crimson peak destacada

Título: La cumbre escarlata (Crimson Peak)
Estreno en Colombia: 15 de octubre de 2015
Duración: 119 min.
Director: Guillermo del Toro

La insignia de Guillermo del Toro es la mezcla entre fantasía y “horror” o, mejor dicho, la “fantasía oscura” (dark fantasy, como se conoce el género en Estados Unidos e Inglaterra). El director ya había encontrado los ambientes propicios para el desarrollo grotesco y fantasioso de sus tramas, como lo fue la guerra civil española en El laberinto del fauno y en El espinazo del diablo. En este caso, el gótico europeo del siglo XIX dio pie para que del Toro realizara una historia que podría estar perfectamente enmarcada en cualquier contexto histórico: la historia del rechazo familiar. Aún así, son el gótico, el siglo XIX y las máscaras sociales propias de los bailes de salón europeos los que permiten resaltar esa insignia de del Toro: el horror.

Y aquí no estamos hablando de un horror gore, sino un horror moral.

Antes de las primeras vueltas de tuerca de la película se presenta a Edith Cushing, la protagonista interpretada por Mia Wasikowska (a quien ya habíamos visto en la misma actitud ingenia y cuasi decimonónica en Alicia en el país de las maravillas). Ella vive en Nueva York con su padre, un trabajador incansable del sector industrial. Aún siendo niña, el fantasma de su madre aparece en la casa y le advierte que “debe cuidarse de la cumbre escarlata”.

Años después, mientras Edith busca convertirse en una escritora reconocida de romance e historias de fantasmas, llega el terrateniente inglés Sir Thomas Sharpe (Tom Hiddleston) junto con su hermana, Lucille Sharpe (Jessica Chastain). Ambos llegan para que Thomas tenga la oportunidad de pedir financiación al señor Cushing para una excavadora de arcilla con la que trabaja en Inglaterra. Desde el primer contacto entre Thomas y Edith el quiebre es imaginable: ambos se enamoran. Y una vez esto sucede, las vidas de la familia Cushing y de los Sharpe comienzan a relacionarse de manera perturbadora.

De esta manera el horror comienza a filtrarse en la narrativa, primero gráficamente: es que todo en la película, de alguna u otra manera, chorrea algo: secretos o líquido rojo. Entonces empiezan los sustos, momentos valiosos que hacen un buen contrapunto con el humor general de Edith: risueña, esperanzada, amorosa, e ingenua. Por el contrario, Tom Hiddleston varias veces se lleva el premio a la actuación dentro de la actuación, a parecer ingenuo con sus intenciones cuando la rapidez de la trama indica que esa ingenuidad no es gratuita. En la pirámide actoral de este caso, es definitivamente Jessica Chastain en el papel de Lucille la que se lleva la gloria de las pausas perfectas, de las contorsiones esenciales.

Los fantasmas también se contorsionan, se crispan, y estéticamente son fundamentales para dar ese toque de asco y miedo a edificios y climas que sugieren constantemente que aparecerán. Sí, visualmente, la película es espectacular en su conjunto: desde la creación de los fantasmas, que con cada aparición se muestran más perturbadores, hasta los edificios góticos y la exagerada vestimenta de los personajes. Pero también es cierto que la película no gira en torno a la presencia de los fantasmas. Los fantasmas están anclados a la tradición gótica como uno de sus elementos fundamentales, dado que las historias góticas fueron producidas sobre todo en la era victoriana: era del auge del espiritismo. Según este contexto, las presencias sobrenaturales pudieron haber sido aprovechadas para sacar a la luz prácticas entre el mundo terrenal y el espiritual (sin tener que caer en satanismo y brujería necesariamente). Aún así, la película se explica sola: es autorreferencial y llega a replicar el mundo de la escritura de Edith con los sucesos que empiezan a llevarla al borde de la locura. Es, de alguna manera, una película psicográfica: donde los espíritus escriben a través de las personas.

Y los espíritus, de nuevo: ellos son el quiebre visual de la película al mover sus cuerpos y causar ese malestar que al principio es físico, pero a medida que avanza la trama también es moral. Sus representaciones se mueven y reaccionan como en Silent Hills, el videojuego que Guillermo del Toro nunca llegó a lanzar como producto oficial. Pero no nos confundamos: La cumbre escarlata no es una película de fantasmas, sino sobre los fantasmas. Sobre qué chorrean desde sus cuerpos y qué asco quieren causar.

Así, lo que en un principio parece una típica línea narrativa de Jane Austen (hombre pobretón aristócrata quiere a mujer rica aristócrata) pronto se convierte en una vertiente de Cumbres borrascosas: en el plano audiovisual, los fantasmas y los sonidos guturales del viento, la nieve y la perdición consumen a los personajes hasta desentramar un pasado que sólo puede desarrollarse gracias a la increíble ingenuidad de la Edith Cushing.

Los actores están bien escogidos: incluso sus rostros recuerdan a otras películas enmarcadas en la era victoriana (como Becoming Jane) sin ningún inconveniente. Sin embargo, los personajes no son particularmente dinámicos sino que tienen actitudes impulsivas e insensatas. Esta particularidad quita verosimilitud a la historia. Pero, en general, es el contraste entre los cuerpos adornados de los protagonistas y los cuerpos de fantasmas, despojados de su propia piel, lo que genera aquello que el gótico siempre buscó generar: el abandono, la sensación de que hubo un mundo mejor representado en cuerpos que fueron traicionados. La cumbre escarlata es una película sobre el horror moral encarnado en la corporalidad.

La cumbre escarlata

8

Calificación

8.0/10

Por qué Sí

  • Estéticamente es una película espectacular. Tanto las escenografías como la realización de los fenómenos paranormales está muy bien lograda. Asusta a personas de bajísimo talante para las películas de terror, lo cual le añade aún más puntos de quiebre a la trama. Es una historia que rompe con el formato de las narrativas decimonónicas tradicionales.

Por qué No

  • Es una repetición de “la misma película” de Guillermo del Toro. Los personajes no son particularmente dinámicos sino que tienen actitudes impulsivas e insensatas. Esta particularidad quita verosimilitud a la trama. El enmarcarse en un mundo gótico se usa como excusa para no sacar provecho de una narrativa de fantasmas, una historia entre el Más Allá y el Más Acá.

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