CL 46 Destacado

En los pasados Premios Oscars, cuando cerca de la media noche por fin anunciaron que iban a entregar el premio a Mejor película, yo levanté la cabeza de la plasta de mi propia saliva en la que había estado durmiendo (estoy despierto, estoy despierto) y abrí grandotes los ojos con la esperanza de oír al pobre Sean Penn decir: “y el Oscar va para… ¡Boyhood!”. Pero en realidad me tocó escucharlo decir “y el Oscar va para… ¿Quién les da la Green card a estos hijos de perra?” (queriendo decir que el Oscar iba para Birdman, del Mexicano Iñárritu). Esa noche se me rompió un poco el corazón.

Porque yo quería que ganara Boyhood (para ver la reseña de El parcero haga clic aquí). En realidad no había visto Birdman entonces, pero creía tanto en Boyhood (y en las predicciones de que ganaría) que no pensé en un escenario en que no sucediera así. Porque Boyhood, la historia honesta y transparente del niño que durante doce años de grabación vemos crecer, me hizo creer en la vida, y en que el solo hecho de que pase es suficiente para hacerla maravillosa. Fue el equivalente a ver a un montón de tortugas bebé eclosionar de sus huevos una madrugada en una playa, y verlas caminar tiernamente hacia el agua, y que unas gaviotas o algo así se comieran a la mayoría de tortugas, pero que hubiera una que llegara a la línea del mar y lograra zambullirse. La vida tal como pasa es la mayor hazaña y la mejor historia.

Cuando no ganó Boyhood maldije a los rosqueros de la Academia. Les dije corruptos y mediocres. Pero a los dos días fui a ver Birdman, y déjenme decirles que la película empieza con un tipo flotando de espaldas en posición de loto frente a una ventana, mientras una voz en off dice: “¿Cómo terminamos aquí…?”; “este lugar es horrible…”; “huele a pelotas”. (Para leer la reseña de Birdman haga clic aquí).

Lo cierto es que la carrera por Mejor película entre Boyhood y Birdman de este año era importante no por las dos películas en sí, sino por lo que cada una representa. Boyhood es un homenaje a la vida. Un culto a la realidad tal y como pasa, que juega a decirnos que las historias van brotando como flores al lado de nuestros pasos mientras crecemos y envejecemos, y que el tiempo se encarga de volverlas buenas historias. Que la vida es la mejor historia. Que todas nuestras vidas son buenas historias sin importar lo comunes y aburridas que parezcan. Birdman en cambio juega con una proposición diametralmente opuesta: una vieja estrella de cine quiere montar una obra de teatro que deje huella. Mientras su vida personal se derrumba, se juega todas sus cartas por lograr el éxito con una ficción sobre un escenario, porque cree firmemente que de la vida de las personas nadie se acuerda, que uno se muere y nada se lleva, que la ficción es la única manera de ser inmortal. En otras palabras, Birdman nos dice que la vida no vale nada; que lo único verdaderamente valioso son las historias, la ficción.

Ésta es una pelea vieja. Vale la vida o vale la ficción. Copia el arte a la vida o copia la vida al arte. De qué esta hecha la vida, de vida o de ficción. Cuando vi Birdman me di cuenta de lo equivocado que había estado al creer en la vida, si la vida en realidad está hecha es de historias y no de vida. La vida huele a pelotas. De todas formas Boyhood estaba en desventaja porque a pesar de toda su honestidad era una ficción que trataba de hacerse pasar por realidad. Como todo.

Las dos son buenas películas, pero si había que inmortalizar una y dejar la otra de segundona, los sabiondos del Oscar tomaron la decisión correcta. Me quedo con la ficción por encima de la vida todos los días de mi vida. Porque es cierto, la vida, por maravillosa que sea, le ocurre a todo el mundo. Que todos sean tan especiales y únicos solamente lleva a que al final nadie resulte siendo especial. Cualquier idiota puede vivir la vida igual de bellamente que el idiota de al lado. Todo el mundo vive, pero la ficción es algo de pocos. La ficción es lo que nos hace sentir vivos. Las historias hacen que valga la pena la realidad solamente para poder disfrutar de ellas. La vida tratamos de vivirla imitando las historias.

¿Por qué creen que la Prehistoria se llama así? La historia con hache mayúscula no existe. Eso es una imbecilidad. La historia empezó a ocurrir cuando empezaron a contarse historias (las de la hache minúscula). La historia en realidad no es un registro de nuestras vidas, sino de nuestras historias, de las que nos contamos desde que tenemos uso de razón, porque las vidas se acaban y las historias perduran. Si hay que escoger entre la vida y la ficción, hay que escoger la ficción siempre, así eso mande la vida por un retrete, porque es la ficción la que hace valer la pena vivir la vida.

Y por eso está bien que Birdman le haya ganado la partida a Boyhood. Es como Hamlet cuando para contar la verdad de su vida montaba una obra de teatro, o como cuando el protagonista de una obra de Calderón de la Barca decía:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son.

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