Logos medios caricaturizadosIlustración por Sergio Rodríguez

Ciudadela Letrada hizo una investigación de datos y de fuentes documentales y humanas para determinar las cifras y las razones de la mala escritura periodística en Colombia.

E
n esta columna nunca se ha hablado bien de los periodistas —de los periodistas en general, y menos todavía de los periodistas colombianos—. Se los ha llamado mediocres, se los ha acusado de corruptos, se les ha dicho mercenarios. Y también, algunas pocas veces, se ha hablado bien de algunos buenos periodistas colombianos, de los que hacen las cosas al derecho, de los que lo intentan y de los que lo logran. Irresponsablemente y a la ligera se han afirmado cosas duras. Y aun cuando muchas de ellas sean ciertas, no basta con saber algo, sino que hace falta probarlo. Esto último es una cita de una periodista colombiana. De una de las buenas, creo yo.

me puse a buscar errores de ortografía, de sintaxis, de puntuación, de tildes y erratas de digitación en el periodismo escrito colombiano actual

Así que durante los últimos meses me lancé a hacer un estudio cuantitativo sobre una de las cosas que más me inquieta del periodismo en Colombia: la escritura. Mucho se puede decir sobre la escritura periodística en Colombia, y muchas quejas se leen y se escuchan acerca de ella: que es bruta, fea, confusa y leguleya. Que básicamente está mal escrita. El estudio que he hecho no se propone hacer un juicio de valor sobre el estilo de la escritura periodística (que también es cuestionable, por decir lo menos). Lo que busca en cambio es cuantificar desde lo indiscutible, lo primario y lo básico de la escritura en términos gramaticales y ortográficos: las cosas que permiten que la comunicación escrita pueda entenderse con transparencia y claridad, independientemente de la estética.

O sea, me puse a buscar errores de ortografía, de sintaxis, de puntuación, de tildes y erratas de digitación en el periodismo digital colombiano actual —las reglas de escritura más básicas que se rompen cuando alguien escribe: «la baca lechera, estan comiendo pazto»—. Leí doscientos textos de periodismo escrito de cuatro medios nacionales reconocidos (cincuenta de cada medio): eltiempo.com, elespectador.com, lasillavacia.com y las2orillas.co. Documenté los errores, los clasifiqué y los analicé según unas variables de tipo de error, de número de errores y de promedio de longitud de los textos. Naturalmente que para que un estudio de estos sea concluyente la muestra tendría que ser mucho mayor, y las variables más amplias, pero este primer intento puede darnos una puerta de entrada para comprender nuestro desasosiego con la escritura periodística desde un enfoque menos quejumbroso y un poco más constructivo.

Una vez obtenidos los datos la información puede interpretarse de muchas maneras. Habrá quienes piensen por ejemplo que un promedio de 1,79 errores de escritura por texto no sea algo grave en periodismo. Puede ser un gaje del oficio, un daño colateral, un mal menor o incluso un mal necesario. Y realmente podría ser. Pero para mí un promedio de 1,79 errores por texto nos enfrenta a una realidad en la que el error es la regla común en la escritura periodística; a que las fallas no sean algo que ocurra de vez en cuando, sino una constante que siempre debamos esperar y a la que nos debamos acostumbrar, y a que la escritura impecable sea una especie de estado de excepción en el periodismo. De los doscientos textos periodísticos analizados, solamente el 32% estuvo libre de errores de escritura.

Recordemos que en este estudio sólo se tuvieron en cuenta errores de ortografía y gramática básicas; que no se contaron errores de escritura más complejos como la manera horrenda e incorrecta en que los periodistas usan los gerundios (palabras que terminan en -ando, -iendo, -yendo), ni el uso indiscriminado y confuso que hacen de las oraciones subordinadas; ni el hecho de que usen términos como “adelantar una investigación, un estudio, un asesinato”, o estar “al interior de una casa”, o “realizar un almuerzo delicioso”. Todo esto es acumulativamente problemático no porque viole alguna norma caprichosa que dictó una academia arbitraria, sino porque dificulta la comprensión de un mensaje; porque desestima el ritmo de un texto, que debe ser cadencioso como el de una canción. En últimas porque el periodismo es un ejercicio narrativo, de relatar historias, y como tal necesita de claridad, estética y calidad, tanto en la forma como en el contenido. Esto es algo que los periodistas olvidan a menudo, porque están convencidos de que decir el qué, cuándo y dónde de algo es suficiente para comunicar algo, aun cuando se comunique a las patadas.    

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Ejemplos de errores encontrados en el estudio

Es diciente que más de la mitad de los errores encontrados en el estudio sean de puntuación y de sintaxis. Ambos son elementos esenciales para la transmisión de sentido en un texto: para su fácil entendimiento y su claridad. Por una parte puede ser que los periodistas omitan ciertas reglas, como las de puntuación, por ignorancia de su existencia. Por ejemplo cuando usan la coma entre sujeto y predicado, como en «el periodista, escribe mal». Los periodistas se empeñan en hacer esto, y es un error porque esa coma no cumple ninguna función en la oración, porque daña el ritmo del texto y porque en muchos casos puede llegar a oscurecer su sentido. Por otra parte muchos errores de sintaxis pueden ser simplemente descuidos. La sintaxis es básicamente que las palabras en una oración tengan sentido, consecuencia y coherencia entre sí. No hay que ser un ratón de biblioteca para saber que «niños» es un plural en masculino, y que por lo tanto necesita de una concordancia de número y género: «los niños comen», en lugar de «los niñas come». Se nota que muchos errores, sobre todo los de sintaxis, ocurren por falta de atención en la escritura para que los elementos de la oración se relacionen coherente y consecuentemente entre sí. Es falta de atención para escribir y falta de relectura de lo que se acaba de escribir. Eso podría significar que el periodista que escribe no cree necesario un cuidado mínimo del texto en su forma más básica, lo que puede interpretarse como una especie de desatención irrespetuosa hacia el lector y hacia la información misma que se le quiere entregar.

Otra cosa complicada es interpretar los datos según cada medio de comunicación de la muestra. Se corre el riesgo de hacer generalizaciones irresponsables, y de todas maneras no es una carrera por ver quién es el que menos pior escribe. Aunque si lo fuera, eltiempo.com se llevaría el premio en todas las categorías, y en algunas por un buen margen. De hecho es el único que logra tener un promedio de errores menor a uno por artículo. Y lasillavacia.com se llevaría el premio al pior de los piores, también por un buen margen. Pero nuevamente veamos que hay que tener en cuenta todas las variables. Por ejemplo, lasillavacia.com tiene en promedio más del doble de palabras por artículo que los otros tres medios, lo que lleva a que por simple probabilidad estadística sus textos sean más propensos a tener errores. Y sin embargo, y contra algunos de mis pronósticos, un medio serio e independiente como lasillavacia.com demuestra una desatención generalizada en su escritura. Aun si sus textos no fueran tan largos, es probable que sus errores superaran los de eltiempo.com e incluso los de elespectador.com. ¿A qué se debe esto? Probablemente grandes medios como El Tiempo y El Espectador sí tengan una noción más organizada de los filtros editoriales que medios independientes como La Silla Vacía y Las 2 Orillas. Tal vez puedan invertir más dinero y más logística en un ciclo editorial. Y bueno, de Las 2 Orillas ni hablar.

Aunque sí hablar. Una de las características de Las 2 Orillas es que el grueso de su producción es periodismo de opinión, y no sólo eso sino algo que más parece un «publique lo que se le venga en gana» llamado Nota Ciudadana. La opinión en este contexto es igualmente un género periodístico, y como tal debe estar sujeta a los mismos estándares de escritura que el periodismo informativo; pero comúnmente se abandona a la buena de quien sea que la escriba y se hace un descargo para librar al medio de cualquier tipo de responsabilidad, no sólo de contenido, sino de calidad en su escritura. ¿Hay entonces que hacer una curaduría de los contenidos de opinión en un medio periodístico? Por supuesto que sí. El hecho de que un medio sea participativo y abierto a la comunidad no quiere decir que sus contenidos tengan que ser de peor calidad. Si es obligación hacer edición de la escritura a los periodistas, lo es igualmente para los contenidos hechos por no periodistas.

Haciendo este estudio me di cuenta de que a veces es difícil para el lector, sobre todo en los medios independientes, determinar qué del contenido es opinión. Y al mismo tiempo es difícil diferenciar entre diferentes formatos de contenidos de opinión, sean columnas, blogs o incluso una especie de blogs al estilo de foros, que a menudo tienen distintos grados de rigurosidad en la escritura.

En este estudio se incluyeron distintos tipos de textos de opinión de los cuatro medios mencionados. Como se ha dicho antes, la muestra es demasiado pequeña como para ser concluyente, y en cuanto al periodismo de opinión puede ser menos veraz, porque el tamaño de la muestra de textos de opinión es desigual entre los cuatro medios. Y sin embargo, su análisis puede arrojar alguna luz sobre cómo entendemos la calidad de la escritura en periodismo según el género en que se escriba.

Hasta ahora hemos visto los datos y las variables de un estudio cuantitativo de errores en medios. Pero eso es solamente arañar la superficie del problema. La escritura es un fenómeno complejo que existe en un contexto determinado, atravesada por quienes la hacen, los medios de producción y distribución por donde fluye y las audiencias que la reciben. Si en este punto estamos convencidos de que la escritura en el periodismo colombiano es deficiente, valdría preguntarnos por las razones de que sea así. Vale, el periodismo en Colombia no está bien escrito, pero, ¿por qué? Por una parte puede haber razones de formación académica de los periodistas, y por otra parte razones de las condiciones de producción de la escritura periodística en los medios de comunicación.

escribir mal es un diagnóstico de país”

Así que para averiguar eso hay que dejar momentáneamente de lado los datos puros y duros e ir a las demás fuentes. Mi investigación me llevó a AFACOM, la Asociación colombiana de facultades y programas de comunicación, para chismosear los planes de estudios de los pregrados colombianos en comunicación y periodismo. Me di una vuelta por los pensums de quince universidades, desde las más reconocidas y gomelas hasta otras más modestas, para constatar si a los estudiantes de pregrado les dictan cursos directamente relacionados con lectura y escritura básicas. Para mi sorpresa, resulta que en catorce de las quince universidades que consulté dan esos cursos, con nombres tan sugerentes como, efectivamente, «redacción básica» o «taller de comprensión y producción de textos». De hecho, y ya que estamos haciendo promedios, en promedio se darían 2,4 cursos directamente relacionados con aprendizaje de lectura y escritura en cada una de esas quince universidades, sin mencionar los cursos de prensa, argumentación y profundización en escritura aplicada a géneros periodísticos.

Y entonces, si los currículos de las universidades dan la formación, ¿qué pasa? Yo he visto varios profesores de comunicación y periodismo que no saben escribir —más de los que me parece verosímil, que en cualquier caso no lo es— y que aparentemente no les interesa aprender a hacerlo. Pero siento que eso ya es presuponer demasiado e hilar muy fino.

Carolina Campalans, la directora del programa de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario, me dijo que más que las normas de escritura básica, a los estudiantes de periodismo se les debe enseñar que los códigos de comunicación son un contrato cultural que se negocia entre quienes hacen el contenido y quienes lo consumen. Que esos contratos se renegocian constantemente y que dependen de los nuevos medios, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación que surjan entre las personas.

Sin embargo, al mismo tiempo coincidió conmigo en que las normas existen por una razón, que generalmente es la de hacer la comunicación clara y comprensible, y que cuando esas normas se quiebran por desconocimiento y se reemplazan por mecanismos que oscurecen la comunicación, efectivamente podemos y debemos hablar de una incorrección en el oficio periodístico. Pero si no es la universidad donde los periodistas deben aprender las normas básicas de escritura, ¿dónde entonces? ¿Es algo que debe venir de la escuela secundaria, de la escuela primaria, del hogar?

Por su parte Ómar Rincón, director del Centro de Estudios de Periodismo CEPER de la Universidad de Los Andes, y profesor de la Maestría en Periodismo de esa misma universidad, me dijo que: “escribir mal es un diagnóstico de país. Todo el país escribe mal. Si usted ve a los políticos, escriben mal. Los académicos escribimos mal, re mal. Es el contexto colombiano, que no está dado para escribir bien”.

Y entonces yo me pregunto si le he estado dando un palo específico a los periodistas cuando realmente estamos ante un problema mayor, de educación y de Estado, que involucra a gente de todas las profesiones y oficios. Si acaso el ecosistema educativo, cultural y social colombiano está impidiendo que la gente se comunique de manera clara y concisa. ¿Pero entonces dónde queda la responsabilidad del periodismo, que es en parte el que alfabetiza indirectamente a una gran porción de la población a través de la prensa escrita?

Sobre la responsabilidad de la academia en la escritura periodística, Mario Morales —director del programa de Comunicación Social y periodismo en la Universidad Javeriana—, me dijo a su vez que habría que mirar el caso de cada universidad en concreto. Y tiene razón. Que los planes de estudios universitarios digan que se les está enseñando a escribir a los estudiantes no es una garantía de certeza. Para la muestra, la escritura en los medios, hecha obviamente por egresados de comunicación y periodismo de las universidades colombianas. Habría que ver cuál es la calidad de los profesores, de los programas y de su enseñanza. Mientras, Morales defendió el programa de su universidad: “En la Javeriana estamos haciendo la tarea. Estamos muy preocupados por las diferentes formas de redacción. Pero lo que nos cuentan nuestros egresados es que cuando llegan a los medios allá les cambian las formas de escritura (…) Ellos salen formados de una manera y los medios los deforman. Y en los medios dicen que es exactamente al revés”.

Según Morales, hace falta una comunicación más cercana entre los medios periodísticos y la Academia para que esas dificultades se puedan superar. Y claro, tiene sentido. Una cosa es la que se cree en las universidades sobre la escritura y otra muy diferente la que se practica en los medios de comunicación.

Así que me fui a los medios. Claramente la profesión del periodista ha cambiado con el tiempo. Ese redactor de máquina de escribir de las películas ha quedado en el pasado. La convergencia tecnológica ha hecho que en la figura del periodista también converjan varias profesiones: la de reportero, la de redactor, la de corrector, editor y publicador. Es un escenario difícil, sobre todo si es en digital, donde hay menos plata, menos gente y menos tiempo.

El redactor en jefe y editor general de elespectador.com, Leonardo Rodríguez, me explicó que hay tres factores que inciden en la baja calidad de la escritura periodística. Uno es el económico: “como en digital a los medios no les entra el mismo volumen de dinero en pauta, les parece que lo digital no es tan importante. Entonces los recursos que hay en digital son limitados”. Otro es el factor de inmediatez, que igualmente está atravesado por la economía. Si hay que salir a competir en un contexto global con contenido global, y no hay dinero para una redacción grande, los periodistas que haya tienen que producir la mayor cantidad de contenido de actualidad en el menor tiempo posible. Y el tercer factor es la calidad discutible de la materia prima, de las capacidades de escritura del periodista que sale de la universidad y entra a trabajar en el medio. Nuevamente, si no se puede pagar bien a los periodistas, no se puede exigir una escritura periodística de alta calidad. (Escuche aquí la entrevista extendida con Leonardo Rodríguez).

Un escenario muy similar se vive en la redacción de eltiempo.com. Paulina Angarita, la jefa de redacción, me mostró un panorama en el que la necesidad de la inmediatez en digital domina la producción y publicación de textos periodísticos, y pasa ocasionalmente por encima del debido cuidado de la escritura de esos textos. Nuevamente, el periodismo escrito en digital tiene menos gente, menos tiempo y más afán. En total, según lo que me contó Paulina Angarita, en un día de tráfico lento pueden publicarse en eltiempo.com alrededor de 270 textos periodísticos.

Habría querido ver también las redacciones de los medios digitales independientes. La directora de La Silla Vacía accedió a darme una entrevista por correo, pero después de haberle enviado las preguntas no me volvió a responder. Traté de contactarla varias veces más, pero sólo obtuve silencio como respuesta. Supongo que el silencio es también una forma de respuesta. Y en Las 2 Orillas sucedió algo similar. Después de que el editor digital pasara la tarea de responder a mis preguntas a otro miembro, no volví a obtener respuesta de él o de la directora. Pero acudiendo al sentido común, y si las redacciones digitales de los grandes medios luchan con un presupuesto corto y con una necesidad de inmediatez enorme, es posible imaginarse la precariedad, en cuanto a capacidad operativa y presupuesto, de la revisión de los textos en un medio digital pequeño.

Si uno mira con qué afán y con qué angustia funcionan las redacciones de los medios noticiosos digitales, los pequeños y los grandes, puede volverse un poco más indulgente con sus errores. Un poco pero no mucho. Me pregunto si se puede ser inmediato e impecable al mismo tiempo en un país con un ecosistema de escritura y con un sistema económico y educativo para los medios y la gente como Colombia; si en los medios periodísticos se puede hacer las cosas rápido y bien al mismo tiempo.

¿Qué podremos concluir de todo esto? A vuelo de pájaro, que la calidad de la escritura es medible, computable y demostrable. Por lo menos hasta cierto punto. Que el periodismo en Colombia por lo general es precario en la calidad de su escritura, sobre todo el digital, pero que hay unas razones rastreables para que sea así: un modelo de negocio asmático para los medios digitales, una materia prima deficiente en cuanto a formación académica en escritura, y una necesidad vertiginosa de información actual, que privilegia la chiva por encima de la calidad con que esté escrita.

Y sin embargo, y aun después de entender todo esto, queda la responsabilidad social del periodismo, que debe ser en últimas un servicio público, para el público. El papel de los medios de comunicación es fundamental en un país que lee poco, porque no sólo informa sino que alfabetiza a los que lo leen. El periodismo debería estar bien escrito. Que no lo esté es una omisión de sus responsabilidades. Que no lo esté es una derrota.

Esta columna está dedicada a todos los que me ayudaron a hacer posible esta investigación, entre ellos varios periodistas: gente que cuando ve que hay algo mal está dispuesta a estudiarlo y a ayudar a crear las condiciones para cambiarlo, en lugar de barrerlo debajo de la alfombra cuando nadie mira.

 

Los datos del estudio se pueden descargar aquí: Tabla de datos errores medios digitales

El informe de investigación detallado se puede descargar aquí: Informe de investigación escritura en medios digitales

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