creed destacada

Título: Creed. Corazón de campeón
Director: Ryan Coogler
Año: 2015
Duración: 135 minutos
Estreno en Colombia: Enero de 2016

L
o último que se supo de Rocky Balboa fue que había perdido heroicamente contra Mason Dixon, que su esposa había muerto y que en su honor había abierto un restaurante que llevaba su nombre (Adrian´s), y que su hijo era un tipo medio frío, gomelito y distante. Hasta ahí llegaba su historia como el “underdog” favorito de todos los tiempos. Atrás quedaba el “semental italiano” que con poderes sobrenaturales resucitaba una y otra vez de entre las fauces de la lona inclemente. Suficiente ya le habían dado a la saga y suficientemente cascado se veía el protagonista, y esta vez por los golpes irreversibles del tiempo. Pero no hay de qué preocuparse, en Creed, Balboa no libra batallas en el ring.

Creed cuenta la historia de Adonis Johnson, un joven adinerado que abandona una carrera en el mundo de las finanzas para dedicarse por completo a su pasión innata, el boxeo. Adonis es el hijo bastardo de Apollo Creed, el difunto campeón mundial de los pesos pesados que muere peleando contra el gigante Iván Drago en Rocky IV. Habiendo crecido como un huérfano problemático, Johnson es rescatado por la viuda de Apollo (Mary Anne Creed) quien se encarga de criarlo como a un hijo propio.

Johnson jamás conoció a su padre y, a decir verdad, la película poco desarrolla las percepciones que el protagonista tiene de él. Lo admira, sí, pero quiere desesperadamente crearse su propio espacio en el mundo del boxeo. Lo que sí es más claro en esa relación turbia es que Adonis lleva en la sangre el garbo pugilístico de un campeón y que algo más grande que él lo impulsa a pelear. Adonis es un autodidacta obstinado que tiene casi todos los dados a su favor: tiene un talento natural y el dinero para escapar de su vida monótona, pero a pesar de esto no ha logrado abrirse camino en el mundo del boxeo. Incluso, es rechazado en el gimnasio donde entrenó su padre y se ve forzado a pelear en los antros de una Tijuana de mala muerte con peleadores que no le dan la talla.

Es así como decide viajar a Filadelfia en busca de Rocky Balboa, amigo inseparable y contrincante máximo de Apollo, que ha dejado atrás el mundo de las peleas para dedicarse a los quehaceres de su restaurante. Eventualmente, Adonis convence a Rocky de acompañarlo en su entrenamiento, guardando en secreto que es el hijo del más grande de los pesos pesados (sí, Adonis niega ser de los Creed, Creed; los de los Ángeles, ala), y allí comienza la historia tipo Rocky, modo lucha, que todos conocemos: Suena “eye of the tiger” (brevemente) mientras el protagonista entrena, y se enamora de Bianca (Thessa Thompson), una música alternativa que tiene problemas de oído y que lo acompaña como Adrian a Rocky, sin mucho protagonismo. También se ejercita persiguiendo gallinas, corre de madrugada en invierno, usa sudadera gris de algodón y salta lazo desaforadamente, en manga sisa. De hecho, casi que a imagen y semejanza de la primera Rocky el nudo de la historia comienza a tomar fuerza cuando el nuevo campeón mundial de los pesos semipesados, “Pretty” Ricky Conlan, interpretado por el boxeador profesional Tony Bellew, descubre la identidad secreta de Adonis y lo reta a una pelea por el cinturón.

Creed no es una historia que se tenga sola, y no tiene por qué serlo. De hecho, si algo la hace interesante es que juegue con varios elementos clásicos de las películas de boxeo.

Pareciera que se quisiera crear a un nuevo Rocky sobreponiéndole accesorios característicos del modelo original, como a una Barbie, pero hay detalles de fondo que no se exploran mucho. Vemos, por ejemplo, cómo un giro inesperado catapulta a Adonis a la fama y esto lo obliga a tomar una decisión que lo ayuda a encontrar su yo más profundo. En esto la película recrea la historia de Apollo vs. Rocky en la primera entrega de la saga. Sin embargo, Creed es distinto. Su batalla interna se centra en encontrar una manera de acomodarse a esa identidad en la que se siente ajeno, y de la cual quiere escapar a medias. Rocky, por el contrario, emprende una búsqueda hacia lo desconocido tratando de encontrar cualidades que no sabe si tiene.

Solo cuando está bien entrada la película el personaje va cuajando, cuando Creed pierde su temor infantil al mito del eterno retorno y esto lo deja posesionarse en el trono al cual se negó en un principio. Esta es la clave de una diferencia sutil de Creed con el resto de Rockys. Si Rocky es la historia que explora religiosamente la resurrección del héroe, Creed se centra en la reencarnación. Y esto funciona, pero también hace que uno solo se conecte con el protagonista hacia el final de la película, cuando parece que ha aceptado dejarse fluir con el mundo y se preocupa realmente por romperle el coco al que se le atraviese.

Creed no es una historia que se tenga sola, y no tiene por qué serlo. De hecho, si algo la hace interesante es que juegue con varios elementos clásicos de las películas de boxeo. Sin embargo, que sea tan referencial también la pone a competir con sus antecesoras sin darle fluidez a la saga, y esto la agrieta. La película peca en reproducir las mismas inseguridades de su personaje protagonista. Como bien lo dice Rocky hacia la mitad del filme: “Sigues atrapado en su sombra”.

Y apropósito, si antes de ir al cine quiere saber cuál de las anteriores es importante ver, acuda a Rocky (la primera) y quizá a la tres, o mejor aún, a ambas. Mientras que la primera le va a mostrar la plantilla narrativa sobre la cual se monta Creed, la tercera desarrolla la conexión entre el padre de Adonis y su entrenador, Rocky.

Creed: Corazón de campeón

Creed: Corazón de campeón
7

Calificación

7/10

    Por qué Sí

    • - Porque Stallone la saca con su papel dramático, y se le ve tranquilo. Porque la película poco a poco deja ver a un Rocky que lucha otras batallas (¡tan, tan, tan!) y se siente muy natural en la historia que “El semental italiano” vaya quedando atrás sin perder protagonismo.

    Por qué No

    • - Porque la película parece partirse en dos producciones distintas. Una mala y una buena. Por un lado, hay un historia de amor plano, aguado e irrelevante que dibuja a un boxeador en su vida privada y, por otro, la de increíbles peleas y entrenamiento extenuante. Esto hace que uno desconecte y aburra, a veces. También porque tiene un par de escenas tipo “rápido y furioso” que rompen el misticismo ochentero que trae de vuelta el resto de la película.

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