sufragistas destacada

Título original: Sufraguette
Directora: Sarah Gavron
Duración: 106 mins.
Estreno en Colombia: Diciembre de 2015

P
elículas sobre revoluciones hay muchas. Desde películas de revoluciones gigantescas y fantasiosas, con efectos especiales y villanos de cajón, a lo Juegos del hambre, a revoluciones pequeñitas, improbables, medio invisibles, a lo Pride:orgullo y esperanza. Y aun así, a pesar de que hay tantas, todas las películas de revoluciones parecen apuntar a las mismas cosas: a lograr la empatía del espectador con el grupo oprimido, a crear un escalamiento que termina con un triunfo emocionante (así sea un pequeño triunfo) y, justo después, a mandar los créditos, sin mostrar qué sucede después de la revolución, sin explicar cómo sigue la vida.

Tenemos a Maud (Carey Mulligan), la protagonista, una lavandera casada y con un hijo que se involucra con el movimiento sufragista, al principio sin querer y luego de lleno. Maud primero no considera que esté viviendo una injusticia, pero poco a poco se da cuenta de la falta de oportunidades para las mujeres en su sociedad, de la inequidad de los roles que les son impuestos y de cómo sus sueños se ven coartados. Bajo esas condiciones, el voto es un símbolo muy poderoso de igualdad social, de voz y de decisión y eso convence a Maud de ser sufragista. Las sufragistas, que a veces usan métodos violentos para dar su posición (tiran piedras y ponen bombas), logran asustar a la policía y a los políticos, quienes toman represalias también violentas contra ellas (y uno que otro él): las golpean en las manifestaciones, las meten a la cárcel, las alimentan a la fuerza si hacen huelga de hambre, y eso solo sirve para que crean más en su causa. Al mismo tiempo, Maud debe lidiar con su rol de ama de casa y con el cuidado de su hijo, y con el rechazo social de que una mujer ‘no haga lo que se supone que debe’.

Las sufragistas está basada en montones de detalles verídicos de la historia del movimiento sufragista inglés y en una ambientación muy juiciosa y muy estética, soportada por actuaciones impecables. Por un lado hay unos detalles muy cruentos: las tácticas violentas del movimiento fueron reales, las represalias policiales, la cárcel, la alimentación forzosa también, e incluso hay una escena basada en la muerte de Emily Davidson, arrollada por un caballo de carreras, una mártir verídica del movimiento. Por otro lado hay unos detalles más cotidianos, pero tal vez más importantes: el problema de lidiar con la militancia y la familia, la falta de dinero, la subestimación generalizada de las capacidades de las mujeres. La historia de la lucha es tan interesante que se le puede anotar a la película abrir una ventana para que uno averigüe más y más pormenores del asunto. Cosas como la propaganda anti-sufragista, que pinta a las mujeres del movimiento como gritonas deschavetadas abandona hogares; o la historia de cómo las sufragistas aprendieron jiu jitsu japonés para defensa personal e incluso formaron un grupo de guardaespaldas para proteger a las militantes más conocidas; o cómo, irónicamente, una de las sufragistas más idolatradas e influyentes dejó de hablarle a su hija cuando tuvo un hijo sin haberse casado.

Dentro de esa historia general real, llena de recovecos, las sufragistas la película solo nos muestra una parte y trata de hilarlo todo con el personaje de Maud, que sería una representación de una mujer promedio en el Londres del 1900 y a la vez un sinsajo como en los Juegos del hambre, la elegida para hablar por todos los oprimidos. Maud sueña con por lo menos tener la oportunidad para hacer un mundo diferente, nos ilusionamos; unos hombres malvados le hacen resistencia, nos da rabia; la lucha continúa, nos emocionamos por Maud; hay una pequeña revolución, nos sentimos bien. Luego, ¡Plop! ¿bueno, y qué pasó después? Qué otras acciones desencadenaron la legalización voto femenino, qué otros problemas tuvo el movimiento, qué polémicas hubo con las sufragistas (que las hubo). Cómo se enreda más la cosa para que ya no sea un asunto de buenos y malos, de oprimidos y opresores. Ruedan los créditos.

8.5

Calificación

8.5/10

Por qué Sí

  • Por la ambientación, la actuación y la investigación de la historia. Porque es una ventana a la historia real, que es realmente interesante.

Por qué No

  • Porque a veces puede ser demasiado propagandística, y para eso sacrifica complejidad. Porque no nos cuenta qué pasa después de la revolución.

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