Ciudadela letrada - Juan álvarez umbarila

Hace unos meses fui a cine a ver la película X-men: días del futuro pasado. O sea, fui a ver a Wolverine darse pata y garra con una mano de gente. Aunque me amarga terriblemente ver las películas dobladas a español mexicano, no tuve otra opción porque al cinema de mi barrio no trajeron la versión subtitulada. Así que me senté esperando que los personajes dijeran: “¡vete a la chingada, pinche wolverine!”, pero creo que para mi alegría (o pesar) nunca lo hicieron. Lo que sí doblaron curiosamente fue una escena en que hablaban de la palabra “esperanza”, y lo hicieron traduciéndola por la palabra “fe”. En todo el resto de la película no me pude sacar esto de la cabeza.

Verán, en X-men: días del futuro pasado es muy importante la idea de la esperanza. De hecho, la trama se resuelve de alguna manera gracias a que los personajes principales logran asimilar la importancia de la esperanza en sus circunstancias. Y el hecho de que hayan cambiado la palabra “esperanza” por la palabra “fe” transforma de maneras complejísimas el significado de la palabra en la trama, la posición de los personajes frente a lo que les está pasando, y, sin exagerar, todo el significado de la película completa. Una cosa es decir que Wolverine acepta que a veces hay que tener esperanza, pero el desplazamiento semántico que causa el hecho de que, en español, acepte la “fe”, casi que nos hace pensar que Wolverine aceptó para sí uno de los dogmas del cristianismo: “¡Pinche Wolverine, has aceptado a Cristo en tu corazón, carnal!”.

Digamos que aunque esto es una curiosidad, es una curiosidad aceptable, porque en el proceso de doblar a español los diálogos originales en inglés, hay que cuadrar en el idioma nuevo la cantidad de sílabas que tienen los diálogos en el idioma original. O sea, hay que cuadrar las palabras con el movimiento de la boca. Por eso no se puede doblar “esperanza” como la original “hope”, porque se necesita obligatoriamente una palabra de una sola sílaba; lo que nos lleva inevitablemente a “fe”.

Esto es para ilustrar cuánto se pierde y cuánto se adhiere en los procesos de traducción, desde una película hasta un libro, pasando por las instrucciones para usar una lavadora o la etiqueta de una camiseta hecha en Malasia. Pero mientras el ejemplo de X-men es lingüísticamente interesante, otros problemas de doblaje, subtitulación y traducción son menos glamurosos; por no decir patéticos.

Después fui a ver una película francesa subtitulada en español. Cómo no que era español mexicano, por supuesto. Cada vez que un personaje parisino decía algo así como “¡Puta madre!”, en nuestra pantalla ponía que el personaje estaba diciendo “¡Chinga tu madre!”. ¿CHINGA TU MADRE?, ¿A lo bien? Mientras veía la película pensé que todo eso tenía que ser una maldita broma. Pero no lo era. Nunca lo es. ¿No nos hemos tenido que aguantar que, por citar unos pocos ejemplos, en la película Cómo entrenar a tu dragón hayan traducido el original “Toothless” por el terrible “Chimuelo”?; ¿que en la serie de dibujos animados Súper campeones tradujeran el deporte “football” no por “fútbol”, sino por el mexicanísimo futbol (sin el acento en la ‘u’; o sea ‘futból’), y que además los personajes dijeran “futból soccer”? De verdad hay que tener muy poca madre. ¿O que en la serie animada del mismo X-men de mi niñez, tradujeran “Wolverine” por “Guepardo”, siendo que lo que traduce es algo así como “lobuno”? No pueden explicarse los mundos de diferencia que significa que el personaje de Wolverine represente no a un canino como debería sino a un felino.

Pero lo de la mexicanización indiscriminada de las películas es sólo uno de los problemas (que de hecho tiene que ver más con una razón geopolítica que con que el mexicano esté bien o mal, y es que las productoras de las películas asuman que el mexicano es el español de todos los hispanohablantes). A eso hay que agregarle que las películas están mal traducidas y subtituladas en casi el 100% de los casos, con errores tan miserables como de puntuación, de tildes, de ortografía. Dios mío, a qué tipo de analfabetas ponen a traducir y a subtitular esas cosas.

Y no empecemos con los títulos de las películas en las versiones en español. Sólo por tomar un ejemplo que estuvo en cartelera hace poco: The lunchbox. El título fue traducido a, cómo no,  Los sabores del amor. ¿Alguien se ha preguntado por qué toda película que tenga algo de romance en su trama es traducida en el título con la palabra “amor” en algún lado, así el título original se esfuerce por hacerlo aunque sea un poquito no tan groseramente evidente? Yo les digo. Es porque nos creen $#&!@mente imbéciles. Porque los departamentos de mercadeo asumen que no vamos a saber que se trata de una maldita película de amor si no nos traducen Amor índigo por la original L’ecume des jours, cuyo título natural sería La espuma de los días. Es como cuando los adultos tratan a los niños como idiotas, sin que lo sean. En este caso los hispanohablantes somos los niños idiotas a los que hay que traducírseles mal y del mal gusto.

Cuánta ira, Ciudadela Letrada. Pero una vez más no se trata de volvernos unos idiomanazis o unos lingüisticofachos, que caen muy mal. Se trata de que la gente haga bien su maldito trabajo, por una parte, y que en hacerlo no asuman que el público destinatario sea una gran bola de pendejos.

Hace un tiempo hablábamos con un buen amigo que ha dedicado parte de su vida a traducir. Él nos decía que todo libro es en algún sentido intraducible. Y qué bonito que sea así. Toda traducción sabe quitar unas cosas y sabe agregar otras, y hasta un punto una traducción es siempre una obra nueva diferente de la original. Es lindo porque, como los poetas, traducir ciertas cosas a las palabras es un reto difícil, pero que vale la pena intentar; o imposible, como tratar de traducir a palabras los silencios. Algo bellísimo. Estos son un tipo de dilemas de traducción que nos hacen sentir bien. De pronto lo de X-men entra ahí.

Los otros son los dilemas de traducción que nos hacen sentir mal. Que nos hacen dar ira y no nos permiten disfrutar las cochinas películas.

Esta entrada está dedicada a un señor que le supo pegar la insultada de su vida a la gente de una aerolínea hace unos días, en la recepción de un hotel en México D.F. ¡Mi héroe!

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