Premio Alfaguara 2014

El pasado 20 de marzo se le entregó a Jorge Franco el XVII premio Alfaguara de novela. Es el tercer colombiano en ganar este premio en diez años.

Fue en horas de la mañana, y lo vimos en vivo por streaming. A Jorge Franco, reconocido por escribir novelas como Rosario Tijeras y Paraiso Travel (que se adaptaron decorosamente al cine) le entregaron uno de los premios más codiciados en el mundo literario iberoamericano. La ceremonia tuvo las torpezas comunes de los hombres y mujeres de letras que no son muy buenos en los escenarios públicos ni en los eventos de márketing: la organización y la logística se vieron ligeramente improvisadas; el evento no fue, naturalmente, exageradamente entretenido o emocionante; y los oradores se tomaron más tiempo del asignado para decir lo que tenían que decir.

Así y todo la ceremonia salió a flote y Jorge Franco recibió la noticia de su premio en las oficinas de Alfaguara en Bogotá, mientras que en España un jurado liderado nada menos que por Laura Restrepo (otra colombiana ganadora del premio en 2004) sólo tenía halagos para la novela del paisa titulada El mundo de afuera.

La narración se trata, al parecer, del secuestro de un acaudalado hombre en el Medellín de los años 70. El criminal que secuestra al hombre pide una millonaria suma de dinero a cambio de su libertad, pero además tiene un interés amoroso por la hija del secuestrado, una chica rubia llamada Isolda (un detalle coqueto) que se escapaba desde pequeña de su castillo en Medellín para ir a jugar al bosque. Toda una historia con tintes de cuento de hadas que se enmarca en una violencia histórica muy real de la Colombia de hace unas décadas.

A los queridos lectores de E.P.: consideramos que en este punto no es necesario hacer juicios de valor sobre si Jorge Franco es un buen o un mal escritor y si merecía ganar el premio; lo mismo va para si lo ganó en franca lid o si el premio Alfaguara es uno de los que siembra a los autores “de la casa” para ganar como un cálculo comercial (el primer punto es largo y subjetivo y el segundo es difícil de probar). A cambio, les ofrecemos una reflexión pequeña sobre el premio y sobre la literatura colombiana que lo ha ganado consistentemente en la última década.

Laura Restrepo ganó el premio en 2004 con Delirio, una historia sobre locura y amor en el marco de la Bogotá de los años 80, en la que la aristocracia bogotana decadente y no decadente se perpetuó lavándole dinero de narcotráfico a Pablo Escobar. Luego, en 2011, Juan Gabriel Vásquez ganó el premio con El ruido de las cosas al caer, que narra en retrospectiva la vida de un hombre que hizo parte de los primeros grupos de narcotraficantes en avión en la década del 70, antes del boom de la cocaína, y de su historia de amor, vida y muerte. Todo desencadenado en la memoria por la fuga de un hipopótamo del antaño zoológico de Pablo Escobar. Ahora, en 2014, Jorge Franco gana con El mundo de afuera, que también tiene que ver con Medellín y los años 70, en una especie preludio a la violencia que habría de azotar a esa ciudad y al país sólo unos años más tarde.

Habría que aclarar que estas novelas (al menos las dos primeras, hasta ahora) no son solamente la enunciación de un tema: Delirio es una maravillosa narración de pícaros, amantes y locos, con un toque gángster; y El ruido de las cosas al caer es una novela aceptable que trata la memoria, el amor y la amistad de maneras emotivas. Ahora bien, son tres novelas premiadas en 10 años que tratan este tema particular, concerniente a aquella ciudad particular, en un marco de tiempo muy preciso (años 70 y 80). Todas tratan la violencia del narcotráfico, con referencias a la figura de Pablo Escobar (por lo menos las dos primeras), y los personajes que se aferran a la vida pese a sus circunstancias de violencia.

¿Habrían ganado premios Alfaguara de novela si no se trataran de Pablo Escobar, el narcotráfico, y la violencia en Medellín asociada a esas dos figuras? Ahí hay una pregunta legítima. Parece que para el público extranjero hay dos tipos de literatura en Colombia: La tipo “realismo mágico” y la tipo “sicaresca / narcotráfico / Pablo Escobar”. Ambas son las que tienen un alcance global, así como la publicación del premio Alfaguara. La contraparte de esto es una voz de hastío relativamente generalizada respecto a este tipo de narrativas, que clama que hay más literatura en Colombia que la de esa violencia específica. Naturalmente, y sea cual sea nuestra posición al respecto, todos esperamos que la forma y la destreza literaria estén siempre por encima del tema, sea éste o no taquillero comercialmente.

Y esto nos lleva a otra pregunta legítima: ¿La buena literatura usa como excusa estos temas para su existencia, o acaso estos temas son una barrera, un impedimento, para que la buena literatura avance hacia otros ámbitos y sea aceptada en otros contextos? En nuestra humilde opinión puede que ambos escenarios sean posibles, sin ser necesariamente excluyentes entre sí. Tal vez ya estuvo bien de ganar premios literarios a costa de Pablo Escobar y el narcotráfico, pero tal vez las narrativas fuertes tengan que ver con una memoria colectiva y unos temas que todavía están presentes y con los que no hemos terminado de lidiar, y que son necesarios para tratar desde la literatura y el arte.

Sea cual sea el caso, no cabe duda de que estos tres premios en diez años ponen un nuevo foco de luz internacional sobre la literatura colombiana, y sobre una nueva generación de escritores en formación, ya sea para que perpetúen estas narrativas, o para que las asesinen. Por ahora, le extendemos la enhorabuena a Jorge Franco, y a ustedes les quedamos debiendo la reseña crítica sobre su nueva novela.

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