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E
n la primera parte de esta entrevista, Fabio Parra nos habló sobre el ciclismo de los ochentas y su impacto en el país. Charlamos sobre el camino que recorrió el deporte para llegar a Europa, y de la mano de las memorias de uno de los grandes de esta época, vimos el impacto que la llegada del ciclismo profesional produjo en el panorama nacional. Escuchamos cómo a biela y pedal los escarabajos conquistaron Europa e, internamente, se convirtieron en símbolos de una nación que se sufría, pero que seguía adelante.

En esta segunda entrega, Fabio nos acerca a la mecánica del deporte. De la historia pasamos a la teoría. Nos adentramos en las estrategias de los equipos ciclísticos para entender más fácilmente qué es lo que pasa entre esos cardúmenes de tipos transitando por carreteras, y tratamos de comenzar a explorar algunos componentes útiles para nosotros como público cuando de ver las competencias se trata. El ciclismo es un deporte anclado en tiempos lentos y distancias largas, es una disciplina soportada por cálculos exactos pero entregada a la incertidumbre de la intemperie, y en esto hay una magia tan interesante como difícil de percibir. Esta parte final de nuestra entrevista tiene un tinte más informativo (pero no menos parceril) y quiere convertirse en un abrebocas para despertar la curiosidad por las dinámicas deportivas que rodean al mundo de la bicicleta.

El Parcero: Profe Fabio, qué tal si hablamos un poco de esas cosas que uno no entiende del ciclismo. ¿Qué necesita saber uno para poder disfrutar de una carrera? Estábamos pensando en eso que dijo hace un momento sobre cómo la afición por el ciclismo ha bajado a pesar de los buenos resultados, y se nos ocurre que quizá sea porque uno no entiende muy bien qué pasa en una carrera de ciclismo.

El ciclismo depende un poco de los recursos económicos. Normalmente ahí radica la clave de la conformación de un equipo profesional. Se pueden tener más corredores si tiene más presupuesto. Un equipo como el Movistar, que tiene mucha plata, puede armar un equipo muy grande en cantidad de corredores y en calidad de infraestructura – o sea en vehículos acompañantes, en uniformes, en bicicletas, en los temas de preparación y de concentración. En promedio, cada uno tiene entre 18 y 20 corredores, pero como el calendario ciclístico internacional es tan grande y a veces hay una carrera, por ejemplo, en Francia y al mismo tiempo otra en Australia, entonces el equipo se divide. Normalmente, al equipo de cada competencia lo conforman nueve corredores.

A ellos les dicen “ustedes diez van para este lado y ustedes diez van para este otro” porque cada equipo se traza objetivos propios. Si el objetivo es el Tour de Francia, por decir algo, cada equipo se propone estar en unas carreras. Dicen “este año vamos a hacer este calendario para esta carrera” o si es para el Giro de Italia dicen “vamos a hacer estas otras”, procurando preservar siempre a sus corredores clave para que puedan cumplir la meta final de la temporada.

Por ejemplo, Nairo ahorita no corrió el Giro porque su objetivo es el Tour de Francia, pero entonces sí va a correr la Vuelta a Suiza, que es una carrera más pequeña, que está cercana al Tour, y que le sirve para prepararse. Esa es la manera. Digamos que un equipo quiere ganar el Giro, pues escoge un líder y con él eligen una serie de corredores para el equipo y los comienzan a preparar con anterioridad. Desde enero o febrero les marcan su calendario y ya ellos saben que deben ir, o más tranquilos en su preparación, o acelerarla, dependiendo de lo que vayan haciendo.

Y ya el tema de cómo se escogen los corredores se va dando a medida que se van dando los resultados de cada equipo. Por ejemplo, Nairo lo tiene metido en la cabeza; él y el dueño del equipo, y los preparadores técnicos. Todos saben que él tiene que ganar el Tour de Francia. Entonces, ellos empiezan a direccionar el equipo para llevarlo a esa carrera: le colocan una serie de corredores que tienen como misión ayudarlo. Pero también como por otro lado está el Giro, por ejemplo, el Movistar dice “bueno, en esta carrera podemos sacar unos competidores para complementar los resultados del Tour de Francia y que, de todos modos, quede fuerte el equipo”. Normalmente así es la dinámica de la conformación.

Ahora, normalmente, la temporada de ciclismo profesional termina más o menos hacia el mes de octubre, y ahí lo que pasa es que mucha gente hace una pausa activa, y también es la época en que hay cambios de corredores. Ahí es cuando a unos los pasan de un lado a otro y a los que no rindieron les dicen chao (aunque con eso se han vuelto más suaves). Entonces hacia el mes de enero se hace una concentración y como en Europa es invierno la gente se va para lugares más calienticos. Esa es la época para hacer fotos y las presentaciones del equipo. Es el momento de conocer los compañeros y de integrarse. También hay mucho énfasis en la parte médica. Ahí es cuando comienzan a direccionar a los corredores para su calendario. Y como eso es de acuerdo al líder pues, por ejemplo, a Nairo le comienzan a poner gente que rinda y le ayude en la montaña.

E.P: Pero, profe, qué quiere decir eso de ayudar a alguien en una carrera ¿Cómo ayuda uno a un corredor? Es que viendo ciclismo uno alcanza a ver que es un deporte supremamente estratégico y que hay muchos roles.

Bueno, digamos que eso es lo que le estaba diciendo. De acuerdo a un objetivo se buscan ciertos corredores y unas carreras que no hagan llegar al equipo cansado a las carreras importantes, y esas son las estrategias de ellos internamente, ¿cierto? Dentro del calendario comienzan a competir en febrero en carreras como el Tour de San Luis en Argentina, que se ha vuelto popular porque para esos meses el europeo está en invierno. O, van a Australia. Mejor dicho, buscan sacar provecho del tema de la temperatura, no parar, acomodarse en su rol dentro del equipo y, además, comenzar a prepararse físicamente. El solo hecho de ir en la carrera ya hace que el organismo se vaya habituando. Después de un descanso de veinte días o un mes (luego del fin de la temporada) uno retoma ahí el pedaleo, pero lo retoma rápido porque ya el tiene “chip”. Entonces, uno empieza suave y desde la dirección técnica le dicen “bueno, usted va a hacer un esfuerzo en este premio de montaña, y en este otro lugar mejor se queda”, y así lo van preparando.

Ya cuando hay una labor de equipo se necesita buscar dos cosas. Hay que buscar corredores que vayan bien en la montaña, para que ayuden a subir, pero también hay que tener otros que sean duros para el terreno llano, porque dentro de una carrera hay distintas competencias y hay cosas como las contrarrelojes por equipo, en las que se necesita que haya gente muy fuerte. Es que el escalador es diferente al pasista (que es el que va bien en lo plano). Al escalador se le facilita todo subiendo, lo hace muy bien. Pero también es más menudo, más liviano, más pequeño. Mientras que el pasista es mucho más grande, más fornido y por eso mismo se le hace más difícil trepar. Los equipos siempre juegan a balancear esas dos partes. Eso es lo primero que uno tiene que tener en cuenta.

Pero ¿cómo hacen su labor en el equipo? Pues, en el terreno llano los pasistas si van de líderes tienen que pasar adelante del lote y colocar un paso —el ritmo—. Mientras tanto todos los rivales van a tratar de arrancar y arrancar y ganarle tiempo. Entonces, para no desgastarse persiguiendo a todo el mundo lo que se hace es dejar que un grupo se aleje, o mejor dicho que se vaya. Ahí se crea lo que se llama una “fuga”. A veces uno escucha que “oiga, sacaron diez, once, doce minutos” y en esa labor de equipo lo que sucede es que los dejan ir y luego, como ese lote lleva una velocidad de 35 o 40 kilómetros por hora y la mantiene por 100 o 150 kilómetros, hacia el final los que están adelante pues se van cansando y cada 100 o 200 metros van dejando a otros corredores de relevo. Se abre el de la punta a la derecha y pasa otro, y así van avanzado ayudándose incluso entre equipos hasta que faltan unos 50 kilómetros.

El hecho de ir uno detrás del otro les va ayudando a cortar el viento. Y ahí también ahí hay técnicas: cuando hay viento de costado, como el viento va golpeando por un lado, se organizan y forman una escalera. A eso le llaman abanicos, y es durísimo, es violento, porque se arman unas batallas terribles en las que cada equipo trata de integrar a todos sus corredores para hacer mejor los relevos. En el ascenso es distinto, digamos que Nairo va segundo a diez segundos de Froome, pero va con un compañero que ya le han asignado y que él ha pedido para que le ayude subiendo. Entonces eso es lo que tiene que hacer el coequipero, tiene que empezar a poner un paso muy fuerte para que los que van detrás se cansen. La idea es que ayude a que los otros gasten energía y permitirle a Nairo contraatacar. Esa es la ayuda que brindan. A ellos les dicen “usted tiene que echarse esta carrera desde el kilómetro 50 y hasta el 150, y ahí después quédese”. Hay unas carreras de 200 kilómetros, o sea, de 5 horas. Eso es más o menos 300 minutos, y en el reglamento siempre hay un margen para que los corredores entren dentro de un límite de clasificación, y si no entran en esos tiempos se quedan por fuera de carrera, los desclasifican. A los coequiperos les dicen “usted, preocúpese por hacer su trabajo y luego llegue dentro de ese margen. Luego de que cumpla, quédese, coma, hidrátese y vaya tranquilo”.

E.P: Y todo esto cuando a simple vista el ciclismo es un deporte individual. Los coequiperos sacrifican mucho ego por su equipo.

Sí. Aunque en el ciclismo son fundamentales ambas cosas. El que es líder —y yo creo que esto aplica en todas las actividades de la vida— tiene un don. Hay roles en los que la gente puede ser conformista, pero hay otros en los que una persona tiene que ser más creativa e inquieta. En el ciclismo es similar, el líder, más allá de que su equipo lo tenga que llevar, tiene que responder por la carrera, tiene que responder por la etapa. O sea, Nairo, aparte de que le vaya bien por sus comisiones pagas, tiene un compromiso con el patrocinador, con el país y además con él mismo. Interiormente él tiene un compromiso pesado. El líder tiene que ser muy fuerte mentalmente, porque no todos sirven para eso. En cambio, el que es coequipero no tiene esa responsabilidad, muchos pueden darse el lujo de decir “listo, yo trabajo de aquí a allí, y me gano lo mío” y listo. Siempre tiene que haber un balance entre esas dos cosas. Eso es lo que se busca en el equipo, que sea homogéneo. Siempre se buscan escuderos que puedan responder, y uno, dos o tres líderes que ayuden a obtener buenos resultados.

E.P: Profe, ¿Qué ha cambiado en el ciclismo? Hace poco veíamos unos videos antiguos del Tour de Francia (de los 50s) en que los competidores en plena etapa paraban y compraban paleta, tomaban champaña, se empacaban una baguette en el bolsillo trasero y seguían la carrera ¿eso era así en los ochentas? ¿Qué ha cambiado?

No, ya no era así (risas). Pero sí digamos que, como en las grandes carreras hay etapas tan duras, el organismo se resiente y entonces no se puede ir todos los días a muerte. En los días después de una etapa fuerte se crea un acuerdo intrínseco entre todos los corredores de ir tranquilos. Eso es de común acuerdo y se respeta. Ahí no se pueden hacer ataques y por eso es que la gente aprovechaba que pasaba por los pueblos y saludaba a la familia, decían “muchachos, permiso que voy a ir a saludar a mi papá, o a mi mamá” y entonces salían. Pero eso era permitido, sobre todo porque existía ese pacto entre todos. Ya digamos que el que se bajaba a tomar agua o eso era porque iba exhausto, pero eso era otra cosa. Aunque uno sí se podía bajar a orinar, eso era todavía posible en los ochentas (risas). Lo único era que los últimos 60 kilómetros de cada etapa eran de “sálvese quien pueda a 60 por hora”. Ahí sí, un pinchazo o una caída, y nada, cada uno en lo suyo.

También todo eso pasaba por lo extensas que eran las carreras. Es que a partir de los escándalos de Armstrong, el doping y todas esas cosas, ya las acortaron un poco. Ya no es tanta distancia. Yo, por ejemplo, alcancé a correr etapas de 300 kilómetros. Eso eran 270 de carrera, pero antes de salir uno hacía 10 en el pueblo o la ciudad saludando a toda la gente, y luego sí daban la salida. Y al final otros 20 que para que la gente nos viera en un circuito. Era demasiado. Hoy en día son dos o tres etapas largas de 220 o 230 kilómetros, y otras de 150 a 170. Ahora es más humanizado. Y ahora imagínese más atrás en el tiempo, antes eran igualmente largas y además había tramos destapados —todavía tenemos el pavé (que es un terreno como los adoquines de Villa de Leyva) pero eso, de todos modos, es distinto porque es un ambiente controlado—.

Por otra parte, también, yo creo que una cosa que cambió el ciclismo fue eso del control al dopaje. O sea, yo creo que en el ciclismo hay una época antes y otra después de Armstrong. A raíz de lo que le pasó a él, el control ahora es demasiado riguroso. Y, de alguna manera, el ciclismo colombiano se ha visto beneficiado de esa parte porque para bien de nosotros se está mostrando la calidad de nuestros deportistas. Digamos que ahí se está viendo la calidad de Nairo y de los otros diez u once corredores que triunfan afuera, y eso se debe precisamente a este “después del dopaje” que en nuestra época no era tan riguroso. Ahora comienza uno a hacer cálculos y a atar cabos y es que definitivamente esos manes andaban demasiado. Era bestial como andaban. Uno acá hacía las cosas bien, y entrenaba mucho, mucho, y uno dice, no. Nosotros nos considerábamos en buenas condiciones. Sabíamos que estábamos a la par. Y sí, sí estábamos, pero a base de demasiado esfuerzo y sin ayudas extras. Yo creo que con todo eso que pasó; con los controles y los escándalos, nos ayudó a dejarnos mostrar más equitativamente.

Lo que pasa es que para uno no es fácil hablar de esto. Primero porque no tenemos pruebas. Lo único que yo sé es que ellos andaban mucho, andaban demasiado. Era una cosa de súper-humanos. Si uno iba a 50 ellos iban a 60, y eso ya iba más allá. Pero sin pruebas no hay cómo decir esas cosas que todo el mundo sabía que pasaban. Hoy en día ya uno ve que todos van más de tú a tú. Ya no hay tanta diferencia en los tiempos. A uno antes le cogían 5 y hasta 7 minutos, y uno ahí pedaleando pensaba ¿será que es que a esos manes los empujan o qué?

Siempre, en toda la historia de este deporte el doping ha estado presente. En los setentas eran los anabólicos, después fueron las transfusiones y luego la EPO [Eritropoyetina]. A decir verdad, no sabemos qué venga. Seguro que la medicina y los médicos buscarán algo. No sé, hasta de pronto se inventan algo mental. Esas cosas desafortunadamente se dan. Como les dije antes, este deporte pasa de ser algo saludable porque lo que más importa son los resultados.

E.P: Profe ¿qué tal la nueva cultura de la bicicleta en el país? ¿Qué opina de la bicicleta fuera del ciclismo?

Yo opino que el tema de la movilidad se puede asociar un poquito también al impacto de este deporte. Yo creo que acá en el país el uso de la bicicleta para la moverse ha crecido mucho. Bastante. Y eso se debe principalmente a los problemas de tráfico que hay en las ciudades y a la dificultad que hay para de ir de un lado al otro en transporte público o en carro. Entonces la gente ha buscado este medio alternativo. Eso, influido por una combinación de varias cosas. Uno antes veía que a más gente le daba pena montar en bicicleta, pero hoy en día hasta a muchos ejecutivos se ve yendo al trabajo en bicicleta. Y ya conocemos ejemplos en otros lugares. Ahorita hace unos meses estaba viendo en la Feria del Libro que Holanda, por ejemplo, tiene 35.000 kilómetros de vías exclusivas para las bicicletas —aquí no tengo ni idea de cuántos son, pero no deben superar los 4.000—. Además, también está el tema de seguridad. Y finalmente, está el tema deportivo, que es algo que ayuda. Mucha gente está usándola recreativamente porque quiere sentir, por ejemplo, qué tan duro es subir al alto de Patios [un punto histórico para ciclistas de todo tipo, ubicado entre Bogotá y la Calera]. Hay gente gomosa que quiere tener una buena bicicleta, y el que no la tiene igual sube. Esa es la otra faceta. Yo ahorita estoy volviendo a montar bici es por eso, por salud y ahí me mantengo.

En esto todo es positivo, yo creo que si uno se pone a ver todos los beneficios que trae el tema de la bicicleta en las ciudades, esto es una verraquera. Hay que mirar es cómo le damos más seguridad a la gente, y cómo construimos más parqueaderos para que cualquier persona pueda llegar y poner su cicla donde sea, tranquilamente.

Claro que con esto hay que decir también que promoverla es una cuestión que no viene solo desde de abajo, sino también desde arriba. La bicicleta depende también de que algunos gobernantes tengan más visión que otros, y que quieran fortalecer todas las cuestiones asociadas a eso. Se necesitan más recursos e infraestructura. Lo importante es que se vaya avanzando.

E.P: Profe, ya para cerrar, ¿qué hace chévere el ciclismo?

Yo creo que el ciclismo es un deporte de contingencias. Ahí no hay nada escrito. En una carrera puede suceder cualquier cosa y cualquier variable hay que tenerla en cuenta porque todo puede suceder, y entonces la única opción es tener disciplina y constancia. En el ciclismo la disciplina sirve para no desanimarse por los resultados, porque si algo enseña es que al día siguiente todo puede cambiar. Traducido a la vida es eso, ¿no? La vida es como una carrera por etapas donde uno un día está muy feliz porque le salieron todas las cosas y al otro día de pronto no salen así. Yo creo que la bicicleta enseña a mantenerse con tranquilidad y disciplina para que las cosas tengan estabilidad. Así asocio yo el ciclismo a la vida.

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