El abrazo de la serpiente

Título: El abrazo de la serpiente.
Director: Ciro Guerra.
Duración: 125 mins.
Estreno en Colombia: Mayo 2015.

L
a selva es para los valientes. Lo fueron los conquistadores que la cruzaron primero, los colonos que la arrasaron a fuego y sangre, los cartógrafos y botánicos que vinieron a mapear sus rutas y desentrañar sus secretos y hasta los aventureros que la escogen como destino turístico, aun cuando hay cruceros a las Bahamas o fincas tranquilamente asentadas en Anapoima. Fueron valientes también los primeros documentalistas británicos que vinieron a estropear sus equipos en la humedad, Werneg Herzog revisitándola con Fitzcarraldo aunque peligrara su carrera y hasta su vida (por lo menos sus desgracias bastaron para un documental), y es valiente ahora Ciro Guerra, volviendo a armar expedición en busca de la magia de un territorio esterilizado por campañas turísticas acartonadas y tediosos documentales de la BBC y Señal Colombia.

 El abrazo de la serpiente es el vasto río que amenaza con sofocar a Theodor Koch-Grüngberg, un etnólogo alemán de principios del siglo pasado, y a Richard Evans, un botánico estadounidense que sigue sus pasos cuarenta años después. Ambos van en busca de una legendaria planta sagrada y para encontrarla cuentan con la ayuda del joven y luego anciano Karamakate, último sobreviviente de su tribu y guía terrenal y espiritual en una travesía entre plantaciones de caucho, resguardos, misiones católicas y paisajes inhóspitos donde las tradiciones ancestrales aún resisten los embates de la cultura invasora. El resultado es, y sonará poco decirlo, una película seria, realmente seria. No el fetichismo vacío con que muchos cineastas colombianos se han adueñado de la cultura autóctona de nuestro país sino un esfuerzo genuino y estudiado por capturar las voces del mundo indígena a la vez que se expresan los traumas de Colombia, y Latinoamérica de paso, en su periodo de colonización. Para lograrlo está dada la calidad de la fotografía, que despojada de color imprime una poderosa personalidad a los entornos (no solo el Amazonas de las fotos de Evans sino un Amazonas atemporal, mítico) y sobretodo el impecable trabajo de los actores, muy correcto de parte de los de oficio (aunque tengo mis reservas con Nicolás Cancino como mesías, y en general con toda su secta demencial a lo Apocalypse Now) pero prodigioso en el caso de Antonio Bolívar y Nilbio Torres, dos Uitotos auténticos que, yendo más allá de los deberes del actor natural, equilibran con destreza el carácter áspero y la sabiduría serena de Karamakate, haciéndolo no solo un personaje auténtico sino inmediatamente esencial para la historia de la cinematografía nacional. La película, unas veces hilada a manera de andanzas quijotescas y otras veces centrada en el viaje de maestro y aprendiz que el propio Guerra ya abordó en Los viajes del viento, es en sus mejores momentos una aventura épica inteligentemente entrelazada con dilemas históricos y culturales vigentes (un incidente con una brújula se vuelve comentario sobre la transculturación, pero sobretodo es una escena magistralmente tensa) que satisfacen al etnógrafo pero también al desprevenido espectador que llevamos dentro.

En últimas lo que El abrazo de la serpiente sugiere es que fueron más valientes los otros, los nativos diezmados y despojados de sus costumbres, sometidos a dogmas y leyes brutalmente ajenas, pero hay que saber también que sus traumas no nos pertenecen. Somos fatalmente occidentales, la tradición indígena es capital literario, un campo académico fructífero, pero como filosofía es completamente incompatible con la visión de mundo que construye nuestras verdaderas obsesiones y, en últimas, moldea nuestros mejores relatos. Las películas de Herzog funcionan en cuanto se centran en la ambición del europeo trastornada (o develada) por el misterio de la jungla, mientras que la película de Guerra, si algo hay que reclamarle, tambalea en su clímax tan pronto busca reconciliar la mística occidental y la aborigen en una viaje psicodélico que recuerda de mala manera la secuencia de Odisea al espacio (medio chistosa también, dejen la reverencia) o la de El Árbol de la Vida; en últimas el final no falla por inferioridad técnica sino porque el corazón de la película no está en las visiones o los soliloquios de Karamakate, está en su culpa, sus arranques de ira y en su búsqueda de redención, en el desconcierto de Evans y la desesperación de Theo en un territorio que siempre se resistirá a ser comprendido como lo comprendieron sus legítimos habitantes.

El abrazo de la serpiente

8

Calificación

8.0/10

Por qué Sí

  • Porque son más los que la están llamando una obra maestra, la mejor película colombiana de este siglo. No voy tan lejos simplemente porque el siglo es joven y le quedan décadas a Ciro Guerra para perfeccionar su oficio con proyectos aún más ambiciosos.

Por qué No

  • Vaya, ya es la mitad de la audiencia en Colombia que no la va ir a ver porque está en blanco y negro o porque es de “indios”. No es mentira, efectivamente es de indios, pero no diseccionados o caricaturizados por algún frío documentalista sino dueños de una voz auténtica que atrae en cuanto más confunde.

Comentarios