Ilustración por Sergio Rodríguez

Ilustración por Sergio Rodríguez

El primer minuto de este año, mientras masticaba con afán las doce uvas y me colgaba la maleta para salir a darle la vuelta a la manzana, me llegó un pensamiento inocente: “¡Qué chimba que este año hay Mundial! Vienen la euforia, la incertidumbre, las ansias y el vértigo; viene el ejercicio geográfico de conocer y aprenderse los nombres y las caras de los futbolistas internacionales; viene el álbum con sus monitas, los intercambios y la delicadeza al pegarlas; viene el “Magno Evento”, la apoteosis del juego visceral, el zambombazo de las gargantas, en fin, la joya de esa corona que es el deporte”. Así, permití que mi inocencia se fuera alimentando de la expectativa y traté de convencerme del éxtasis por venir. Sin embargo, muy en el fondo, algo olía a picho; era una basurita similar a la que se encuentra en cosas como la Dimayor, la Conmebol, la UEFA y la “Cosa Nostra”.

Fueron pasando suavemente los meses y el ambiente se contagió, poco a poco, de la exacerbada “fiebre mundialista”: primero salieron las camisetas amarillas de la “Three Stripe Company”. Antes de su comercialización, chiviada y original, se  filtraron en la web un par de imágenes tomadas por algún modisto (o modista) vietnamita traidor a Adidas. El revuelo no se hizo esperar. Por fin las pusieron en las vitrinas (de lugares como Atlantis y San Victorino) y los más osados pidieron la módica suma de $169.900, un poco más de la cuarta parte del salario mínimo. Pero como aquí “para los gustos los colores”, el amuleto patriótico-mundialista se podía encontrar desde unos sencillos 15.000 pesitos negociables. Según muchos, las versiones más económicas tenían defectos como que las mallas de las mangas eran más grandes de lo debido o que el cóndor de atrás no era lo suficientemente andino o que el sombrero “vueltiao” de la franja azul no se definía con un incomparable aire sinuano. Sin duda estas eran características determinantes, motivos de sobra para trasnochar.

Luego apareció (y aún hoy no desaparece) el show, la paranoia y el desespero por Radamel Falcao García y su destruido ligamento anterior cruzado. Como era casi imposible que el jugador fuera a Brasil, el país del Divino Niño entró en pánico y encomendó a los medios de comunicación que esparcieran cada mínimo detalle de la lesión y de su evolución. La ortopedia nunca fue tan importante en Colombia. Todos nos volvimos expertos en la rehabilitación de las articulaciones inferiores gracias al cubrimiento ejemplar de prensa, radio y televisión. La insípida sección “Cita con el Especialista”, del noticiero del Canal Caracol, finalmente tuvo audiencia considerable, y encima fue añadida a la de los deportes liderada por el rasurado Javier Hernández Bonnet; todo un lujo del Prime-Time.

Al tiempo que aprendíamos de ligamentos, rótula, fémur, tibia y peroné, fue asomándose el tan esperado álbum. Como los afiebrados nunca han faltado y como ahora muchos tienen casa, carro y beca, miles de individuos se bajaron de $120.000 para comprar la caja de monas. Esto hizo que el intercambio durara relativamente poco y que los que comprábamos sobre por sobre quedáramos rezagadísimos, llegando al punto de mendigar las monitas repetidas de los “duros” del Panini. Claro, más de un haragán aún tiene sus repetidas en el cajón de la mesita de noche, no lo duden.

Junto con el álbum llegó una inmensa cantidad de inconformidades de la preocupada audiencia futbolera. Que “si Franck Ribéry no va al mundial ¿por qué hay una lámina de él?”; que “el álbum es un pedazo valiosísimo de historia que no puede tener inconsistencias y es el colmo que engañen al cliente de esa manera”; que “¡Nasri tampoco va y lo tengo repetido!”; que “¡Amaranto Perea es un paquete y no quiero tener su cara en mi álbum!”; que “el Arena Corinthians no va a estar listo para la inauguración”; y tantos disparates más. El furor de semejantes discusiones era avivado por la incipiente prensa deportiva que, gracias a tanto trino y tanto “Like”, adoptó gustosamente el rol de las chicas cool de las secciones de farándula. Así, no fue difícil encontrar más protagonismo de los líos de faldas y los abdominales marcados que de las gambetas y los remates.

Mientras hervían las vísceras de los fanáticos, algo horripilante estaba terminando de ser cocinado en los cuarteles de la FIFA, ubicados en medio de los “tradicionalmente neutrales” Alpes suizos: Se suspendió el poder legislativo de Brasil, se derogó la ley anti-alcohol vigente para los estadios de fútbol, se aplicaron leyes alcahuetas a los patrocinadores y se levantaron a fuego los barrios que no encajaban en la imagen de fiesta y carnaval digna de vender. El vapor de esta mezcla desagradable me fastidió desde el primer día de este año y aún hoy, con tanto toque-toque y tanta red inflada, no se va del todo.

El fútbol puede no ser el deporte más bonito ni estilizado del mundo, puedo reconocer eso, pero sí es el primero en vértigo y emoción. Su rusticidad y sencillez lo hacen fácil de comprender para cualquier espectador, su pelota mediana y rebotona engatusa hasta las miradas más distraídas, y la prohibición del uso de los brazos y manos para controlar el balón permite un espectáculo de habilidad y coordinación fenomenal, un desafío a la comodidad corporal. Estas bendiciones han hecho del “fucho” el juego más popular y afamado, tanto que con la puerta de la alcoba y un par de medias enrolladas se puede armar un picado.

Ahora, la popularidad y la fama son monedas de dos caras: Por un lado, aficiones inagotables, amor fervoroso, creación y reproducción de identidades variadas, estereotipadas pero con sentido. Por otro, dinero… Y dinero muy fácil. Cuando se anuncia al mundo la realización del campeonato más importante del deporte más amado, rechinan las cajas registradoras, sobre todo la de la FIFA. Esta es una entidad que, además de regular el deporte, se adueñó de él y de la absurda idea de lo “oficial”:

  • Official licensed album.
  • Official Mascot of the 2014 FIFA World Cup Brazil.
  • Official Emblem of the 2014 FIFA World Cup Brazil.
  • Official FIFA Online Store.
  • Official Draw 2014 FIFA World Cup Brazil.
  • Official Timekeeper of the 2014 FIFA World Cup Brazil.
  • 2014 FIFA World Cup – Official TV Opening.
  • Official Match Ball of the 2014 FIFA World Cup.

Y si no es oficial no vale. Por dar ese estatus de “oficial”, la FIFA le hizo a Brasil “una oferta que no pudo rechazar”, al mejor modo Corleone: -“Ustedes organizan y compran todo, arreglan aquí y cambian allá, y las ganancias del patrocinio y de las entradas son para nosotros” – Bueno, y ¿qué ponen ustedes?, preguntan los brasileros – Responde la FIFA: “Nosotros ponemos lo más importante… El fútbol, y no cualquier fútbol… El fútbol “oficial”. Nada que hacer.

Desanima que la alta dirigencia futbolera trate al fútbol como arma de chantaje, como mercancía que se vende al mejor postor. La FIFA tiene la ventaja de que la pelota no va a dejar de rodar “oficialmente” en el horrible escenario de publicidad multicolor y hostigante que montaron en Brasil. A nosotros, simples fanáticos, nos queda ver este campeonato mundial lleno de goles y de gente; que esa emoción sirva para confiar en el juego y no en la corporación, en lo espontáneo y no en lo “oficial”. Al fin y al cabo el fútbol es tan bello que hasta disfrazado enamora.

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