Logos medios caricaturizados

Ilustración por Sergio Rodríguez

La primera parte de esta columna puede leerse aquí.

En la primera entrega de esta columna revisamos estadísticamente los errores de escritura de cuatro medio periodísticos colombianos. El periodismo en Colombia no se escribe bien. Por lo menos no tan bien como debería, y ciertamente no tan bien como podría. ¿Por qué razón? Como dijimos, la escritura es algo que existe en un contexto, que tiene unas causas, unas razones, y naturalmente unas consecuencias. ¿Cuál es la formación de los periodistas colombianos? ¿Cómo son sus condiciones de trabajo cuando son profesionales? ¿Cómo influye todo esto en nuestras vidas?

Para averiguar eso hay que dejar momentáneamente de lado los datos puros y duros e ir a las demás fuentes. Mi investigación me llevó a AFACOM, la Asociación colombiana de facultades y programas de comunicación, para chismosear los planes de estudios de los pregrados colombianos en comunicación y periodismo. Me di una vuelta por los pensums de quince universidades, desde las más reconocidas y gomelas hasta otras más modestas, para constatar si a los estudiantes de pregrado les dictan cursos directamente relacionados con lectura y escritura básicas. Para mi sorpresa, resulta que en catorce de las quince universidades que consulté dan esos cursos, con nombres tan sugerentes como, efectivamente, «redacción básica» o «taller de comprensión y producción de textos». De hecho, y ya que estamos haciendo promedios, en promedio se darían 2,4 cursos directamente relacionados con aprendizaje de lectura y escritura en cada una de esas quince universidades, sin mencionar los cursos de prensa, argumentación y profundización en escritura aplicada a géneros periodísticos.

Y entonces, si los currículos de las universidades dan la formación, ¿qué pasa? Yo he visto varios profesores de comunicación y periodismo que no saben escribir —más de los que me parece verosímil, que en cualquier caso no lo es— y que aparentemente no les interesa aprender a hacerlo. Puede ser que simplemente la educación exista, pero que no sea de calidad. Fácil imaginarlo; difícil probarlo en el marco de este estudio. Tal vez sea hilar muy fino.

Carolina Campalans, la directora del programa de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario, me dijo que más que las normas de escritura básica, a los estudiantes de periodismo se les debe enseñar que los códigos de comunicación son un contrato cultural que se negocia entre quienes hacen el contenido y quienes lo consumen. Que esos contratos se renegocian constantemente y que dependen de los nuevos medios, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación que surjan entre las personas.

Sin embargo, al mismo tiempo coincidió conmigo en que las normas existen por una razón, que generalmente es la de hacer la comunicación clara y comprensible, y que cuando esas normas se quiebran por desconocimiento y se reemplazan por mecanismos que oscurecen la comunicación, efectivamente podemos y debemos hablar de una incorrección en el oficio periodístico. Pero si no es la universidad donde los periodistas deben aprender las normas básicas de escritura, ¿dónde entonces? ¿Es algo que debe venir de la escuela secundaria, de la escuela primaria, del hogar?

Por su parte Ómar Rincón, director del Centro de Estudios de Periodismo CEPER de la Universidad de Los Andes, y profesor de la Maestría en Periodismo de esa misma universidad, me dijo que: “escribir mal es un diagnóstico de país. Todo el país escribe mal. Si usted ve a los políticos, escriben mal. Los académicos escribimos mal, re mal. Es el contexto colombiano, que no está dado para escribir bien”.

Y entonces yo me pregunto si le he estado dando un palo específico a los periodistas cuando realmente estamos ante un problema mayor, de educación y de Estado, que involucra a gente de todas las profesiones y oficios. Si acaso el ecosistema educativo, cultural y social colombiano está impidiendo que la gente se comunique de manera clara y concisa. ¿Pero entonces dónde queda la responsabilidad del periodismo, que es en parte el que alfabetiza indirectamente a una gran porción de la población a través de la prensa escrita?

Sobre la responsabilidad de la academia en la escritura periodística, Mario Morales —director del programa de Comunicación Social y periodismo en la Universidad Javeriana—, me dijo que habría que mirar el caso de cada universidad en concreto. Y tiene razón. Que los planes de estudios universitarios digan que se les está enseñando a escribir a los estudiantes no es una garantía de certeza. Para la muestra, la escritura en los medios, hecha obviamente por egresados de comunicación y periodismo de las universidades colombianas. Habría que ver cuál es la calidad de los profesores, de los programas y de su enseñanza. Mientras, Morales defendió el programa de su universidad: “En la Javeriana estamos haciendo la tarea. Estamos muy preocupados por las diferentes formas de redacción. Pero lo que nos cuentan nuestros egresados es que cuando llegan a los medios allá les cambian las formas de escritura (…) Ellos salen formados de una manera y los medios los deforman. Y en los medios dicen que es exactamente al revés”.

Según Morales, hace falta una comunicación más cercana entre los medios periodísticos y la Academia para que esas dificultades se puedan superar. Y claro, tiene sentido. Una cosa es la que se cree en las universidades sobre la escritura y otra muy diferente la que se practica en los medios de comunicación.

Así que me fui a los medios. Claramente la profesión del periodista ha cambiado con el tiempo. Ese redactor de máquina de escribir de las películas ha quedado en el pasado. La convergencia tecnológica ha hecho que en la figura del periodista también converjan varias profesiones: la de reportero, la de redactor, la de corrector, editor y publicador. Es un escenario difícil, sobre todo si es en digital, donde hay menos plata, menos gente y menos tiempo.

El redactor en jefe y editor general de elespectador.com, Leonardo Rodríguez, me explicó que hay tres factores que inciden en la baja calidad de la escritura periodística. Uno es el económico: “como en digital a los medios no les entra el mismo volumen de dinero en pauta, les parece que lo digital no es tan importante. Entonces los recursos que hay en digital son limitados”. Otro es el factor de inmediatez, que igualmente está atravesado por la economía. Si hay que salir a competir en un contexto global con contenido global, y no hay dinero para una redacción grande, los periodistas que haya tienen que producir la mayor cantidad de contenido de actualidad en el menor tiempo posible. Y el tercer factor es la calidad discutible de la materia prima, de las capacidades de escritura del periodista que sale de la universidad y entra a trabajar en el medio. Nuevamente, si no se puede pagar bien a los periodistas, no se puede exigir una escritura periodística de alta calidad. (Escuche aquí la entrevista extendida con Leonardo Rodríguez).

Un escenario muy similar se vive en la redacción de eltiempo.com. Paulina Angarita, la jefa de redacción, me mostró un panorama en el que la necesidad de la inmediatez en digital domina la producción y publicación de textos periodísticos, y pasa ocasionalmente por encima del debido cuidado de la escritura de esos textos. Nuevamente, el periodismo escrito en digital tiene menos gente, menos tiempo y más afán. En total, según lo que me contó Paulina Angarita, en un día de tráfico lento pueden publicarse en eltiempo.com alrededor de 270 textos periodísticos.

Habría querido ver también las redacciones de los medios digitales independientes. La directora de La Silla Vacía accedió a darme una entrevista por correo, pero después de haberle enviado las preguntas no me volvió a responder. Traté de contactarla varias veces más, pero sólo obtuve silencio como respuesta. Supongo que el silencio es también una forma de respuesta. Y en Las 2 Orillas sucedió algo similar. Después de que el editor digital pasara la tarea de responder a mis preguntas a otro miembro, no volví a obtener respuesta de él o de la directora. Pero acudiendo al sentido común, y si las redacciones digitales de los grandes medios luchan con un presupuesto corto y con una necesidad de inmediatez enorme, es posible imaginarse la precariedad, en cuanto a capacidad operativa y presupuesto, de la revisión de los textos en un medio digital pequeño.

Si uno mira con qué afán y con qué angustia funcionan las redacciones de los medios noticiosos digitales, los pequeños y los grandes, puede volverse un poco más indulgente con sus errores. Un poco pero no mucho. Me pregunto si se puede ser inmediato e impecable al mismo tiempo en un país con un ecosistema de escritura y con un sistema económico y educativo para los medios y la gente como Colombia; si en los medios periodísticos se puede hacer las cosas rápido y bien al mismo tiempo.

¿Qué podremos concluir de todo esto? A vuelo de pájaro, que la calidad de la escritura es medible, computable y demostrable. Por lo menos hasta cierto punto. Que el periodismo en Colombia por lo general es precario en la calidad de su escritura, sobre todo el digital, pero que hay unas razones rastreables para que sea así: un modelo de negocio asmático para los medios digitales, una materia prima deficiente en cuanto a formación académica en escritura, y una necesidad vertiginosa de información actual, que privilegia la chiva por encima de la calidad con que esté escrita.

Y sin embargo, y aun después de entender todo esto, queda la responsabilidad social del periodismo, que debe ser en últimas un servicio público, para el público. El papel de los medios de comunicación es fundamental en un país que lee poco, porque no sólo informa sino que alfabetiza a los que lo leen. El periodismo debería estar bien escrito. Que no lo esté es una omisión de sus responsabilidades. Que no lo esté es una derrota.

Esta columna está dedicada a todos los que me ayudaron a hacer posible esta investigación, entre ellos varios periodistas: gente que cuando ve que hay algo mal está dispuesta a estudiarlo y a ayudar a crear las condiciones para cambiarlo, en lugar de barrerlo debajo de la alfombra cuando nadie mira.

 

Los datos del estudio se pueden descargar aquí: Tabla de datos errores medios digitales

El informe de investigación detallado se puede descargar aquí: Informe de investigación escritura en medios digitales

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