El edificio destacada

Título: El edificio
Autores: Del texto – Jairo Buitrago. De las ilustraciones – Daniel Rabanal
Editorial: Babel Libros. — De la edición digital: MANUVO
Género: Libro álbum – Novela gráfica
Publicación en Colombia: 2014
Precio: 30.000 COP.

Un buen libro siempre es la unión afortunada de varias partes. A pesar de lo que digan los fanáticos del texto, las palabras y lo que ellas cuentan sólo son algunas piezas del conjunto que engrana el producto final que se entrega al lector. Un buen libro es como un buen vino —aunque esto suene inapropiado en la reseña de un libro “para niños”—: tiene que experimentarse con los cinco sentidos. Se escucha, se palpa, se mira, se huele; hasta se saborea. Y cada una de las partes que llaman a los sentidos no sólo tiene que ser buena en sí misma, sino que tiene que empalmarse en perfecta sincronía con las demás partes. El todo resultante tiene que sentirse orgánico, natural; las costuras no deben poder verse. Debe ser como degustar un buen vino y funcionar con la eficiencia de un reloj suizo. Este libro se trata de relojes, o más bien de un relojero que ve pasar el tiempo de una ciudad; pero indirectamente se trata de cómo hacer un buen libro, de cómo saber usar los ingredientes apropiados y juntarlos de la manera correcta.

Se llama El edificio y fue publicado el pasado noviembre por la editorial colombiana Babel Libros, con autoría de los textos del colombiano Jairo Buitrago y de las ilustraciones del argentino Daniel rabanal. La historia es más o menos así: Bogotá en los años 30 del siglo pasado. Es una ciudad de antes, de cuando todavía se viajaba en tren. Por el centro de la ciudad van los tranvías, los carros de época y las personas vestidas elegantemente a la antigua, con bonetes, gabardinas y sombreros. La arquitectura Deco florece alrededor de la estación de La Sabana y del Teatro San Jorge, en lo que los bogotanos llamaríamos el barrio La Favorita, pero que cualquier ciudadano nostálgico de otra parte identificaría como una ciudad “de los buenos viejos tiempos”. A esa ciudad llega a instalarse un relojero llamado Levin, quien monta su relojería en un edificio donde también vive la señora Blanca. Ambos viven en el edificio durante décadas, y ven las calles deteriorarse, las paredes envejecerse y descascararse y a los vecinos venir e irse. Hasta que cuarenta años después llega a vivir al edificio un chico llamado Iván; un niño del presente, que trabará algo así como una amistad con el ahora anciano señor Levin. Aunque más allá de sus personajes, la protagonista del libro es la ciudad que cambia con el paso del tiempo, que por encima de ser narrada encuentra la forma de narrarse a sí misma en sus calles, en los vestigios del pasado y en el deterioro del presente.

El edificio 1

Este libro tiene una fuerte carga testimonial, porque no habla solamente del paso del tiempo, sino del paso del tiempo en un lugar con nombre: Bogotá. Jugar con esto es difícil y más en un libro para niños, donde es común que los autores se agarren de elementos testimoniales, históricos o pedagógicos y didácticos para presentar un libro estéticamente mediocre. Pero éste no es el caso de El edificio. Primero por la delicadeza narrativa de Jairo Buitrago, quien tiene experiencia en balancear efectivamente historias legibles y atractivas con temas profundos —como ejemplo está su conocido Camino a casa, la historia de una niña que anda por ahí caminando con un león, que al mismo tiempo es una forma de abordar las personas desaparecidas en Latinoamérica en los años 80—. Y por otra parte está la destreza visual de Daniel Rabanal, que mezcla muy bien la investigación fotográfica y documental de la arquitectura bogotana con la composición propia de un buen cómic —no es coincidencia que su profesión sea arquitecto y su oficio caricaturista e ilustrador—.

El edificio 2

El resultado entonces es que ambos logran que pasemos las páginas del libro y veamos pasar el tiempo ante nuestros ojos. Más allá de la obviedad bonita de un relojero que marca el paso del tiempo, el libro está lleno de detalles inteligentes que se integran en el todo haciéndolo más y más suculento: el uso del blanco y negro y del color en momentos clave de la historia; la narración pausada y respirable que acompaña las imágenes; la composición tipo cine – cómic de las vistas de los edificios y los personajes; una cita bíblica muy bien puesta; y sobre todo la capacidad de observación de que las paredes saben contar su propia historia, con los avisos y letreros, con una ventana rota, con un alféizar de cierto estilo, con una grieta vieja.

El edificio 3

Aunque el libro podría ser todavía mejor (el ritmo narrativo se interrumpe con la entrada del niño en la historia y la caligrafía de la narración escrita no es la adecuada), puede decirse sin temor a equivocación que es sólido, entretenido y sustancioso. De esto es altamente responsable la edición juiciosa de Babel Libros, que usó unas dimensiones muy cómodas para el tamaño del libro, lo mismo que una impresión y un papel buenos (de factura colombiana) con un precio realmente justo para el lector. Solamente ver las guardas del libro con la imagen del teatro San Jorge es ya una alegría editorial.

El edifico 4

Sumando todas las partes y viendo cómo funcionan juntas, vale decir que El edificio funciona como un reloj Suizo. Es un triunfo literario y editorial, y aunque es un triunfo silencioso porque en Colombia la crítica literaria es casi inexistente y la crítica de literatura infantil es poco menos que nula, no deja de ser un triunfo silencioso grande.

El edificio

9

Calificación

9.0/10

Por qué Sí

  • Porque pocos libros de este género saben dar la melancolía honda y bella que deja la lectura de El edificio. Porque la combinación atinada de texto e imágenes lo hacen una obra idónea para un niño de seis años, para un adulto de sesenta y para un arquitecto de treinta y cinco. Por el cuidado de la investigación documental y de la edición, y por un precio justo que ya se ha convertido en una política que hay que celebrarle a su editorial.

Por qué No

  • Por una caligrafía inapropiada, que funciona bien en los globos de diálogo pero que se ve fea y fuera de lugar en las líneas del narrador. Por unas pequeñas fallas de ritmo hacia el final de la historia. Y por la versión digital del libro, que aunque se promete en App Store y Google Play, no es posible encontrar porque no ha salido o porque está muy escondida. Es una pena porque el tráiler deja entrever un trabajo digital muy dedicado, con música de la banda bogotana Los elefantes.

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