el mundo de afuera

Autor: Jorge Franco.

Editorial: Alfaguara.

Publicación: abril de 2014.

Precio: 39.000.

El mundo de afuera es la menor de tres hermanas colombianas que hacen parte de la familia de ganadoras del Premio Alfaguara de Novela. La primera fue Delirio de Laura Restrepo (2004), la segunda fue El ruido de las cosas al caer  de Juan Gabriel Vásquez (2011), y ahora ésta de Jorge Franco en 2014, que se anunció el pasado marzo (para leer un artículo sobre los colombianos ganadores del Premio Alfaguara haga click aquí.

El jurado que entregó el premio, presidido por la misma Laura Restrepo que lo ganara hace una década, dice así en su acta de entrega: “El jurado quiere destacar que la obra premiada narra un desquiciado secuestro, en un ambiente progresivamente enrarecido mediante la combinación original  de elementos de fábula y cuento de hadas, y rasgos expresivos de un momento de violencia y crisis”. En otras palabras y para los lectores globales de literatura colombiana: Medellín, Secuestro, Años 70 (casi Pablo Escobar).

Pero sacudámonos por un momento esas generalizaciones y exploremos más a fondo la trama: la novela narra el secuestro de Don Diego, un acaudalado hombre de la ciudad de Medellín que vive en un castillo proto-traqueto con su alemana esposa Dita y su bellísima hija Isolda, quien vive encerrada bajo órdenes de su padre. La historia de Don Diego se va tejiendo poco a poco con pasajes intertemporales de su estancia en la Alemania de la posguerra, donde conoce a su esposa; de su regreso a Medellín y la construcción de su castillo y su vida familiar con Dita e Isolda; y de los momentos vividos durante su secuestro, que son mayormente conversaciones sostenidas con su captor en una cabaña. Por la otra parte se narra la historia del Mono, el secuestrador de Don Diego, que es un bandido sensible y civilizado que anda por ahí narrando versos del poeta Julio Flórez. El secuestro de Don Diego es para el Mono el golpe que habrá de asegurar su jubilación, pero es también una forma de acercarse a la idea de Isolda, la princesa encerrada, a quien ha amado en secreto desde su infancia. Alrededor del mono están sus secuaces incompetentes e inconformes, su chica Twiggy y un misterioso muchacho al que el Mono anda comprándole cosas. Y En medio de todo está Isolda, que lidia con su encierro inventándose mundos de cuento de hadas en el bosque aledaño a su castillo, un poco a lo El laberinto del fauno, mientras unos niños la ven crecer escondidos entre los arbustos.

No podemos decir que la trama no es interesante, o que por lo menos no sea taquillera. La contratapa del libro  reza en una cita de Laura Restrepo «Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa». Pero a pesar de esta publicidad, asistimos durante la lectura de este libro a una historia simplona, que coloca múltiples personajes en escena pero que no sabe cómo desarrollarlos satisfactoriamente, y sobretodo, que ignora completamente cómo entretejer un hilo con el otro para armar una trama resistente. Asistimos a un remiendo hecho de retazos de diferentes colores.

Pero no seamos injustos; El mundo de afuera es una novela bien escrita que uno se lee de principio a fin con interés, sin tener ganas de tirar el libro por la ventana. Tiene un buen uso de la extensión de los capítulos, unos diálogos mayormente bien logrados y su mayor atributo es el uso de una narración cinematográfica para la construcción de los escenarios, que nos hace sentir dentro de la historia como si estuviéramos en una sala de cine (algo que ya hemos visto de la mano de Jorge Franco en Rosario Tijeras y Paraíso Travel).

Ahora bien, de ninguna manera es una “deliciosa sorpresa”. Esta novela comete errores garrafales como jugársela por personajes deliberadamente absurdos buscando un humor que encuentra muy poco, y a veces nada. Los personajes no se desarrollan a lo largo de la narración, y no son suficientemente interesantes por sí mismos como para que valga la pena que existan porque sí, sin buscar un desenlace satisfactorio; no logran ser atractivos y no logran despertar simpatía, empatía o identificación por parte del lector. Hay subtramas de adorno que no hacen absolutamente nada por el bien de la historia, y son estorbos sin salida en el camino del lector. Hay cursilerías recurrentes del tamaño de: “Agarró una almohada y la abrazó, se dio media vuelta y vio las copas de champaña. Y sobre la alfombra vio la mancorna de don Diego, reluciente y sola, como una estrella”. Pero el peor error de todos, el que nos hace decir que entregarle a Jorge Franco el premio Alfaguara fue una pifiada, es que el personaje principal, Isolda, que es el que supuestamente anuda las tramas y es el punto límite entre el susodicho mundo de hadas y la realidad de Medellín en su época, sea un personaje absolutamente inservible y completamente prescindible para la trama: a diferencia de los cuentos de hadas, aquí que la princesa salga al bosque y se invente criaturas no lleva a ningún lado, ni para la princesa, ni para su padre, ni para sus pretendientes. De hermanos Grimm sólo está el gancho publicitario mentiroso. Esto, sumado a un narrador que ni fu ni fa cuya historia dentro de la novela es un mosco en leche, hace pensar que todo este libro y el premio que le otorgaron sea un mal chiste, no de la trama sino de su autor y de la casa editorial.

El mundo de afuera falla en contar una historia que represente o se aproxime con ingenio a un momento histórico de transición en Medellín. Falla en contar un historia literariamente sostenible por su calidad. Falla en mezclar fantasía y realidad. Y falla en hacer un pastiche de las películas y los personajes de los hermanos Coen. Es una historia superficial de un secuestro que uno lee sin quejarse pero que no deja nada una vez cerrado el libro. De las tres hermanas colombianas que han ganado el premio Alfaguara de novela, esta es definitivamente la menor, porque llegó tarde y porque no dio la talla.

Por qué Sí El mundo de afuera: Porque es una lectura de vacaciones amena para leer en la playa, que entretiene lo suficiente sin inquietar demasiado. Por las construcciones cinematográficas bien logradas que son las mismas que permitieron adaptar decorosamente Rosario Tijeras y Paraíso Travel. Y por uno que otro diálogo bien logrado.

Por qué No El mundo de afuera: Porque miente y promete cosas que no cumple. Porque los personajes son planos y menos chistosos de lo que pretenden. Porque la trama no se anuda y porque muchas de las subtramas son adornos inútiles. Porque es de lo menos bueno que ha escrito Jorge Franco y porque, en nuestra opinión, no se merecía el premio Alfaguara.

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