los años queman destacada 2

Título: Los años queman
Autor: Jaime Arracó Montiliu
Editorial: Rey Naranjo editores
Año de publicación: 2016
Precio: 36.000 COP

L
os años queman es cabalmente una “novela de formación”. Un género cenagoso —también llamado “Coming of age novel” y “Bildungsroman”— que a la vez que es difícil de encasillar también es muy fácil de reconocer, porque como narrativa a menudo está hecha de clichés sobre la adolescencia y el paso incierto a la adultez, como también la adolescencia en la vida real está hecha de clichés. Muchas novelas de formación son tan parecidas unas a otras que, como uno ya sabe más o menos de qué van a tratar, su disfrute no se trata del descubrimiento de una trama nueva sino de ver qué tan bien contada está la misma historia en cada novela distinta. Los años queman no toma riesgos para escapar de la plantilla relativamente preconcebida de la Novela de formación, pero sí la narra bien, de manera convincente, estructurada y emocionante.

Alberto es un chico español de 15 años que ha llegado con sus padres a vivir a Florencia, Italia. Es un niño de clase acomodada que se codea con la crème de la crème florentina de los colegios religiosos, de las fiestas y familias exclusivas, en una ciudad a la vez histórica y hermosa, a la vez conservadora y a la vez libertina. Entre angustias existenciales, timideces predecibles, preguntas sin respuestas, drogas, fiestas, amigos, amores pubescentes y fútbol, Alberto contará, desde algún lugar de su adultez, un momento de su juventud entre la infancia y la madurez, y un lugar y no un momento —la Florencia de los años 90— en que inició su adolescencia y se mantuvo suspendida.

Todo eso es terriblemente clichesudo. Y así mismo es la novela. Alberto como uno de esos chicos pomposos de novela que se siente diferente, como todos los demás chicos de su edad, atrapado en un torbellino de desasosiegos existenciales, de preguntas románticas por su futuro, de desencuentros con sus padres y con las figuras adultas de autoridad. Hay Baudelaire y un montón de alusiones a más clichés poéticos adolescentes, y hay Radiohead, Smashing Pumpkins y otro puñado de clichés noventeros que no sorprende encontrar, pero que al mismo tiempo agrada. Hay amores incómodos y llenos de preguntas, hay amigos entrañables, hay machismo juvenil y cierto homoerotismo latente.

Esta novela no hace nada que no se haya hecho antes, no aporta nada nuevo al género ni lo revoluciona, pero lo que hace lo hace muy bien. Y eso no es decir poco. Es como esas películas animadas que cuentan siempre la misma historia, pero que vamos al cine a ver porque nos gusta que nos cuenten siempre la misma historia. Eso sí, hace falta que nos la cuenten bien contada. Y eso hace Los años queman. Desde su título contundente y atractivo, pasando por un protagonista muy bien esculpido en un contorno luminoso, bien pintado y atento a los detalles, hasta los personajes que como planetas giran alrededor de él: sus amigos excéntricos, sus amadas vaporosas, su familia ausente, su sociedad contradictoria y su ciudad vibrante. Todo es justo en su medida y bien pensado. Y todo se narra en un tono cómplice, que permite al lector identificarse emocionalmente con la historia.

Una falla sí tiene el libro y es que el ritmo puede volverse tedioso porque privilegia la reflexión desbordada, los flujos de consciencia del personaje, por encima de la acción de la historia. O sea está el personaje accidentalmente dejando inconsciente a una monja del colegio de un guamazo en la cabeza, y se pone a filosofar sobre la vida y los padres y la existencia en este mundo que da vueltas y vueltas. Y eso es bacano, pero lo hace tanto y tan exageradamente que uno se aburre por momentos. Como que tiene un ansia el libro parecida a la de su personaje, la de desbordarse, el afán por ser trascendente, por promulgar unas máximas a manera de aforismos que muchas veces suenan muy bonitas y poéticas, pero que tantas otras veces se vuelven cursis y visiblemente innecesarias.

De resto el libro cumple con lo que promete: hay humor por ahí escondido y hay tristeza en los rincones y hay belleza también desperdigada. Y hay unas cuantas erratas tipográficas que se les escaparon a los editores, pero que no son tantas para distraerse ni para crucificarlos. Mención aparte merece la edición impecable en tapa dura, con una portada suficientemente sugerente sin dejar de ser sutil, con unas guardas muy elegantes, una caja de texto bien pensada y una foto a dos páginas del autor en blanco y negro, que me pareció una pequeña genialidad editorial.

Dice en la portada del libro que “Jaime Arracó ha escrito la novela de la adolescencia eterna”. Ésa es una sentencia tan absurda como irresponsable (como todo lo que ponen a otros a escribir en las portadas y fajillas de los libros). Por supuesto que ésta no es la novela de la adolescencia eterna. Pero sí es un buen libro sobre la adolescencia. Es recomendable, es disfrutable, y una muy buena primera novela que deja un antecedente emocionante.

Los años queman

Los años queman
8

Calificación

8/10

    Por qué Sí

    • - Porque es una novela de formación competente, juiciosa y bien estructurada, que puede hacerle sentir cosas a quien la lee, sea un pubescente atormentado o un adulto aburrido. Por su edición detallista y bien pensada, porque es un libro elegante, pero que uno puede echar en la mochila sin que se destroce. Porque el precio está severo para lo que uno obtiene a cambio.

    Por qué No

    • - Porque es una historia que ya conocemos en tantas otras novelas de tantas otras décadas, y no se ocupa por tomar riesgos para aportar algo nuevo a un subgénero atestado de cosas muy parecidas. Porque se afana juvenilmente por ser trascendental y poético, y algunas veces cae en la fosa común de la cursilería y de una poesía que se vuelve prosaica.

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