Destacadochapinero

Título: Chapinero
Autor: Andrés Ospina
Editorial: Laguna Libros / Coedición digital: elibros
Ilustrador: Juan Camilo Useche González
Publicación en Colombia (año): 2015
Precio en físico: 39.000/ en E-Book: $14.600

“Mi frustración y yo fuimos a quejarnos al despacho”

Lorenzo es un bogotano tristemente rico: un despilfarrador que está quebrado, ilíquido y endeudado. Por eso quiere vender lo último que le queda de herencia: un reloj y una cuchara antiquísimos. Buscando el origen de las reliquias, personajes de distintas épocas como Anton, Higinio, Salvador o Tania, cuentan la historia de Chapinero.

Que Bogotá era una suma de haciendas, de hacendados y de familias acomodadas (sobretodo Chapinero y Usaquén). Que somos una mezcla cultural angloparlante, hispánica, francesa y alemana. Que en la esquina del Parque de los Hippies —oficialmente llamado el Parque Sucre— venden drogas. Que Transmilenio es una bestia vestida de rojo o azul (también verde, amarillo y naranja) que embiste a quienes transitan la Caracas. Que en algunas esquinas toca inhalar la fragancia a amoniaco procedente de orines. Que la Bogotá antigua era lo mejor y que la cotidiana es putrefacta. ¡Pues sí! Con eso se puede publicar un libro. Vender la imagen de un tipo inseguro, presa de su herencia, que se siente ridículo, desesperado y avergonzado con su vida. Un arrastrado de hambre, un Pablo Remalas (el de Ordóñese de la risa de finales de siglo XX) a lo Osorio Lizarazo (el colombiano del siglo XX que escribió novelas urbanas sobre los primeros 50 años de Bogotá). A algunas personas les gusta que les cuenten ese tipo de historias, sobretodo porque se alimentan de malas noticias todo el tiempo. Pero otras personas preferimos crear otra ficción.

“La historia de mentiras y yo tan real”

Con escritores como Ospina uno se sumerge entre la ficción y la realidad. Entre la costumbre de odiar y la creencia de que nada salva. Esa es la pesadez que no deja pasar la página. Chapinero puede caer mal a los que, sin planearlo, apreciamos más las buenas noticias. Chapinero es un salto ínfimo, un mínimo cambio de ritmo, es ficción. La vaina es que termina siendo la realidad de algunos. Por eso hay que saber diferenciar: Chapinero no representa a Bogotá en su complejidad.

Este libro, escrito por Andrés Ospina (el del Bogotálogo, el biógrafo de Ximénez) ha sido muy bien recibido. El crítico Gonzalo Mallarino lo califica como preciso, de lágrimas y recuerdos; un mundo nuestro. En general está muy bien escrito, contiene referencias culturales generosas e internacionales. Es como esas novelas de detectives donde aparecen pistas para resolver el rompecabezas. Las referencias históricas de este libro componen un 80% de la estructura general, lo que lo hace muy educativo. La narrativa es amena, está muy bien hilada, tiene ritmo, cadencia y además comunica muy bien las emociones. A Chapinero lo impregna la simpática teatralidad bogotana, las líneas que componen párrafos de alto voltaje, el cuidado editorial de Laguna Libros y también las ilustraciones creativas de la portada y los dibujos interiores. El libro propone un aire fresco para el que no quiere leer todo el libro; un recorrido transversal. Uno puede escoger la historia de un personaje y como cada personaje pertenece a una época distinta, la navegación se disuelve en posibilidades, como en Rayuela. Esto invita a desarrollar dinamismo, curiosidad y espíritu investigativo.

“La ciudad y las sanguijuelas que la poblamos, ahogándola para que nos ahogue e infestándola de desesperanza”

Más allá de ser una evidencia local de la identidad nostálgica es un libro para leer con cuidado porque muestra un odio explícito contra Bogotá. Chapinero tiene un alto contenido mísero. Puede ser chocante para los sensibles a aquello que emite juicios irrespetuosos. “Porque la realidad de odiar todo es una ficción. Existen también otras realidades, otras personas, otras ficciones”. Se le recomienda a los parceros leerlo con atención y desapego, no vaya a ser que les den ganas de explotar en cualquier momento de la rabia que sienten. ¿Sabían que el centro comercial Avenida Chile se llamó Granahorrar en algún momento? A eso Ospina respondería: ¡Sí, fueron unos desconsiderados mercadotecnistas los que hicieron tal agravio! ¿Sabían que al lado de la Iglesia La Porciúncula (junto al centro comercial) se robaron una escultura muy bonita para venderla y fundirla? Lo difícil es apreciar lo que dejaron y sentirse bien así.

El libro Chapinero hay que leerlo con mesura, sin dejarse cazar por el depredador que atrapó a Lorenzo: el desencanto. “Amar la trama más que el desenlace” diría Jorge Drexler. Aprender a segmentar, saber que el odio puede olvidarse y el amor puede ser recordado. Por eso, querido Parcero, si se le olvidó que Bogotá es un sitio que renace y se reconstruye a sí mismo todo el tiempo, no se preocupe, no le tenga miedo a Chapinero, aprenda, transite, vincúlese. Sepa, y esto a manera de consejo, que no hay por qué sufrir. El sufrimiento es memoria y por eso se puede olvidar.

Chapinero

Chapinero
7

Calificación

7/10

    Por qué Sí

    • - Porque la portada del libro con la Catedral de Lourdes es una muy buena idea. Porque las guardas y los dibujos interiores son muy creativos. Vale la pena leerlo porque es un libro muy educativo que desarrolla un espíritu investigativo.

    Por qué No

    • - Porque es un libro que muestra el odio explícito contra Bogotá y eso puede ser chocante para los sensibles a aquello que emite juicios irrespetuosos. Mejor no se lo lea si cree que podría pegarle a alguien en cualquier momento.

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