EL hombre que no fue jueves destacdo


Título:
El hombre que no fue jueves
Autor: Juan Esteban Constaín
Editorial: Random House
Publicación en Colombia: 2014
Precio: 45.000 pesos

En la portada de El hombre que no fue Jueves, de Juan Esteban Constaín, la silueta del masivo Gilbert K. Chesterton (1874-1936) está plantada frente a la capilla sixtina en lo que parece una noche donde el cielo fue difuminado por la mano del ilustrador para parecer brumosa, para sugerir dudas y misterios. Atrás, los textos de la contraportada prometen un escrito delirante, contagioso y reparador.

En su libro, Constaín relata los intentos de canonización del escritor británico G.K. Chesterton y uno en el que él mismo estuvo involucrado. Como una especie de Robert Langdon (el protagonista del Código da Vinci) contratado para traducir y reconstruir el misterioso texto de la causa de la canonización de Chesterton ante el Vaticano. La historia, nos cuenta, comenzó en 1929 cuando la Iglesia contactó a Chesterton para obtener su ayuda en las causas de santificación de otras personas, causas que para esa época eran muchas, pues era la manera en que la Iglesia había decidido engrosar su redil sin importar que hubiera que canonizar a un pueblo entero o a un par de mujeres de dudosos méritos. La novela enmarca el concepto de santidad dentro de una franja gris, en la que sus méritos o causas se hacen mundanos y corrientes. Allí todo parece ser cuestión de interpretación. Y en esa misma franja de ambigüedad debería caber esa distinción entre ficción y realidad que Constaín sugiere en sus epígrafes.

Constaín describe con muchos detalles las historias alrededor de esos papeles y de quienes los escribieron. Constain es un buen narrador, enlaza con mucha facilidad los nombres implicados en esa historia, y se mueve muy bien entre tantos datos, cosa que exige erudición y moderación para disponer de ellos. También, puede contar historias divertidas como el estupendo primer capítulo, una recreación de la huida de Casanova de su cárcel en Venecia, de la mano de un clérigo (una historia sin embargo sutilmente relacionada con el resto de la novela). Con solvencia, Constaín puede ir de un lado a otro en la historia, desde la habitación de Benedicto XVI hasta la juventud de Chesterton en Londres. Constain sabe contar historias, sin duda.

Entre los relatos de esas causas, las infidencias de Benedicto XVI, y una que otra anécdota sobre Constaín mismo (su afición a McCartney y al Correcaminos), a mi modo de ver, este libro es más carreta que literatura. Los elementos que en alguna medida hacen la literatura, los personajes, sus conflictos, el mundo en que viven no estan presentes en El hombre que no fue Jueves. En vez de un lugar que haga parte de las relaciones de los personajes, que incida en sus experiencias, hay es un puñado de postales de ciudades italianas. No hay personajes, salvo estereotipos de ingleses, italianos y alemanes (los italianos no respetan las normas, los alemanes solo comen sauerkraut y los ingleses tienen ingenio o wit). Hay erudición, sí, pero que no ilumina, no va más allá del dato o la curiosidad, como que Percy Thrillington fue un invento de McCartney para ventilar sus rayes con Lennon, o sobre la biblioteca de Aby Warburg. Chesterton, que debería tener mas peso en la historia, no tiene ninguno de los atributos que tanto aprecia Constaín. Le falta el humor, el ingenio, la polémica, las paradojas. En manos de Constaín, Chesterton es apenas esa silueta que muestra la portada de su libro. Es un tipo bueno, un cristiano verdadero, como dice Constain, pero sin sustancia, un caldo sin hueso. Y así, con estos personajes y una ligereza sobre la otra, este libro se ganó el premio Biblioteca de narrativa colombiana.

La distinción entre realidad y ficción que pretende difuminar este relato se queda apenas en los epígrafes que su autor escogió: uno de Chesterton que dice “La realidad es un lujo, la ficción una necesidad” y el otro de Eliot, “La humanidad no puede soportar mucha realidad”. En tal caso la ficción debería ser mas rica, debería ser un paralelo a la realidad y señalar sus puntos mas frágiles y los más sólidos.

En las reseñas de sus obras y también en comentarios sueltos, autores como Ricardo Silva, Juan Gabriel Vasquez (los mismos hablando de los mismos) señalan la erudición de Constaín, admiran su prosa “impecable”, recuerdan su conocimiento exacto de los clásicos, de que domina siete lenguas (vaya, qué culto). Ni su prosa es tan impecable (por ejemplo, desde cuándo un cielo está “plagado de estrellas” (¿cuándo fueron cosas nocivas e indeseables las estrellas?), amén de otros clichés), ni su cultura tan admirable. Esto es un buen cuento pero no es buena literatura.

Por qué Sí El hombre que no fue jueves: porque el relato es ágil y muestra un episodio que a primera vista sería raro en la historia de la Iglesia católica. Es raro imaginarse a un escritor de una influencia tan duradera en algún día del almanaque del Divino Niño.

Por qué No El hombre que no fue jueves: porque la obra tiene digresiones irrelevantes y la presencia de Constaín, alrededor del cual parece girar todo, cansa.

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