Dama de oro destacada

Título original: Woman in gold
Director: Simon Curtis
Duración: 107 min.
Estreno en Colombia: agosto de 2015

La premisa y el reparto la hacen una película atractiva cuando se la ve en cartelera. Ryan Reynolds, Daniel Brühl y Helen Mirren protagonizan esta cinta basada en hechos reales sobre un cuadro bastante conocido del pintor austriaco Gustav Klimt: el “Retrato de Adele Bloch-Bauer” o “La dama dorada”. La historia narra el robo del cuadro por parte de los Nazis durante la Segunda guerra mundial, y la batalla legal por restituirlo a su legítima heredera más de medio siglo más tarde. “La dama dorada” puede tratarse de uno de los cuadros más brillantes, literal y metafóricamente hablando, del siglo XX; de ahí que para el gobierno austriaco haya significado un símbolo de identidad nacional, para la protagonista un símbolo de la memoria de un pueblo, y para un galerista en Nueva York 135 millones de dólares. Pero la historia que vemos en la gran pantalla desluce en relación con la expectativa que provoca alrededor del cuadro, al punto que a ratos parece hecha de oropel.

Dama de oro

Empecemos por los hechos. Tras la muerte de su hermana, Maria Atlmann (Helen Mirren), una inmigrante judía en Estados Unidos desde la Segunda guerra mundial, contacta al joven abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds) para que revise unos papeles que tienen que ver con unos bienes artísticos que le fueron robados a su familia durante la guerra. Resulta que Altmann es la sobrina de nada menos que Adele Bloch-Bauer, la dama dorada que Klimt retrató, y fue su tío quien encargó y pagó el cuadro al artista austriaco a principios del siglo XX. En el año 1998, durante el que suceden los hechos de la película, el gobierno austriaco inició un programa medio cosmético, medio en serio, de restitución de bienes a la comunidad judía, una coyuntura que aprovechan Altmann y su abogado para embarcarse en una cruzada legal, tanto ante los gobiernos austriaco como estadounidense, para hacerse con el cuadro que legítimamente le pertenece a la heredera de Bloch-Bauer. Naturalmente, y como es de esperarse, el gobierno austriaco se aferra con uñas y dientes a lo que ellos consideran “La Mona lisa de Austria”, y la batalla legal, junto con la película, se transforma en una alegoría de la memoria, y de los símbolos en los que se deposita para lograr el acto, a menudo tan difícil, de no olvidar.

Todo esto suena muy bien, y le añade drama y consistencia el hecho de que, además de la historia de la batalla legal, se entremezcle en la película la historia en flashbacks de la vida en Viena antes y durante la guerra, y del escape dramático que la señora Altmann y su esposo tuvieron que hacer de los Nazis para emigrar a Estados Unidos. Pero todo lo que promete la premisa, y que podría dar para tanto, a la hora del té la película lo convierte en algo completamente predecible, con un guión apenas aceptable para alcanzar el nivel de identificación dramática que se pretende, y una secuencia de flashbacks mal organizada y mal aprovechada que desemboca en una tensión y un clímax dramático que lo hace a uno salir de la sala diciendo “¡Meh! Ahí más o menos”.

Pero no es que la película dirigida por Simon Curtis haga las cosas mal. De hecho, llena las casillas de historia, ritmo y actuación con decoro. Lo que pasa es que no se esfuerza en lo más mínimo por dar el paso extra, por andar el kilómetro adicional. Me refiero a que, amigos, por favor, están haciendo una película sobre un cuadro de Gustav Klimt, uno de los pintores más importantes de los siglos XIX y XX europeos, que además es reconocido por representar un momento de quiebre en el mundo artístico, de hacer las cosas distinto y con un aire nuevo. Lo apenas coherente habría sido que la película intentara hacer lo mismo; pero no. En el cine de la Segunda guerra, que se ha martillado tanto y en el que parece que todas las fórmulas ya están sobreexplotadas, es fundamental andar ese paso extra para que una película sobresalga del montón. Y está película desestima ese hecho la mayoría del tiempo.

Quien a final de cuentas sí recorre el kilómetro adicional es Helen Mirren en el papel de Maria Altmann, con una actuación brillante que es lo que le pone la pepita de oro a La dama de oro. Y sin embargo, todo el resto de la película tiene el sinsabor de haber comprado un metal de fantasía cuando el vendedor le prometió a uno un anillo de oro.

La dama de oro

6

Calificación

6.0/10

Por qué Sí

  • Por la actuación maravillosa de Helen Mirren; por algunos discursos medio emocionantes que logra dar Ryan Reynolds, y por atisbar en uno que otro momento la pintura de Klimt en escena.

Por qué No

  • Por una actuación de Reynolds que no es la mejor de su carrera; por el personaje de Hubertus, encarnado por Daniel Brühl, que es completamente inútil y gratuito para la historia. Por una banda sonora invisible de Hans Zimmer y por una película que en general no alcanza a ser de oro, sino que se conforma con ser oropel.

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