Malas lenguas Juan Paulo Laserna REseña Crítica Revista El Parcero

Título original: Las Malas Lenguas
Director: Juan Paulo Laserna Arias
Duración: 88 mins.
Estreno en Colombia: Mayo de 2016

M
anuela (Sara Montoya) es una universitaria un tanto tímida e introspectiva que está terminando su carrera. Es hija única de una familia capitalina adinerada, conservadora y típicamente arribista, y vive en un círculo social de corte similar. Sus amigos y su novio son jóvenes de clase alta que coleccionan cabezas de animales en las salas de sus casas campestres, toman tragos caros en vasos de cristal de bohemia y andan en carros polarizados, de rumba en rumba. En esta Bogotá rica, de apariencias y privilegios exclusivos, Manuela es un personaje diferente: es más bien recatada, indecisa y poco protagónica entre los suyos. A puerta cerrada odia a su novio (que es amado por su familia), sueña con escapar de su jaula de oro social y le causa un escozor sutil la personalidad superficial de la gente de clase alta. Además, muy en contra de la dictadura heterosexual que reina en su mundo, siente una atracción por su mejor amiga, Adriana, a quien planea acompañar en un viaje a Brasil.

Las Malas Lenguas cuenta la historia de Manuela en esta época de su vida en que comienza a perderse entre los moldes de su clase social. El argumento central de la película es que a pesar de los privilegios siempre van a existir conflictos. Manuela se va viendo forzada a asumir unas actitudes con su propia vida, y la nueva noticia de un bebé hace que se agudice una batalla interna que libra para ganar control sobre su destino. Lo que vemos es la lucha de una mujer joven en contra del peso que su cultura ejerce debido a su género, su estatus y, sobre todo, su personalidad misma. Sobre la marcha se tratan escueta y, habrá que decirlo, hasta irresponsablemente, temas como la homosexualidad, el aborto, e incluso se hacen referencias explícitas y directas a asuntos políticos reales del país y de Bogotá misma.

Pero para comentar Las Malas Lenguas hay que entender antes la semilla de su propia destrucción, y para eso es necesario remitirse directamente a su director. Es un día soleado en la alfombra roja del LA Film Festival del 2015 y en cámara se ven todas esas cosas que uno siempre ve en ese tipo de eventos: muchas cámaras y vestidos elegantes. A una voz femenina angloparlante se le escucha preguntarle al joven cineasta Juan Paulo Laserna (sí, el hijo de Laserna, el de “Quién quiere ser millonario”. Y, sí, también el mismo que promocionó esta, su opera prima, haciendo un concurso en Facebook que sorteaba un almuerzo “exclusivo” con su papá): ¿De dónde viene tu película, de dónde tu historia? “La película viene de la idea de que el cine que se está haciendo en Colombia ahora mismo se basa en historias de narcos, prostitutas… de toda esta parte de la sociedad que hace que la gente piense que esto es todo lo que hay en Colombia. Así que llevamos el conflicto a una clase social distinta en la cual hay tanto privilegio que el conflicto se vuelve más claro; y también es sobre la manera en que a la gente no se le permite ser lo que quiere ser…” y continúa “también porque en Colombia no se han hecho películas sobre la homosexualidad y el aborto; en una sociedad tan conservadora. Entonces, la idea era hacer algo nuevo, algo diferente…” (¡Plop! A vuelo de pájaro uno podría recordar La estrategia del caracol, Colombian Connection, Carne de tu carne y hasta el Detective Marañón).

El gran problema de la película es el mismo de la respuesta que da su director. A Las Malas Lenguas se le nota su afán por capturar temas inseparables de su historia y por el camino se va convirtiendo en un recuento tan arribista como la sociedad a la que crítica. Quiere poner sobre la mesa todo lo que conlleva la historia de Manuela y lo que termina sucediendo es que todos sus argumentos pelean por ser protagonistas. Le quieren dar a uno la papilla bien molida, que uno entienda sí o sí las variables y mensajes implícitos en la trama, y eso genera una sobrecarga temática que no deja disfrutar la historia. Y no es que distintos contenidos como el aborto y el machismo no tengan que ver con la historia que se cuenta, ni que no sean importantes (porque lo son), sino que terminan siendo denuncias y puntos de vista metidos a las patadas en una historia dispersa que nos cuentan como con el propósito explícito de que la entendamos bien.

Mejor dicho, la cinta promete más de lo cumple, abarca más de lo que aprieta, y simplifica más de lo que complejiza. No se sabe bien si al fin el aborto o la homosexualidad, si la sociedad adinerada o la discriminación de género terminan siendo importantes en la historia. Y a pesar de algunos intentos (hacia el final, la película sí tiene más ritmo y se centra mejor en historia de Manuela) ninguno de estos elementos llega a coger fuerza o a ser fundamental para las decisiones que su personaje principal toma. Las Malas Lenguas es como una fotografía con demasiados elementos puestos sobre un mismo plano. Un mosaico de graduación en el que es difícil reconocer quién es quién. Le apunta a todo y no le apunta a nada y entonces su trama se convierte en víctima de sus propios objetivos, y su crítica se torna más “light” de lo que uno quisiera (lo que es grave, además, porque hace de temas sensibles algo lejano, irresponsablemente, simplista e incluso desinformativo, particularmente en lo concerniente al aborto). Y todo eso confunde y aburre.

Si hay que describir la película no hay que caer en la trampa de creerle a su director, ni a los medios que halagan ciegamente su contenido dizque por innovador (¿de dónde?). En la película no se exploran las consecuencias del tabú sobre el aborto, o su prohibición condicionada, o el machismo, o el chisme (aunque todos ellos jueguen un papel). De lo que sí se habla más a profundidad, más bien, es del encierro social, el condicionamiento de clase y la pesadez que producen las estructuras culturales sobre una joven tímida que pierde el control sobre su vida. Tristemente, esa confusión que permea la película hasta el fondo la hace un popurrí de personajes poco atractivos que rayan en lo melodramático.

Las malas lenguas

Las malas lenguas
4

Calificación

4/10

    Por qué Sí

    • - Porque llega a tener algunas escenas bien logradas (como una en que Manuela se imagina en una conversación acalorada con sus papás y otra en que se juega con luces y sombras sobre unas cabezas de animales). Porque el papel de papá, interpretado por Félix Atenquera, es de destacar. Por sus actores naturales (naturalmente gomelos). Porque intenta acercase a las complejidades del embarazo no deseado en una sociedad tradicionalista (ese, y no el aborto, es el tema que trata). Porque es verdad que se acerca a la vida de los niños ricos, y eso es interesante en un cine dominado por otro tipo de temáticas. Y, sobre todo, porque de lo irritantes que son sus personajes uno se divierte y se logra pasar el trago amargo de verla completa.

    Por qué No

    • - Porque para cuando de este tipo de dramas se trata no hay nada que supere a “La Rosa de Guadalupe” ni a “Mujeres al límite”, que ya se consiguen a través de streaming gratis en internet.

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