpatria dejó de mostrar la bandera de Colombia, animales o colores aleatorios para volverse una manilla gigante, pero en realidad no deja muy claro la importancia, la complejidad o la historia del pueblo Inga y sus tejidos. Un espectador desprevenido no se da cuenta.

La bajísima resolución del sistema de iluminación de la torre no permite hacer nada demasiado detallado, y la obra de Jacanamijoy termina siendo como una versión twitter de una obra artística, demasiada información relevante y solo se ponen una frase y unos patrones simplificados.

Bejamin Jacanamijoy Tejido Propia Historia

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