La Tierra y la sombra

Título: La tierra y la sombra
Director: César Augusto Acevedo
Año: 2015
Duración: 97 minutos
Estreno en Colombia: agosto de 2015

La tierra y la sombra de César Acevedo, que se llevó tres premios en Cannes incluyendo la cámara de oro a mejor ópera prima, rápidamente ha dejado de ser película para convertirse en el triunfo del día que le faltaba a los medios, la excusa de los académicos para volver a hablar de Caliwood, pero sobretodo en la culminación del cine que se viene construyendo desde principios de este siglo en el país. Con semejante responsabilidad sobre los hombros no han faltado hipérboles para catalogar lo que precisamente triunfa por abarcar poco; no se trata de un “poema visual” ni de una “meditación sobre el desarraigo campesino” (el campo es el escenario, hasta surte bellísimos Leitmotivs, pero nunca el verdadero corazón de la historia), sino de un íntimo drama familiar que supera todos los que se han hecho en Colombia y meritoriamente compite con las películas más importantes del año en el cine mundial.

Alfonso, un campesino curtido y meditabundo (claro que sí), regresa a su tierra natal luego de décadas de ausencia para cuidar de su hijo enfermo y de un nieto que recién conoce mientras su nuera y su ex-esposa, trabajando largas horas en los cañaduzales de una región olvidada del valle del Cauca, intentan mantener su precario hogar a flote; día a día Alfonso recupera y tiende nuevos lazos familiares pero la tierra, con sus tormentas de ceniza y sus pájaros que cantan pero nunca llegan, anuncia la tragedia que irremediablemente se aproxima. Adjunto a este pretencioso resumen, que espantará al que no ha visto cine colombiano y al que ha visto demasiado, la promesa de que la historia está en manos de un director que no solo encuentra belleza sino momentos universalmente emotivos (casi cursis, y valen más porque se acercan pero nunca cruzan la línea) en los pequeños momentos que la cámara se empeña en contemplar; hay corazón en lo que de otra manera sería un disfrutable pero excluyente ejercicio cinematográfico.

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Como todo se ha dicho y se dirá sobre la fotografía (hay comparaciones con Tarkovski, con Ozu tanto en tema como en imagen, con los paisajes la pintura realista europea del siglo XIX (ver la galería arriba); baste decir que cada plano es verracamente bonito y verracamente pensado) prefiero meterme primero con los actores: para todos los miembros de la familia, incluyendo al protagonista, y para todos los personajes secundarios Acevedo recurre a actores naturales y acierta con consistencia: los cortadores de caña son completamente fieles al mundo que habitan (y no es cualquier cosa, con tanto guerrillero gomelo que ha pasado impune por el cine Colombiano) y la relación entre abuelo, hijo y nieto precisamente logra ser tan entrañable por la entregada sinceridad de sus personajes; Alfonso suma a su imponente presencia una cadencia en la voz que ya revela su eterna nostalgia, su hijo (que no ha recibido demasiados halagos) se echa al hombro la tremenda tarea de agonizar en cámara y el nieto es tan instintivamente talentoso que Franco Loli lo pudo haber llamado para Gente de Bien. En el caso de los actores de oficio en cambio, la diferencia es abismal. A Marleyda Soto, que interpreta a la nuera de Alfonso, le bastan dos minutos en pantalla para anunciar que va a ser la mejor actriz de Colombia si la dejan; se incorpora sin esfuerzo al reparto y haciéndolos brillar con su generosidad también logra lo que en últimas solo pueden los mejores profesionales del oficio: encontrar la verdad de su personaje, tanto en los rutinarios gestos de cariño con su hijo como en momentos de desesperación y desgarro, llevándola como una segunda piel aún a pesar de ella misma; así no solo logra “verse” natural sino, por momentos (y suena perverso decirlo), estar más viva que sus muy auténticos pero en últimas contenidos compañeros de escena. Por otro lado Hilda Ruiz, que interpreta a la ex esposa de Alfonso y sería un talento bienvenido en cualquier otro contexto (los que no la critican tanto me recuerdan que no he visto novelas para apreciar el verdadero horror) es el gran lunar de la película; es una actriz diciendo sus líneas, y la lograda atmósfera que hasta su presencia ayuda a construir tambalea cada vez que interviene en una escena.

En últimas el problema radica en que estas escenas que sortea Ruiz también son las más “libreteadas”; La tierra y la sombra es un indiscutible triunfo cuando narra con pequeños momentos (Alfonso protegiendo a su nieto de la polvareda del tren cañero o cantando mientras sale de una taberna y se pierde en la noche, el padre en la penumbra, arañando sus últimas bocanadas de aire mientras su esposa y su hijo juegan bajo la luz del mediodía) la lenta desintegración de una familia, pero cuando esa fuerza intenta igualarse con la gravedad de los diálogos y Alfonso declara cuán “esplendorosos” son los árboles, cabe preguntarse si lo estamos oyendo a él o a un director que respeta demasiado el campo como para no idealizarlo. El paraíso perdido, lo sabrán sobretodo los campesinos que han perdido su tierra, no son los cultivos, ni los pajaritos ni la casa sino los seres queridos que la habitan; el amor no es más ni menos solemne por la belleza de su entorno.

 

La tierra y la sombra

8

Calificación

8.0/10

Por qué Sí

  • Con El abrazo de la serpiente, Gente de bien y La tierra y la sombra ya hay tres películas colombianas de mostrar en el año sin ningún complejo de inferioridad. Esta en particular puede conmoverlo o en el peor de los casos entretenerle el ojo con plano tras plano impecable. Véase las tres y tenga ese raro privilegio de elegir la mejor y no la menos mala.

Por qué No

  • Las mismas advertencias de siempre, si solo se quiere entretener o por lo menos no salir de la sala con el corazón pesado véase Ant-man o Misión Imposible 5. Pero después vuelva y haga la tarea.

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