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El pintor debajo del lavaplatos fue el libro más vendido del pabellón de Portugal como país invitado de honor en la Filbo 2013. De la pluma de un autor desconocido en Colombia, proveniente de una tradición literaria muy poco leída en nuestro país (más allá de Saramago y un poco Antunes), y publicada por una editorial independiente, esta novela arrasó en las cifras y se llevó por delante a las publicaciones comerciales mejor vendidas del 2013. Acá nuestra reseña.

La novela cuenta la historia del pintor eslovaco Josef Sorz desde su niñez hasta su adultez, pasando por el momento en el que tuvo que esconderse debajo de un lavaplatos en Portugal para huir de la caza de judíos indocumentados. Un artista por naturaleza, o más bien por fatalidad, Josef Sorz observa el mundo y lo que ve lo maravilla y lo hiere profundamente al mismo tiempo. Desde su niñez se obsesiona por dibujar ojos abiertos y ojos cerrados, y su obra artística posterior gira alrededor de esta idea en la que el mundo, los diferentes mundos, existen para quien quiera y pueda o no verlo(s). La trama trata los hechos vividos por Sorz en la primera mitad del siglo XX: su familia, su amada, sus amigos y sus protectores, las dos guerras que azotaron Europa, la huida a Los Estados Unidos y el regreso a un viejo continente infestado por ideales nazis con la esperanza de reencontrar a su madre.  Y finalmente, el lavaplatos que lo ha estado esperando toda una vida.

Afonso Cruz nos trajo hace un año esta novela breve llena de dolor y ternura. Está hecha de capítulos cortos y acompañada de ilustraciones dibujadas por la mano misma del escritor, y el formato es uno en el que la historia corre paralelamente con una especie de aforismos sobre el oficio del artista, el amor, la muerte, los seres queridos, y en general, el mundo que nos rodea. Este tipo de narración sentenciosa, planteada en otros términos, sería insufriblemente cursi y empalagosa, pero por la narración de Cruz, justa y contenida en sí misma, no puede sino resultar tiernamente honesta a los ojos del lector. Hay en la novela identificación con el personaje y con sus tristezas, así como con sus alegrías. Hay un escenario que está bien construido y hay unos deseos, unas frustraciones y unas pequeñas felicidades que nos hacen simpatéticos con las vivencias de Sorz, y con la manera particular en la que Afonso Cruz nos lo presenta:

El ojo izquierdo, que parecía una luna menguante, reveló que iba a ser artista.

‘¿Como los del circo?’ preguntó el mayordomo.

‘No, como los otros’.

La señora Sorz comenzó a sollozar cuando oyó esto, pues no hay nada más triste que ser un artista y mirar el mundo como si uno lo estuviera viendo por primera vez”.

Una falla con el ritmo narrativo empaña la segunda parte de la novela, que se siente demasiado atropellada, demasiado afanada por cerrarse y por desenlazarse de un tirón. Y sin embargo, este tropiezo no impide la satisfacción y la conmoción del lector al pasar la última página del libro; pues El pintor debajo del lavaplatos es, finalmente, la puesta en palabras del tormento del artista verdadero, aquel que ve tánto y por lo mismo puede ver tan poco, aquel a quien la luz intensa del mundo ilumina, maravilla, hiere y enceguece. Es una historia potente, que es exitosa en ser particular como lo es en ser universal para quienquiera que la lea.

El éxito en ventas de esta novela en la Filbo 2013 puede atribuirse al contenido mismo de sus páginas, pero sería injusto achacarlo solamente a esto. Hubo otras sinergias que colaboraron  en el triunfo de El pintor; a saber:

  1. La presencia del autor mismo en los eventos de la Feria y en los eventos circundantes: Cruz es un autor que fácilmente puede relacionarse con aquello que escribe, y eso lo hizo mediáticamente muy apetecido durante su estadía en Colombia.
  2. La gestión y organización de Portugal como país invitado de honor: el gobierno portugués y sus instituciones afiliadas en los dos países hicieron su tarea impecablemente, y una gran parte del éxito de esta novela se debió sin lugar a dudas a la sumamente satisfactoria visita de Portugal a Colombia durante la Feria.
  3. Finalmente, una traducción y un trabajo editorial sumamente juiciosos: Tragaluz es una de las editoriales independientes que más se toma en serio la pulcritud de sus textos y la materialidad de los libros que los contienen. Aprovecharon su buen olfato editorial para reunir la literatura portuguesa como éxito coyuntural con un autor atractivo y una novela muy buena para anotar este gol en un mercado muy difícil, muy acostumbrado a lo comercialmente conocido y publicitado.

Que El pintor debajo del lavaplatos fuera el libro más vendido del pabellón de Portugal durante la Filbo 2013 es un hecho que no es de ninguna manera gratuito. Muy merecido lo tuvieron el autor, el país invitado y la editorial. Queda ver cuál será el libro mejor vendido del pabellón de Perú en la Filbo de este año, y las razones que habrán de llevarlo a alcanzar este codiciado título.

Por qué SÍ El pintor debajo del lavaplatos: porque puede ser terriblemente sobrecogedora, cruel y tierna al mismo tiempo. Porque es una metáfora acertada sobre los tormentos y alegrías de un artista, que a menudo no son excluyentes los unos de las otras.

Por qué NO El pintor debajo del lavaplatos: porque aunque es muy buena, podría ser mejor, con un ritmo narrativo más desarrollado en la segunda parte; y porque la cubierta del libro se ensucia terrible e inevitablemente, y esto causa tristeza. En serio.

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