afiche biff

Todos hemos visto en los posters de cine independiente las hojitas de laurel que muestran los reconocimientos de festivales internacionales. Que el premio del jurado de Cannes, que la selección de Berlín, que la mejor fotografía de Venecia. Eventos míticos que desde hace varias décadas le hacen chorrear la baba a quienes hacen cine, y los pone a soñar con palmas de oro, leones de oro y osos de oro en la mesita de noche. Un sueño dorado, marmolado, con esmoquin, alfombra roja y hojitas de laurel.

Ahora unas personas, lideradas por Andrés Bayona, un señor que ha trabajo mucho tiempo en cosas de cine colombiano, quisieron hacer un festival internacional de cine de Bogotá; parecido a los grandes, pero diferente, proponiendo sus propias reglas. Porque es difícil alcanzar los años, el presupuesto y la fama de los festivales europeos, pero eso no necesariamente es una desventaja.

El Biff, o Bogotá International Film Festival, celebra este año su primera edición y nace con dos ideas grandes en mente. Primero, que funcione como un festival internacional en el que haya una oportunidad de primera mano para ver los estrenos de cine alternativo de muchas partes, que ya sabemos que muchas películas llegan a Colombia meses, e incluso años, después de su lanzamiento oficial. Y que también sirva para promocionar el cine colombiano en el mundo. Y segundo, que sea innovador, que proponga formas alternativas e interesantes de mostrar el cine al público general y que sirva para representar a Bogotá y su vida cultural. Claro, ‘innovación’ es una palabra que está trilladísima, así que uno no la puede estar lanzando así porque sí. Entonces parte de lo que propone el Biff es un estilo despreocupado, con categorías de selección entendibles y llamativas para el público, el aprovechamiento al máximo de los pocos recursos (por ejemplo, no se imprimieron catálogos, todo está en internet), la participación de creadores y productores relevantes en nuestro contexto y la ayuda de cuantos voluntarios sea posible (incluyendo empresas, personas e instituciones). Lo innovador entonces está en no dejarse achantar y aprovechar lo que hay para hacer un festival que siendo chiquito se proyecte grande.

Dentro de esa innovación, en El Parcero nos llaman mucho la atención las categorías en las que se agruparon las películas, que fueron elegidas por los expertos en distintos tipos de cine, Rebeca Congent, Javier Martín, Raymond Pathanavirangoon y Andrés Bayona. Está por ejemplo una sección dedicada únicamente a películas sobre amor y desamor, llamada Crisis de amor; una sección sobre cine que utiliza estrategias no convencionales, llamada Francotiradores, que, como dirían los organizadores, “no se sabe a qué le apuntan pero le dan al blanco”; una sección con historias que según los programadores les interesan a los jóvenes, llamada Espíritu joven, con “sexo, drogas, rocanrol y religión” (ni idea qué tanto lo de la religión); o una sección exclusiva de cine colombiano, Colombia vive (Cualquier parecido con viva Colombia es pura coincidencia). Estas y el resto de secciones las pueden consultar en más detalle en biff.co.

Aquí encuentran la programación detallada.

Los organizadores del evento dicen, casi que con frases de cajón del mundo del marketing, que el espíritu de Bogotá es ‘joven, rumbero, intelectual y urbano’. La única manera de saberlo, y de meterle relleno a esas frases de cajón, es visitando el festival, viendo las películas y comprobando o no que vale la pena montar un evento así. Apoye lo nacional, ole. Entonces ya saben, del 8 al 16 de Octubre es el Biff, échense una pasada, se lo apropian y nos cuentan.

Y no se pierdan las reseñas de El Parcero, que ahí nosotros les contamos.

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