Louie

Con la misma seriedad que la televisión ha intentado describir las tensiones de sociedades enteras o pintar delicados dramas domésticos, alguien tiene que ocuparse de la banal tragicomedia del ciudadano de a pie, tanto el que se entrega a los bellos horrores de la vida familiar como el que persigue su felicidad entre capuchinos, sexo ocasional y amistades de restaurante. En más de una ocasión la televisión los ha representado a ambos, como disfuncionales aunque dignificadas cabezas de familia desde The Honeymooners hasta Modern Family y como neuróticos aunque carismáticos solteros desde Friends hasta Girls; el primer grupo, olvidando y reafirmando sus responsabilidades en cada didáctico capítulo, tiende a llevarse el cariño del televidente y el segundo, que tiene campo libre para exacerbar su propia identidad caricaturesca, siempre logra más y mejores risas. Yo seré un eterno convencido de la superioridad de Seinfeld y el estatus de George Costanza como el mejor personaje cómico jamás creado, pero también entiendo que asumir la amoralidad y el absurdo de la comedia pura es sacrificar la emotividad y la madurez que tarde o temprano se asoma en una sitcom anclada en nociones tan significativas como la paternidad y la fidelidad conyugal.

Finalmente fue Louis C.K. (Un comediante que era más admirado por la brillante auto-humillación de su stand up que por sus tímidos aportes al cine y a la televisión) el llamado a escribir, dirigir y protagonizar la única serie que encuentra lo trascendente en la parodiable puerilidad del cosmopolitismo pero también pesca lo hilarante en las oscuras aguas de lo perverso y lo grotesco; el secreto, lejos de intentar ser serio y chistoso al mismo tiempo, ha sido un temerario ir y venir entre las fronteras de ambos mundos, con una propuesta que no solo se libera del tradicional yugo de los sets y las risas pregrabadas sino que escapa a la naturaleza misma del género y el formato: si Seinfeld es el “show acerca de nada”Louie, sin más premisa que seguir la vida de un comediante divorciado y padre de dos niñas, es el show acerca de lo que se le venga en gana a su creador cada semana.

Así, un día Louie va a un debate de Fox News para defender su derecho a masturbarse y al otro debe lidiar con la confesión de un amigo cercano resuelto a quitarse la vida, una semana su hermana es Amy Phoeler tratando de rescatarlo de una profunda depresión y a la otra su hermano Robert Kelly lo reta a almorzar dos veces seguidas antes de empezar un régimen en el gimnasio; puede que ninguno de los dos vuelva a aparecer, puede que una sentida historia de amor consuma tres horas o cuatro anécdotas escatológicas alcancen para un solo episodio, podemos ver a Louie haciendo quince minutos de Stand Up en un sótano de Nueva York o viajando hasta Afganistán para acompañar a las tropas, lo único seguro es lo inesperado, además de la siempre bienvenida aparición de celebridades como Jay Leno, Chris Rock, Ricky Gervais, Melissa Leo, Jeremy Renner y hasta David Lynch. El encanto de la serie es que no solo tiene el potencial sino la obstinación de ir a lugares nuevos. Louis C. K. ya roza los 50 pero parece haber guardado cada gramo de su energía dramática para quemarla en una tras otra premisa que desafía el giro cómico obvio y el exceso mórbido de gags (A lo “Two and a Half Men”, si cada línea no es un blando chascarrillo Chuck Lorre ejecuta a sus guionistas) para permitirse un ritmo y un lenguaje propio, enaltecido por actuaciones impecables y diálogos tan bien construidos que se merecen siquiera un par de Pulitzers.

Ya entrados en hipérboles y blasfemias literarias (hay que hacer valer el diploma) se me ocurre definir el brillante presente e impredecible futuro de Louie como lo más cercano que jamás tendremos a una buena adaptación del valiente disparate que es el Ulises de James Joyce; comparten el gusto por el humor procaz, la esquizofrenia estilística y hasta esa convulsa corriente de conciencia que en la pantalla se transforma en fantasías, memorias dispersas y en últimas en la realidad deformada por un protagonista-autor condenado a naufragar eternamente en el basto océano de su entretenida pero escabrosa imaginación. Por suerte Louis C.K. nos ahorra la erudición y los juegos de palabras, solo se hace el adorable perdedor para vender la profunda inteligencia de sus patéticas ficciones.

Dónde ver Louie

Con Louie la cosa se pone difícil: puede buscar en páginas como seriesblanco, verlouieonline o entrar al bajo mundo de los torrents, pero si no necesita subtítulos bastan 21.000 pesos mensuales y la aplicación HolaUnblocker para acceder a toda las temporadas en el contenido gringo de Netflix.

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