3D Eastwood

Casi desde que se inventó el cine, el 3D ha intentado quitarse la etiqueta de novedad y curiosidad para ganarse los corazones y las billeteras de los espectadores. Desde los aparatos estereográficos de hace más de un siglo, pasando por el descolorido 3D anaglífico (el de las gafas con un lente rojo y el otro azul), hasta nuestros tiempos, donde cada mes, en casi cada multiplex, se proyecta por lo menos una película en Real-D o Imax, el cine en 3D ha tenido momentos de auge y de decadencia, y de decadencia decaído.

Hoy parece que se queda, que por fin llegó el momento en el que ver películas en 3D se convirtió en algo cotidiano. Hay razones para pensarlo: el 3D se ha vuelto más barato, ha mejorado la tecnología y hay películas para las que funciona especialmente bien, como las infantiles, con carros, bichos, juguetes y animales humanizados, con ojos grandes y tiernitos. Algunos entusiastas Hollywoodenses, como James Cameron, el director de Titanic, Avatar y otras películas con presupuesto como para acabar con el hambre en el mundo, han invertido trillones para llevar al 3D al siguiente nivel, es decir, para que se les devuelvan esos trillones con creces, y lo han logrado. Pero, a pesar de todo, hay que decirlo, nueve de cada diez películas en 3D no valen la boleta, porque no aprovechan la tridimensionalidad o no la necesitan. Además, algunos problemas de la tecnología, a pesar de los avances, puede desmejorar la experiencia.

Por eso, parceras y parceros, para saber gastar la quincena sabiamente, propongo unas guías para saber cuándo no y cuándo sí ver una película en 3D:

Por qué no 3D:

-Cuando no se consiguen puestos en el centro de la sala: porque, entre más lejos del centro, más defectuoso es el efecto de tridimensionalidad. Además, todas las cosas que brincan hacia el espectador brincan hacia el centro.

-Cuando es un reencauche de una película vieja o una película que no se hizo originalmente en 3D: porque, debido a que no estaba pensada para ser vista en tercera dimensión, puede ser decepcionante la pobreza de sus efectos y su profundidad y puede traer efectos fisiológicos indeseables, como mareos, dolor de cabeza, diarrea, ira y dolor de bolsillo. Ejemplos concretos, Alicia en el país de las maravillas, Titanic y el Rey león, buenas películas hechas una pifia.

-Cuando esté interesado en pararle bolas a la historia y no a efectos truculentos: a pesar de que se usen palabras como “inmersión” o “envolvimiento”, el 3D distrae de la narración con sus juegos de profundidad, con sus trucos y con la obligación usar unas gafotas para ver la película; en vez de sumergirnos nos hace más conscientes de que estamos en un cine. Por eso no hay dramas en 3D pero le va tan bien en películas infantiles o con mucha acción. En otras palabras, 3D significa que se reduce la potencia de la historia a favor de las emociones inmediatas y los efectos.

Además, algo muy importante, la producción de una película en 3D limita el uso de cortes y cambios de puntos de vista rápidos, hace imposible el uso de acercamientos o alejamientos extremos y es enemiga de la profundidad de campo ¿valdría la pena sacrificar eso?. No. Porque eso implicaría burlarse de media historia del cine. Habría sido imposible hacer Psicosis o El Bueno, el malo y el Feo en 3D, porque tienen un uso abundante de cortes, acercamientos y profundidad de campo.

-Cuando haya hambre: nunca vale más la pena pagar por el 3D que por una bolsa de maíz pira mantequilludo y un agua con azúcar y sabor artificial. Un placer sencillo y más satisfactorio.

Por qué sí 3D:

Pero como no todo es pesimismo, también propongo unos consejos para saber cuando SÍ ver una película en 3D:

-Cuando toda la película esté pensada específicamente para ser vista en 3D: ejemplos, Coraline, Hugo y Gravedad. Aún así, estas son excepciones. La experiencia dicta que Hollywood solo quiere cobrarnos por ver basura y que solo de vez en cuando sale buena basura.

-Cuando sea una película de animación: porque los animadores tienen todo el control sobre lo que ven los espectadores y pueden aprovechar al máximo la técnica. Pixar nunca nos decepciona, aunque sea la repetición eterna de la misma historia con distintos personajes y no se arriesguen demasiado. Control absoluto, la clave para una película en 3D.

-Cuando se sepa que la película es muy mala, para quejarse después de verla: no hay nada más gratificante que confirmar la predicción y gritar a los cuatro vientos que Hollywood nos decepcionó otra vez.

Queridos parceras y parceros, solo nosotros, como espectadores, podemos decirle a Hollywood (y al resto) lo que queremos ver y lo que no. Decidiendo podemos evitar que nos metan los dedos en la boca. Si no lo hacemos, Dios no quiera, llegará el día en que Dago haga El paseo 3D y ese será el fin de los tiempos, un agujero negro, una paradoja, una contradicción universal: profundidad sin profundidad.

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