el principito destacada

Título original: Le Petit Prince
Director: Mark Osborne
Duración: 106 mins.
Estreno en Colombia: noviembre de 2015

E
sta película cuenta dos historias: la historia clásica del libro que conocemos y veneramos, y la historia moderna, que recubre a la primera como una colombina con centro líquido al que llegamos después de roer un duro caramelo. Es la adaptación del clásico atemporal de Antoine de Saint-Exupéry con el que han crecido varias generaciones, y llega por fin a la pantalla grande animada con mucha expectativa y casi igual sospecha.

La primera historia, la de más afuera, es la de una niña con una madre controladora que la quiere volver adulta. La niña tiene que entrar a una prestigiosa academia, y junto con su madre planean un itinerario meticuloso en el que la niña debe estudiar durante todo el verano como su preparación escolar. Es una vida estricta, pero la niña es disciplinada y no le molesta hacer mucho trabajo y tener poca diversión. Es la historia machacada de los niños arrebatados de su infancia. Entonces entra en la historia un viejo excéntrico, el vecino loco de la casa donde viven. Y ahí es cuando nosotros entramos a la segunda historia, la de más adentro.

Resulta que el viejo y la niña se conocen y se empiezan a hacer amigos. El viejo le muestra a la niña un manuscrito de un libro que está escribiendo. El libro trata de un principito que el viejo conoció en un desierto cuando era un aviador joven. El principito le había pedido al aviador que le dibujara una oveja, luego se hacían amigos y le contaba su historia.

Ésas son las dos historias: la de la niña y el viejo, animada por computador, y la del aviador y el principito, o sea la del libro, animada en stop-motion. La niña empieza a leer el libro y poco a poco deja de lado su itinerario de estudio por pasar más tiempo escuchando las historias del viejo. Eventualmente esto les trae problemas a los dos, y también eventualmente las dos historias se unen, con un avión de por medio, y la niña resulta metiéndose en la historia del libro y conociendo al principito.

En un mundo en el que las adaptaciones de libros al cine despiertan amores y odios, en el que los fans quieren o que se respete al dedillo la narración original, o que se haga una versión moderna, nueva y fresca y libre, Mark Osborne, el director de El principito, de algún modo logra hacer las dos cosas. Por una parte reproduce fielmente una parte del libro original, y lo hace muy bien, con un stop-motion detallista y elegante como no habíamos visto en años. Y por otra parte se inventa una historia, que claro, tiene que ver con la trama del libro y de alguna manera reproduce los mismos temas: la soledad, la melancolía, el olvido y la infancia, pero que en gran parte está pobremente lograda porque no trata esos temas con sutileza estética, sino que los maltrata contando una historia condescendientemente plana y llena de clichés.

decirles a los niños que TIENEN que soñar, por medio de esa narrativa pobre, es tan grosero como decirles que no pueden hacerlo.

Hay una brecha grande entre las dos historias —y entre Antoine de Saint-Exupéry y Mark Osborne como narradores—: la de Antoine de S. E. es la de las grandezas de un niño solitario, contada a través de alegorías ingeniosas que a la larga hablan sobre el amor, la adultez y el olvido. La de Osborne es en mayor parte una cosa burda y torpe, que trata de hablar del amor, la adultez y el olvido, pero que lo hace por medio de ese chiché detestable de tratar a los niños como idiotas, contándoles la historia machacada de que hay que soñar porque eso es lo que deben hacer los niños, y que los adultos no entienden esas cosas y los van a obligar a olvidarse de sus sueños porque eso es lo que hacen los adultos. Es tan plana la aproximación de Osborne a los personajes y a los hechos que parece uno de esos libros para niños que dan ganas de tirar a la basura por empalagosos y predecibles: la madre es una bruja que no quiere que su hija sea una niña, la niña no sabe cómo ser niña, y el viejo le enseña a la niña a ser niña, y al final todo es hermoso. En últimas, decirles a los niños que TIENEN que soñar, por medio de esa narrativa pobre, es tan grosero como decirles que no pueden hacerlo.

La película lucha entre estas dos formas de narrar, la estética sutil y la burda fea, hasta que ambas se funden en un intento de Osborne por unificarlas. El resultado es fofo, y el cuarto acto sobra en una cinta que después de la hora y media ya vamos sintiendo demasiado larga. Pero no todo es un desperdicio. Entre esa idiotización deliberada de la niñez encontramos una animación por computador muy bien hecha, y unas secuencias emotivas y bien estructuradas (como una de la niña corriendo bajo la lluvia), y claro, la historia del principito en stop-motion es siempre un salvavidas que no nos deja hundir en la renuncia. Pero lo que salva a la película de la perdición, lo que hace que uno salga del cine pensando que valió la pena, es la banda sonora estelar de Hans Zimmer y Richard Harvey, con apariciones de la cantante francesa Camille. Nos hace sentir la historia de El Principito, nos hace creer con intensidad las partes buenas y nos hace creer que no son tan malas las partes malas.

Al final del día no es una película que compita con las mejor logradas de Pixar o Dreamworks, pero tiene encanto y entretiene lo suficiente como para sentir que valió la pena verla. No es una historia que será un clásico, como el libro El principito, pero tampoco es un ofensa imperdonable que lo deshonre para siempre.

El principito

7

Calificación

7.0/10

Por qué Sí

  • Por el stop-motion impresionante en el que se cuenta la historia del libro. Por momentos emotivos en la historia global y por la relación entre la niña y el viejo, que pese a todo la siente uno como genuina y bien lograda. Por una banda sonora impecable, que endulza los momentos amargos de la película.

Por qué No

  • Por esa noción vacía y pobremente contada de que los niños tienen que ser una versión empalagosa de lo que los adultos creen que deben ser. Por el personaje plano de la mamá, que es sospechosamente demasiado parecido en la cara a Elsa de Frozen. Por el cuarto acto, pobremente logrado, que hace que la película se sienta demasiado larga.

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