Los11portada

Autores: Miguel Jiménez, José Luis Jiménez y Andrés Cruz.

Editorial: Laguna Libros.

Publicación: Febrero 2014.

Precio: 25.000 pesos.

La primera vez que cogí Los Once entre las manos lo hice con desconfianza. Parecía demasiado bueno para ser verdad: un precio imbatible, una portada llamativa, un papel decente, un diseño y unos dibujos atractivos, una edición muy limpia en términos globales, y un contenido que bebía de una de las tradiciones paradigmáticas de la novela gráfica aplicado a una catástrofe nacional y a una reflexión sobre la Memoria Histórica.

Luego, cuando me llevé el libro a la casa, la desconfianza se convirtió en franco temor. ¿Iba a ser esta apuesta tan llamativa un cascarón vacío? ¿Iba a ser esto, como sucede a menudo, la apropiación de la Memoria como excusa para la publicación de un Arte mediocre? ¿Iba a ser una narración indelicada, grosera, irrespetuosa al pasado, camuflada en un formato novedoso?

Los Once es una novela gráfica escrita, dibujada y diseñada por los hermanos Jiménez y Andrés Cruz. Inicialmente fue publicada en formato digital como producto de un proceso de crowdfunding, y ahora la edición impresa acaba de salir fresca de los hornos de Laguna Libros. La historia muestra un único hilo discursivo que narra los hechos de la toma del Palacio de Justicia los días 6 y 7 de noviembre de 1985. Es una abuela que le narra la historia a su nieta, cuando ambas esperaban el retorno del Palacio del padre de ésta y el hijo de aquélla. Mientras la abuela y la nieta esperan, se muestra al padre junto a los otros diez civiles en un desesperado intento de aferrarse a la vida y salir del Palacio de justicia, mientras la toma del edificio por parte del M-19 y la retoma por parte de las Fuerzas Militares. Lo que le cuenta la abuela a la nieta cubre dos narraciones, la de la angustia de la espera de ellas mismas, y la del terror y el intento de escape de los once, todo en una especie de “voz en off” en la que la destinataria es la nieta, y a través de ella las nuevas generaciones y nosotros como lectores. Este acto de narración se presenta como un acto de memoria, una antorcha que necesita ser contada para mantener su llama viva. El relato empieza con una sentencia sobrecogedora: “Era miércoles”.

Naturalmente estos actos de memoria ya han sido realizados en el pasado, con resultados para lo estético tanto afortunados como desastrosos. La novedad de Los Once radica en la apropiación del tema por un formato gráfico: una aproximación visual y discursiva que abre nuevos campos tanto para las posibilidades de recontar una historia como para los posibles públicos que pueden recibirla. Los personajes de esta narración son ratones, mirlas y unas bestias cuadrúpedas aterradoras, que hacen respectivamente las veces de los civiles, los guerrilleros y los militares. Este es un diálogo con una tradición narrativa de la posguerra, específicamente con la novela gráfica Maus, de Art Spiegelman, que en 1992 ganó el Pulitzer por aproximarse narrativamente a un Holocausto histórico en el que los judíos se mostraban como ratones y los Nazis como gatos, lo que permite ver la Historia desde otros ángulos, con distancias útiles, así como mezclar una memoria dolorosa con las posibilidades infinitas de la fantasía.

Los Once bebe de esta tradición sin atragantarse, incorporándola en su narrativa pero sin perder un tono original que la hace sentir como propia y pertinente para narrar los hechos de la toma del Palacio. Los dibujos son atractivos y el ritmo de la lectura es cadencioso y constante, al punto obligar a leerla de un tirón con resultados satisfactorios. Los personajes se muestran emotivos y es fácil identificarse con sus sentimientos, sin llegar a ser cursis o desbordados. Pero lo más importante es que en términos generales es una historia bien narrada, contenida en sí misma, mostrada con sutileza pero sin dejar de ser suficientemente sugerente. Es una apropiación de la Memoria que no es irrespetuosa con la Memoria misma, ni con el envoltorio estético en el que se muestra.

Al final, y sobrepasados la desconfianza y el miedo iniciales, lo que me quedó de la lectura de Los Once fue una satisfacción por la lectura de un trabajo bien hecho: bien propuesto, hecho con dedicación y delicadeza, y bien presentado. Esta novela gráfica deja una reflexión sobre La Memoria: que no basta recordarla para que siga viva, sino que es necesario hacerlo desde diferentes ópticas, desde diferentes estéticas, para que sea recibida y perpetuada por las nuevas generaciones.

Y esto es lo que hacen los autores y Laguna Libros con la publicación de esta novela gráfica. Con suerte Los Once contribuya a que el género, tan incipiente todavía en Colombia, sea tomado cada vez más como una propuesta seria, que aplica para un rango de narrativas desde las más puramente estéticas hasta las más comprometidas con la narración histórica; o en algunos casos, como éste, de ambas.

Por qué sí Los Once: Por su precio excelente, y por la calidad de su escritura, su representación visual y su edición.

Por qué no Los Once: Porque la memoria debe ser una elección, así como el olvido. Y recordar puede ser un placer estético, pero también un proceso profundamente doloroso.

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