El dador de recuerdos Lois Lowry, Phillip Noyce, Jeff Bridges, Brenton Thwaites, Jonas, The Giver, Revista El Parcero

El libro 

“El dador” de Lois Lowry (+ info)

La película

“El dador de recuerdos” dirigida por Phillip Noyce (+ info)

Algo muy raro pasa en la novela juvenil adaptada a cine recientemente «El dador de recuerdos”. Se toman elementos de la guerra y de la navidad como componentes inherentes e interdependientes. Se podría recordar algo que pasó en plena primera guerra mundial para entender cómo se parece “El dador” con la realidad. En 1914 los soldados se reunían en navidad en sus trincheras con sus enemigos: las adornaban, cantaban villancicos, intercambiaban regalos, jugaban fútbol y enterraban a los que estaban por ahí muertos.

“El dador de recuerdos” muestra algo parecido: el extraño fenómeno de cómo la tristeza contiene alegría. La película se estrenó en agosto en Estados Unidos y llegó a Colombia en septiembre. La novela fue escrita por la señora Lois Lowry en 1993. Hace parte de una serie de libros “En busca del azul” (2000), “El mensajero” (2004) , “El hijo” (2012): historias paralelas que continúan “El dador”.  Aunque seguramente “El dador” no llegará a ser un clásico ni del cine ni de la literatura, sí afectará alguna parte emocional en el que conozca la historia.

Ante el trabajo que hacen la escritora y la película resulta repetitivo describir detalladamente cómo funciona La Comunidad (el lugar en el futuro donde se narra “El dador”). Así que sólo vamos a decir que es un lugar perfecto, donde vive una sociedad que archiva su historia pero no la recuerda. Cada diez años nace un niño (o niña) diseñado para conservarlas y esconderlas. La ciencia ficción nos hace creer la posibilidad de que existe un espacio limitado por fronteras donde los recuerdos son como archivos; información que se puede encriptar, almacenar y enviar telepáticamente, que una sola persona, especialmente diseñada, puede acceder a esa información y, que si esa persona abandona el lugar, la información se restaura automáticamente en la sociedad.

Los recuerdos que Jonas, el joven héroe de esta historia, empieza a recibir no son experiencias que él mismo haya tenido sino recuerdos genéricos que todos hemos visto: el frío, el calor, los paisajes, el mar, las montañas, los colores, las armas, las heridas, la muerte, la alegría, el amor, la familia, el abandono, todo esto se presenta en una sopa informática, un collage de imágenes prohibidas para el resto de personajes de la historia pero reconocibles por el público que ve la película o lee el libro.

Así se puede llegar a la conclusión de que sin la tristeza no existe la alegría, algo muy raro. El consuelo de doble filo con el que vivimos todos los días. Una posible razón con la que El Parcero se mantiene. El pensamiento que seguramente mantiene a tanto loco en la guerra y a tanto soñador con los pies en la tierra. La certitud (una magnífica contradicción) de que gracias a la incertidumbre estamos vivos; gracias al riesgo tomamos decisiones. Por eso Jonas decide escapar de La Comunidad para vivir en carne propia la incertidumbre, con la ilusión de experimentar la imagen que le mostraron: llegar a un cálido hogar navideño después de sufrir mucho. Una vez más se muestra la emoción de sentir amor después de sufrir; igual a estar bien, pero mal.

“El dador” es vertiginoso, divertido, inteligente, hasta conmovedor para algunos. Es un tema en auge, suficientemente profundo para despertar la curiosidad. «El dador de recuerdos» es la película más entretenida del mes, tal como lo demuestra la recaudación que ya casi triplica el presupuesto. Se recomienda para disfrutar durante el fin de semana con el novio, la esposa, el papá, el hermano, los amigos, la tía, la prima, mejor dicho para disfrutar con el que ame y odie al mismo tiempo.

Ahora indaguemos un poco más en cómo se mete la historia en el que la recibe. Imaginémonos que fuéramos Jonas o los soldados en guerra, la diferencia es que sólo nos dedicamos a cuestionar la guerra y la navidad. Nos detenemos en ¿Cómo nos muestran la cosa? ¿Cómo nos venden la historia?  Tocaremos las entrañas de la historia y veremos que es artificial, que quisimos la navidad, nos dieron a Papá Noel (y después nos dijeron que no existía), que quisimos conocer la guerra y aprendimos a hacer pistola con la mano, que pagamos por la fruta y nos dieron el sabor a fruta. Para eso por fin vamos a diluir la historia. Hablemos de la película y del libro por aparte.

La película

La estrategia de la película es ser radicalmente consciente. Explícita en todo. Se nota sobretodo en la música indicadora de sentimientos (como las risas en las comedias) donde violines y pianos inducen a la tristeza. La adaptación cinematográfica es drástica: las secuencias son notablemente diferentes, los papeles de los personajes también. La película no pule, aligera, cava o indaga en la historia del libro, sino que le añade, aumenta, exagera y sobrecarga con más cosas; le mete motos, armas, policías robóticos, arquitectura de maqueta, jardines, gente operadora que no piensa. Más personajes, más escenas, más lugares, más acción, más confusión, más ficción, más enredo.

Después de leer el libro y ver la película pareciera que el libro pasó por una cirugía, un cambio extremo, donde los detalles son bruscamente reemplazados por otros, como quien quiere dar vida a un ser y termina haciendo un frankenstein. Lo que rescatan los que hicieron la película no es el pensamiento, ni los sentimientos, ni las relaciones personales; más bien subrayan el vértigo, la apariencia, el escándalo, los disfraces, la fuerza bruta, el drama, la arquitectura, el diseño y la moda. La adaptación de la película es una exageración del libro.

La cirugía hace profundo énfasis en la construcción de los personajes, los cuales tienen relaciones depredadoras: el protagonista es cortante y dominante, usa a los otros personajes para su beneficio, sin ayudarlos ni explicarles qué está haciendo. Jonas es un personaje que cree que se sostiene solo, pero en realidad es un consentido que no logra nada sin los demás. Que lleva a su “enamorada” a hacer cosas que ella no entiende. La “enamorada” sonríe toda la película como un hada madrina que hace milagros por encargo. Y “el amigo” fue convertido en “el enemigo” para tener cómo sacar a Jonas de sus problemas. Sin entrar en detalles sobre los diálogos (aprendidos más no comprendidos) sobre el amor, la amistad, la familia, el dolor. Tener que oír esos diálogos es tan artificial como tomarse un jugo con sabor a fruta.

El libro

Es necesario decir que la narración literaria salva más a la historia. La estrategia del libro está en el tono neutral del narrador en tercera persona. Cuenta las cosas con naturalidad, sin exagerar ni pordebajear la situación. Este tono es convincente e intrigante porque no se sabe con certeza si esa sociedad es perfecta o no. El énfasis que se hace en el libro está en el uso de las palabras, que es una cosa que aparece en la película pero no llega más allá. En cambio en el libro es algo muy importante que nos cautiva, porque los personajes están convencidos de que gracias a las palabras es que se pueden convivir y existir. Esto y el mágico elemento literario de no tener que ver la cara de los protagonistas arregla mucho la historia.

Como en el libro podemos imaginar nuestra propia comunidad también podemos imaginar otro Jonas. Este personaje es mucho más inseguro y misterioso. Él no sabe bien qué quiere, es más salvaje, más ingenuo, más tontico y tierno, más cotidiano y por eso es más simpático y sensible. En el libro los demás personajes no tienen peso, la relación que mantienen con Jonas es de desapego, al margen del saludo y la despedida, por eso es más convincente el hecho de que Jonas se quiera ir de La Comunidad.

En cuanto al nivel de artificialidad que tiene el libro con relación a la película, el libro es más natural, deja fluir más, no es tan burdo y no explica exageradamente todo. Sin embargo, a medida que va avanzando la narración, da la sensación de que es así por falta de tiempo y hojas y no por gusto propio de la escritora. Esta falsedad también se refleja en la explicación enciclopédica de qué es el sufrimiento, qué son los sentimientos, qué es un recuerdo, qué es navidad, qué es guerra. Según el libro el amor es estar de fiesta y compartir en navidad con los abuelitos, en medio de la nieve, frente a una chimenea. La guerra es tener casco, la cara llena de barro, estar en la selva, rodeado de fuego y confusión. Las dos definiciones se acercan a la realidad, pero son tan genéricas que es difícil identificarse con ellas. En pocas palabras es preferible leer el libro que ver la película. Aunque el libro se parezca a la película en la plasticidad emocional, se puede rescatar que es más ligero, no es largo ni tedioso y se presta más a la imaginación. Además las emociones de plástico, crudas y enciclopédicas, parecen ser más bien una tendencia de moda en el mundo más que fallas o defectos.

Ir por el jugo y tomar un refresco

En los últimos veinte años el consumo masivo de productos artificiales se ha establecido con mayor fuerza. Las novelas adolescentes hacen parte de ese consumo y los beneficios son tener acceso a experiencias revolucionarias. Al mismo tiempo hay una confusión porque algunos ya no diferencian al paquete de la pulpa. Y sí, ver el “El dador” es como ir por el jugo de fruta y tomar un refresco. Cumple con la revolucionaria idea de que el amor es volverse mierda por el otro: sufrir para reír. Pero esa risa y ese sufrimiento están fabricados, no sentidos. Es chévere pensar que el amor es lanzarse en un trineo por un risco con alta probabilidad de morir en el intento. Pero es una definición artificial que incomoda a muchos. Muchos no nos mandaríamos por un risco (y no por egoísmo) por amor propio. Muchos no queremos ser héroes (sino gente). Muchos preferimos comer fruta.

Comentarios