Dragon furry Revista El Parcero Colombia Fandom

“Podríamos llamarlo como el lado animal de las personas, aunque no siempre tienen por qué ser animales reales. A veces hay híbridos, seres fantásticos… En mi caso, yo soy un zorro”.

Así dice el zorro mientras me habla sobre la manada con la que habita en Colombia. Me habla del logro más grande de la comunidad actualmente: un imponente león blanco. Me lo mostró: se trataba de un espécimen era tan peludo y adorable como la reencarnación de la infancia vuelta un sueño macabro; pero, en realidad se trataba de un dragón blanco y azul, con ojos zafiros que brillan en la oscuridad. Él y el zorro son muy amigos, y juntos se reúnen con otros especímenes, en manada, para divertirse y discutir sobre la condición animal. El zorro me habla con total naturalidad, y tal es la expresión facial de esta fursona: el lado animal de una persona con tendencias furry o, dicho en otras palabras, con tendencias a antropomorfizar animales. Fibonacci es la fursona de un profesor de matemáticas que, al menos a intervalos, deja de ser zorro.

La comunidad furry, originada en Estados Unidos a partir de convenciones de ciencia ficción, es una comunidad basada en la pasión por la representación de animales con características humanas, o humanos animalizados. Se comunican, mayormente, a través de Internet, foros, redes sociales algo cerradas, pero no privadas. Producen dibujos, cómics, literatura, e incluso enciclopedias que intentan explicar los fenómenos dentro de lo que se conoce como el furry fandom: las manifestaciones físicas o ideológicas de los furry. En Bogotá, y en Colombia, el zorro Fibonacci Prower es el mayor exponente de la comunidad en el país.

Aquellos últimos días de agosto, en vez de aparecer un hombre tatuado de imágenes animales espiritualmente sublimes o una suerte de predicador ecologista o un zorro inglés, se presentó un hombre con mochila, cara redonda y sin tatuajes. Tras apenas habernos visto las caras, nos quedamos quietos en nuestro lugar y esperamos un par de segundos hasta reconocernos, casi por instinto animal.

Fibonacci, contrario a lo que podría pensarse respecto a sus ocupaciones, es un gran conversador que pronuncia todas las eses al hablar. Lo invito a un café, se sienta cómodamente y pone una expresión meditabunda, como perruna. Le pregunté sobre los llamados “juegos de rol” de los que había investigado en su sitio web de Colombiafur, embajada de la comunidad en el país. “Parece ser prácticamente lo que justifica muchas reuniones de la comunidad furry. Suena a que funcionan sólo a través de Internet y que, de alguna forma, se trasladan a la realidad desde ahí”, le dije mientras él buscaba, en su mochila, el material que me había traído. Fibonacci no muestra duda ni en su habla ni los términos que utiliza. Ha establecido Colombiafur en el 2009, después de haber estado unos seis años interesado en el furry fandom.

Los juegos de rol se usan para representar hechos, situaciones representadas por las personas, y no son exclusivos del furry fandom”, me cuenta. “Ocurren en comunidades de comiqueros… Sirven para representar mejor los propios personajes, estar más cómodo con la personalidad furry; ocurren tanto en Internet como en persona, como chiste, como juegos de mesa, personajes en videojuegos… Sin embargo, es un hecho innegable que a través de Internet es más fácil realizarlo”.

Cuando le menciono que no me siento sentada enfrente de una persona que se cree animal, el zorro me explica las diferencias entre la persona y la fursona, que se desarrolla casi exclusivamente en los ámbitos que más le conviene. “La fursona es por supuesto la persona furry, es la identidad de uno mismo dentro de esa inscripción. Podríamos llamarlo como el lado animal de las personas, aunque no siempre tienen por qué ser animales reales. A veces hay híbridos, seres fantásticos…”, cuenta Prower. “Por ejemplo, una de las especies más populares en el fandom es el dragón. A veces la fursona permea la vida diaria: hay gente que la interpreta por ejemplo, ladrando cuando están sorprendidos o caminando rascándose la oreja como gatos”.

Furry Fandom Colombia

Estos dos miembros de la comunidad, que se identifican con gatos, utilizan lenguaje corporal de tal animal: uno utiliza sus manos para representar las patas; el otro se oculta en la oscuridad. 

“…Yo no diría que la persona es la fursona,” continúa Fibonacci, “sino que tiene una fursona: es posible tener más de una y variarla según la situación, escoger según lo que se vaya a hacer: dibujar, escribir historias, disfrazarse, etcétera”.

Le comenté que algo que siempre me había llamado la atención era el sentirse tan identificado con un animal hasta el punto de comportarse como uno; que me interesaría saber qué pensaba al respecto de esa relación, cómo se descubre una afición de esa índole. Pienso, sin decírselo a Fibonacci, que durante mi adolescencia había logrado identificarme con una cantidad de animales, entre ellos el lobo y el dragón.

 “Uno puede descubrirlo, o uno puede inventárselo a gusto. En mi caso, yo soy un zorro. Un vulpes vulpes, cuenta él sin alterarse en lo más mínimo y con un aparente dominio de las taxonomías biológicas que me desconcierta.Ese animal es diferente al lycalopex griseus, el zorro gris. Los furries se distinguen entre razas, en muchos casos. Por otro lado, algunos animales tienen características no tan realistas, asignadas a animales en fábulas y otro tipo de escritos populares y metáforas. Por ejemplo, la sagacidad del zorro, o su hiperactividad, que es más realista. Yo también soy hiperactivo”, dice sólo un poco animado. “En su manifestación, puede tratarse de un humano sólo con orejas y cola, por así decirlo, o tener un lado comportamental más animal dependiendo de las fuentes de donde se saquen. Los dragones, por ejemplo, que son animales mitológicos que han atravesado todas las culturas de la tierra, no son animales a los que puedas atribuirle una característica particular: básicamente hacen lo que quieren”.

Fibonacci, durante su etapa humana, es un profesor de matemáticas y física en varias universidades; pero esto no parece pertenecer al zorro que lleva dentro. Sin embargo, el rostro de Fibonacci sí recuerda a veces al de un profesor de matemáticas: seriedad mezclada con introspección, y emoción al puntualizar las cosas que le interesan de verdad. A veces ni siquiera puedo vislumbrar al zorro.

“Mi principal contribución a la comunidad en Colombia ha sido la parte técnica. Tengo varios proyectos personales, por ejemplo, yo fundé Colombiafur.com. El proyecto WikiFur se trata de una edición en español de la página en inglés. Lo que estamos tratando de hacer ahí es una enciclopedia de todo lo que sea relevante al furry fandom”.

  Comienza a explicarme, mientras continúa rebuscando en su mochila, que en realidad no hay un consenso absoluto respecto a los términos del furry: qué es un fursona, cómo surge, qué es ser furry; en definitiva, no hay una autoridad del furry ni de su constitución. Aún así se encargan de definir los términos lo mejor posible. Inmediatamente saca una carpeta llena de papeles que decide mostrarme.

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 Terminamos el café, y comenzamos a establecer afinidades como el interés por Doctor Who y el rock metal. Fibonacci, siendo un geek declarado, afirma que muchos geeks dicen que el furry fandom es la única comunidad en la que son fans unos de otros; ellos son el material de la idolatría del otro. Me muestra en un computador los distintos fursuits que varios miembros han utilizado en la comunidad. Identifico, entre ellos, a mi león blanco. Perdón, al dragón blanco, Yukiko. “Como verás”, dice Fibonacci. “la manera más efectiva de encarnar a la fursona, al yo animal, es utilizando un fursuit. Se pueden hacer de varias maneras y materiales. El más sencillo es usar garras y cola de animal. Pueden ir variando en complejidad, claro”.

Yukiko

«Tenemos un dragón azul, Yukiko, que tiene un traje que cubre todo el cuerpo… tiene mandíbula móvil, orejas animatrónicas, luces por todos lados… tiene traje refrigerante. Es un traje súper complejo». Fibonacci

(Imagen extraída del Facebook de Colombia Fur) 

 

“…Como dato curioso, los mejores fursuits del mundo los hacen dos colombianos. Una de ella se llama Latin Vixen, nacida en Cali, y vive en Florida”. Latin Vixen realiza los trajes más complejos que he visto en cualquier tipo de parafernalia del disfraz. Se trata de verdaderos outfits musculares y proporcionados al cuerpo del ser humano y a los rasgos de los animales que se exhiben más en Estados Unidos que en Bogotá.

 “Inicialmente, cuando estaba conociendo otros furries del país, las reuniones eran muy informales y pequeñas. Nos reuníamos en alguna librería, intercambiábamos dibujos, charlábamos un rato, el que sabía dibujar dibujaba en vivo… Nos divertíamos. Hacia el 2009, comencé a conocer más furries en Colombia, a invitarlos a las reuniones. En una de esas reuniones grandes fue que se fundó Colombiafur”. Esboza una sonrisa de satisfacción a la que vale la pena responder: “¿Y entonces, en qué andan?”. Y él se regocija con una risa hiénida: “Desde entonces hemos formalizado varios eventos y, luego de esperar cinco años, fuimos invitados a SOFA este año. Allá vamos a estar, y casualmente al lado de nosotros estarán los whovians [fanáticos de la serie de ciencia ficción Doctor Who]”.

SOFA, el Salón de Ocio y la Fantasía, es un pabellón anual realizado en Colombia que reúne varios tipos de culturas alternativas y propuestas académicas sobre las relaciones que tenemos los seres humanos con “la cultura del tiempo libre”. Luego de habernos emocionado en un mutuo reconocimiento geek, decidí abordar la pregunta del millón:

 “Me parece que todos los que no estamos adentrados en el furry lo comenzamos conociendo, por la razón que sea, como algo muy oscuro. Sea porque ‘esta gente’ tiene un problema mental, por un fetichismo sexual con los animales, por distintas razones parecerían ser atacados como algo un poco dudoso moralmente. Dijiste una vez que la comunidad ha tenido que hacer los eventos ‘privados’, por así decirlo, debido a que han tenido problemas con ‘personas que no estaban de acuerdo’ con el furry fandom. Tengo un par de preguntas al respecto: ¿hay alguna necesidad de aclarar que los eventos de Colombiafur son Aptos para todo público? Y, otra cosa, ¿han tenido ataques directos de otros grupos?”

Ni siquiera ante este tipo de preguntas Fibonacci se siente cohibido o presionado por responder. Sin un titubeo, reconoce que en todas las comunidades hay un lado “para adultos, un lado oscuro”. Me explica que, debido a que buscan que Colombiafur llegue a la mayor cantidad de público posible, en sus eventos no se permite exhibir material gráfico de esta índole.

Aunque me quedé con ganas de hablar con alguien que representase el “lado oscuro” de la comunidad, desde Colombiafur no ha habido acceso directo a alguna persona similar.

“Por otro lado, en cuanto a los ‘grupos que nos han atacado’”, continúa, “no sé si se puedan llamar ‘grupos’; son algunas personas. Por un lado están las personas que están en desacuerdo con el furry fandom como idea… que quieren acabar con el fandom porque piensan que es algo de niños chiquitos, algo inmaduro. Hay quienes relacionan el vestirse de animal con un fetiche sexual, como dijiste… Existe el estereotipo, pero no sé cuánto tenga de cierto. Es decir, está bien vestirse de animal y a todo lo que es desconocido le inventarán cosas. Pero, curiosamente,” dice sin reírse, “los problemas más grandes han sido provocados dentro de la misma comunidad furry: algunos tienen algunas rencillas con nosotros como grupo y prefieren el anonimato, algunos filtran información, generan chismes (a mí me ha pasado un par de veces, pero fuera de la comunidad;sólo tuve problemas una vez con compañeros de la universidad, ya que estaban familiarizados con estereotipos… pero al día siguiente estaba todo olvidado)”.

“No me sorprendo ya”, añade él sin resignación. “Todos los ataques han sido a nivel aislado, a nivel personal, a pequeña escala. Ningún grupo religioso y/o político y/o social se ha alzado contra el furry fandom en Colombia”. No me cuenta respecto a su experiencia personal, pero recuerda un caso aislado que le llamó mucho la atención, y comienza a reírse (aunque no como una hiena, sino como un humano): en el SOFA del pasado año se le acercó un aficionado a los videojuegos vestido de SubZero a una de las fursonas vestidas y le dijo: “Esto es una reunión para otakus, no para furries”. Los conflictos internos parecen estar presentes en cualquier ámbito de la sociedad. Incluso en el furry fandom.

Comencé a inquietarme por el tema que me había llevado a encontrar al zorro: la búsqueda de un hombre lobo. “¿Simpatizas con alguien de la comunidad otherkin (persona que cree que su espíritu no es humano, sino animal)? ¿Se da en Colombia ese convencimiento espiritual?”

 “Conozco uno que otro teriántropo”, responde Fibonacci, aumentando mis esperanzas, “pero ninguno en persona, sólo por Internet… y creo que no hay ninguno colombiano. Aunque, claro, como no es la clase de cosa que se está diciendo abiertamente pues, no lo sé, la verdad. Por lo demás es una comunidad separada, no tienen que ver con nosotros porque para los furries la identificación con el animal es más bien un juego, una afición. Ellos se lo toman más en serio; son dos enfoques diferentes”.

Nos ponemos de pie, guardamos nuestras cosas y comenzamos a caminar por el Centro. Le pregunto si la gente tiene la necesidad de “salir del clóset furry”.

“Yo creo que esa gente exagera”, contesta él. “No tiene nada de malo ser furry, no tiene nada de malo tener una afición; es como ser fan del manga o ser otaku. Algunos dicen que la comunidad furry es muy endogámica, es decir, que se cierra a no tener pareja por fuera del fandom y cosas así… estas personas no son representantes de lo que es la comunidad, pero ahí están. Lamentablemente,” concluyendo la moraleja de una fábula, “los que más destacan son los que más se notan”.

Entramos a una casa escondida en un callejón cerca de La Candelaria. Nos recibe, en el patio inicial, una perrita labradora que ladra mientras tiene una pelota de tenis en la boca. Fibonacci se pone de cuclillas y acaricia y abraza al animal. Entonces me entero de que la comunidad furry, además de tratarse de una afición estética y cultural, también actúa por los animales. “En el SOFA tendremos también un stand para la Fundación Patitas de la Calle”. Juntos rescatan animales abandonados, los dan en adopción, y algunos, como Yukiko, llegan tan lejos hasta fundar un santuario de gatos en su propia casa.

El zorro continuó jugando con la perrita, oliéndose las colas e intentando quitarse una pelota de tenis de las garras del otro. Cuando tuve que dejar la casa, comencé a caminar hacia Las Aguas: muchos hombres rodeados de perros están sentados en las calles. Entre la multitud de la 19, los perros ignoran a todo ser que no rodee a uno de los hombres de la calle… Algunos de esos animales duermen cuando el hombre lo hace y yo, como el resto de la gente, soy ignorada por ellos. Pero yo no siento, sin embargo, que pueda distraerme del tema. Aunque no me encontré con un hombre lobo o un teriántropo bogotano, me crucé con una mutación de impactante: el preguntar en una tienda cuánto costaba un gorro con cara de lobo gris.

Fibonacci Furry Fandom Colombia

La cola de zorro, por más que necesite mejoras, es utilizada por Fibonacci para las reuniones y para expresar la fursona. La perrita quizás lo reconoce como un igual animal.».

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