Intensamente destacada

Título original: Inside-out
Directores: Pete Docter – Ronaldo del Carmen
País: Estados Unidos
Duración: 94 mins.
Estreno en Colombia: Junio de 2015

El mundo del cine se detiene a ver cada vez que Disney y Pixar hacen una nueva película. Ha sido una historia de colaboración exitosa, de la que como audiencia hemos hecho parte activa entregándoles nuestra emoción a esas películas que nos conmovieron: Toy Story (1995), Monsters Inc. (2001), Buscando a Nemo (2003), Los Increíbles (2004), Ratatouille (2007), Wall-E (2008), Up (2009), entre otras buenas y unos pocos descaches. Hay un consenso casi generalizado de que las películas de Disney-Pixar son excelentes. Por eso cada vez que anuncian un nuevo título se construye alrededor una expectativa única. Ahora, después de una espera de dos años, finalmente ha salido en carteleras la última película de Disney y Pixar: Intensa-mente. De plano tenemos que decir que vive con honores a la altura de las expectativas, y que es sin duda la historia más inteligente de la sociedad hasta la fecha.

Todos tenemos en la mente un grupo de emociones que gobiernan nuestro comportamiento, unas voces de diferentes colores que nos indican qué sentir en cada momento de nuestras vidas: Alegría, Tristeza, Miedo, Disgusto e Ira. Éstas son las emociones dentro de la cabeza de Riley, una niña de once años y nariz chistosa que acaba de mudarse con sus padres a la ciudad de San Francisco. Como todo gran evento en la vida de un niño, un cambio de ciudad es una sacudida a sus emociones: se ha dejado una vida atrás y hay que empezar una nueva desde cero. Una nueva casa, un nuevo barrio, una nueva escuela y unos nuevos amigos. Son muchos miedos y expectativas. Mientras por fuera Riley tiene que lidiar con esto, dentro de un centro de mando en su cerebro sus emociones tienen que controlarlo todo. Cada emoción tiene su personalidad característica, pero Alegría y Tristeza son las que más diferencias parecen tener entre sí. Cuando ambas se confrontan por los recuerdos centrales de Riley, son sacadas del cuartel general de las emociones y enviadas por error al vasto paisaje del cerebro: la memoria a largo plazo. Despojada de su Alegría y su Tristeza, Riley comienza a actuar extraño en su nueva vida, mientras que Miedo, Disgusto e Ira tratan sin éxito de controlarla. Así, para restaurar la normalidad emocional de la niña, Tristeza y Alegría deberán hacer un largo viaje de regreso al cuartel general en el que ambas deberán aprender a trabajar juntas, y sobre todo, comprender la complejidad de las emociones, que deben ser interdependientes para lograr construir empatía. O sea, que en la vida no puede haber verdadera alegría sin tristeza, ni verdadera tristeza sin alegría.

De lo mucho que podríamos hablar sobre Intensa-mente es fundamental resaltar la sincronización impecable de las dos historias que la componen. Por una parte están los muñecos de colores y ojos grandes que representan las emociones, algo que ya hemos visto antes, haciendo el paradigmático viaje del héroe en el que Alegría y Tristeza tienen que conocer gente y superar unas pruebas para entender una verdad sobre sí mismas. Pero por el otro lado tenemos una historia compleja y sicológica sobre un pequeño trauma en la vida de una niña, y los conflictos que se desarrollan con sus padres, con su entorno y consigo misma. La destreza con la que se usa este recurso radica en que cada una de las historias funciona muy bien independientemente, pero es en los puntos en las que ambas se unen cuando verdaderamente sentimos la película como algo nuevo y sorprendente. Nos da a todos en la vena del gusto: a los niños pequeños en las aventuras y a los adultos en el refinamiento de un drama sicológico. Las historias empatan tan bien, que cuando las emociones hacen algo dentro de la cabeza, la reacción de Riley en su historia exterior es tan convincente como para hacer asentir con complacencia al sicólogo más estricto.

El guión está compuesto de una manera orgánica, de tal forma que los picos de emoción llegan como algo natural, y podemos sentirnos sinceramente identificados. La reacción emocional de la audiencia no depende en Intensa-mente de artificios baratos como unos violines en la banda sonora o unos chistes flojos de unos muñecos ahí (como en tantas películas poco creativas para niños; léase Mi villano favorito) sino que sucede gracias a unos personajes bien armados en circunstancias verosímiles entramadas delicadamente unas con otras. Cuando Riley extraña su antiguo hogar, cuando llora delante de sus compañeros en el nuevo colegio, cuando abraza a sus padres o cuando se resiente hacia ellos lo sentimos francamente como si nos estuviera pasando a nosotros.

Y luego tenemos todas las cosas que sabemos que Disney-Pixar hace muy bien, y que Disney-Pixar mismo sabe que hace mejor que nadie: una animación impecable, que sin ser un avance sorprendente frente a sus competidores sabe destacarse; un humor bien diseñado que sin ser tonto logra hacernos reír; un drama que duele sin llegar a ser traumático y una emotividad lo suficientemente fuerte para conmovernos sin volverse cursi. Hay detalles coquetos que le dan un plus a la historia: la creatividad con la que el cerebro se vuelve un paisaje surrealista y cada parte de él cumple una función de lugar: el córtex cerebral, la memoria y sus recovecos, el subconsciente, el tren del pensamiento. Una secuencia maravillosa sobre el pensamiento abstracto que sirve casi como un tratado de arte, y una escena sobre los sueños que es hilarante porque en el fondo es una reflexión sobre la crítica. La película no deja nada al azar.

Al final, cuando terminamos de ver Intensa-mente, sabemos que hemos asistido a una historia con poquísimas grietas. Riley y sus pequeñas emociones no sólo nos dan la ilusión de sentir, sino que nos hacen sentir realmente. Nos cuentan una historia sobre la identidad y la familia, sobre el paso a la adolescencia y las experiencias que nos hacen crecer, que nos produce melancolía en el mejor sentido. En el sentido en que realmente lo sentimos todo.

Disney y Pixar son unos tiburones del mercado. Es una industria descarnada en la que el que sepa vender emociones es el que gana el dinero. Y harán millones con esta película. Pero es plata bien ganada, porque la historia con la que lo hacen es honesta. Es honesta, inteligente y linda.

Intensa-mente

9

Calificación

9.0/10

Por qué Sí

  • Porque Disney-Pixar significa de entrada muchas cosas bien hechas. Porque todo lo que le pasa a Riley es como si nos pasara a nosotros. Porque nos deja una sensación en la barriga como si hubiéramos comido un postre especialmente suculento. Por la animación de los gestos de emoción en las caras de los personajes. Porque es una historia hecha con amor y honestidad, y así se siente.

Por qué No

  • Hay pocas cosas que criticarle, pero una de ellas es un giro en la historia que no se explica muy bien y que se siente como un cabo suelto; literalmente es el giro de una bombilla hacia el desenlace de la película. Por una paleta de colores medio sesentera que a veces agota y por la voz en español (en mexicano) de Riley, que puede ser el peor doblaje en mucho tiempo.

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