El grupo musical Calle 13 tiene ingredientes efervescentes que propician amores y odios, las impresiones que giran a su alrededor siempre son polarizadas, rechazo tajante o lágrimas de emoción. Después de una investigación, que no necesariamente podría llamarse exhaustiva, hasta donde Google y YouTube lo permitieron, me gustaría presentarles las pruebas que definitivamente acaban con la discusión, el remordimiento y la culpa, y que permiten decir con propiedad: Calle 13 es severo, aunque es paila.

Primero, Calle 13 es un grupo puertorriqueño del género impreciso llamado música urbana, formado por René Pérez alias Residente, un calvo rudo y musculoso pero con conciencia social; Eduardo Cabra alias Visitante, el compositor y multi-instrumentista del grupo, tímido y de bajo perfil y, la integrante reciente, Ileana Cabra alias PG-13, la que grita cosas como “¡Calle 13 viene sin lubricación!” en el fondo de las canciones. Los tres integrantes son hermanos, o hermanastros. Con esa descripción basta por ahora.

Aunque en el sitio las2orillas ya se han cuestionado acerca de la incoherencia entre las posiciones políticas del grupo y la manera en la que viven en la vida real, a mí me gustaría mantenerme dentro de la ficción, dentro de las implicaciones que tiene para nosotros, como espectadores, este grupo tan infame y tan famoso. Quiero hablar de lo que está frente a nuestras narices y no de lo que se supone que está oculto.

Paseando por el perfil oficial de Calle 13 en YouTube (administrado por Vevo, la plataforma de videos propiedad de todas las gigantes multinacionales musicales) pude puntualizar cuatro estilos o facetas que se manifiestan en la música de Calle 13: El reguetón puro y duro, La canción profiesta, La rapeada romántica y La música con pretensiones políticas.

El reguetón puro y duro es una faceta que se fue desvaneciendo con el ascenso a la fama del grupo y con la transformación de Residente en profeta de los males del mundo y de la conciencia del pueblo. Esta faceta se hizo visible con el recontraéxito Atrévete-te-te, que presentaba a un Calle 13 todavía ingenuo pero con enorme potencial dentro de la oferta musical, que es tan chiquita pero que parece tan grande. Atrévete-te-te presentó al mundo a un grupo igual pero diferente, con el carisma reguetonero pero con unas letras mucho mejor logradas que las de tantos wisines y yandeles que repiten monótonamente lo mismo de siempre. Otras joyas de esta etapa: Se vale to-to, Chulin culin chunfly y Suave.

Durante esta primera faceta de Calle 13 se demostró la habilidad de Residente para escribir letras sugerentes y sorprendentes, que inevitablemente hacen que uno se pregunte ¿y cómo se le ocurrió eso? Algo que no se puede negar es que Residente es un tipo creativo, y esa creatividad la aprovecha incluso para los fines macabros del reguetón. Algo para resaltar de Calle 13, por lo menos en algunas de sus facetas, es que no va directo al grano, sino que nos compromete con su uso del lenguaje, es sugerente, nos deja a los espectadores terminar de interpretar. ¿Qué pasa por sus cabezas, parceras y parceros, cuando Calle 13 les propone la metáfora de bricolaje: “vamos a echarle masilla a tu vasija, y después pasarle lija”?

Para que se chupen los dedos, después de coger la mantequilla y los huevos, les dejó el video Suave, obra cumbre de la etapa de El reguetón puro y duro, una pequeña muestra del doble sentido hecho arte:

Como dije, esta faceta se extinguió en la producción actual, pues, claramente, el reguetón, conocido por ser sexista y superficial (y por su dembow), no está de acuerdo con la nueva imagen que busca proyectar Calle 13. Pero la actitud vergonzante que han tratado de sostener el grupo y sus fans al repetir incansablemente “esto no es reguetón” es injusta con el género que les abrió las puertas al mundo mediático.Calle 13 reguetón

Las demás facetas de Calle 13 corren de manera más o menos paralela y corresponden con la inserción del grupo en una notoriedad mediática y en una fama más o menos estable, osea, ya sin peligro de que caigan en el olvido. La canción profiesta es la versión depurada de El reguetón puro y duro, pues, aunque trata temas que podrían parecer banales, solo hay un 51% de alusión a tetas y nalgas. En esta faceta es importante resaltar la habilidad de Visitante, el compositor, que ha logrado mezclar los silbidos más disímiles para crear el sonido característico de Calle 13. Solo pensemos en La cumbia de los aburridos, El tango del pecado, El Baile de los pobres o Vamo’a portarnos mal; canciones que aprovechan otros géneros para crear las bases para que Residente suelte sus letras disparatadas.

Es en La canción profiesta donde Calle 13 se introduce por el camino espinoso de la identidad latinoamericana, el problema de definir qué es lo que somos. Como somos muchas cosas, y como todas esas cosas son contradictorias, hay que jugársela por solo un aspecto, la identidad depende de los lentes por los que se mira. En La canción profiesta, Calle 13 se la juega por la versión folclórica de latinoamerica, de ahí la coherencia con la mezcla de estilos musicales, y con una posición que tiene fundamentos: lo latinoamericano es mestizo y revuelto. Merengue, Salsa, Cumbia, Tango, Norteña, Rock, lo que sea. De acuerdo con Calle 13, somos alegres, desordenados, indisciplinados, a diferencia de los otros, de los europeos, de los norteamericanos; nuestro desorden es nuestra resistencia, así que “zapatea que tú no eres gringa”.

De hecho, con que nos tomemos la molestia de decir la palabra latinoamericanos, que es tan larga, ya da cuenta de nuestra preocupación por definirnos, y, derivado de ahí, por diferenciarnos de otros. La canción profiesta, protesta y fiesta es un buen intento.

Calle 13 Yankees

Esa versión de “lo latinoamericano” no es nueva, y algo debe tener de cierta, pero también es cierto que nuestra propia celebración de lo exótico muchas veces se nos revierte de maneras horripilantes al no poder escapar del encasillamiento.

Si nos fijamos bien, Calle 13 solo es uno de los tantos grupos latinoamericanos que están metidos en esta apuesta; Choc Quib Town dice que somos pacífico, Bomba estéreo dice que así es mi raza, Systema Solar que me quedo en mi Kolombia, solo por nombrar grupos colombianos. Calle 13 es solo el más comercial, el más internacional, el más notorio, el mejor patrocinado por los gringos. “Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas” Sí, como no, Residente.

La búsqueda por nuestra identidad es nuestra carga eterna, porque ningún traje nos queda bien, pero por lo menos este está holgado, es de fiesta y no está prestado. La fanfarria latinoamericana muchas veces es satisfactoria.

Para demostrar mi punto les dejo Vamo’a portarnos mal, les recomiendo que estén atentos a la sorpresa que sucede al final del video:

La rapeada romántica es un alto en el camino de la conciencia social, un respiro en la lucha para dedicarse a las mieles del amor. Como diría Residente en defensa de esta faceta: “Pa’ que veas que yo también escribo cosas bonitas”. Y es cierto, porque en La rapeada romántica Residente ya no dice que “le mete turbo, con los dedos curvos, ambidiestro, a lo derecho y a lo zurdo” sino que mas bien quiere darle “un beso de desayuno, pa’ irnos volando hacia Neptuno”. Hay que ser demasiado antipático con Calle 13 como para no encontrarle algo bueno a una frase como estas:

“vamos pasito a pasito

siguiéndonos la huella

caminando en una tómbola de estrellas

un trayecto con clima perfecto

regálame una sonrisita con sabor a viento”

Yo llego a decir que cosas como esa comprueban que la poesía sí se puede consumir masivamente.

En La rapeada romántica Calle 13 cambia la estrategia, de macho dominante con cien millones de palabras diferentes para decir vagina, a macho servicial y sacrificado, y de ambas formas le sale bien. Éxitos de esta faceta: Un beso de desayuno, Muerte en Hawaii y La jirafa.

Para esta parte los dejo con Muerte en Hawaii, una canción de amor con un video Gore color pastel, la sonrisa es inevitable:

Por último, está la faceta más polémica, La música con pretensiones políticas, que continúa con la búsqueda de lo latinoamericano, pero desde otro aspecto, desde la admiración melancólica del indígena, del campesino y del “pueblo”, bajo la presencia profética de Residente. Aquí Calle 13 ya no pinta a Latinoamerica con fanfarria sino con el color de la tierra, y aunque es bucólico e idealizado, también puede ser bien aprovechado. Como en el caso de la canción casualmente llamada Latinoamerica y su video, un recorrido en cámara lenta por las caras y la manos de un montón de gente: blancos, negros, indígenas, mestizos, campesinos, estudiantes, trabajadores, etc. al mejor estilo de una propaganda de Coca-cola. En este punto, Calle 13 se aventura a proponer la versión pop de la canción protesta, más digerible en las redes sociales, más tuiteable, más fácil de cantar sin ser mamerto pero también sin comprometerse.

Pues aquí lo curioso es que los campesinos del lago Titicaca que aparecen en el video no son quienes van a consumir la música de Calle 13, sino nosotros, “los demasiado ricos para ser pobres y demasiado pobres para ser ricos”. Esta faceta de Calle 13 es muy parecida al eslogan que se repite por ahí en el paro agrario: “somos agrodescendientes”, como si el campesinado fuera un grupo cavernícola del que evolucionamos o algo por el estilo. El campesino es cool, por ahora.

Incluso, para meter más el dedo en la llaga, se podría decir que en ese punto Calle 13 es heredero contemporáneo de cantantes sociales como Victor Jara, Facundo Cabral o Mercedes Sosa. Eso sí, despilfarra la herencia, pero es heredero al fin y al cabo. Calle 13 es coherente con el medio para el que produce, nos conmovemos en tres minutos y nos escandalizamos en los tres siguientes, porque no somos ni chicha ni limoná, así que moviliza la conciencia social posible en este ambiente pop. El vacío que deja Calle 13 es que no tenemos identidad, solo ficciones narrativas mediatizadas, y nuestros intentos de saber cómo somos se evidencian en sus puestas en escena. Vivimos nuestras vidas como si fueran narraciones en perfiles de Facebook: editadas, posadas, idealizadas, pendientes de la apariencia. Si nos quejamos de que Calle 13 es mediocre, es porque nosotros somos mediocres y nos afiliamos a cualquier causa mientras solo implique poner un “me gusta”. Apoyamos causas sin lágrimas. Dicho esto, que caigan los agravios.

¡Solapados del mundo, uníos!

Limpiada la culpa, ahora se puede decir que Latinoamerica es una canción bella, dice cosas bonitas como “América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina” y tiene voces de varias cantaoras, entre esas Totó la Momposina. Tiene la potencia poética de Calle 13 que ya he mencionado, y concentra con habilidad el sentimiento de tenacidad que acompaña la fanfarria. Otras canciones que no están a la misma altura de la anterior, pero que también vale la pena escuchar son: La perla y Pa’l norte.

Sin dejarme afectar más por ese asunto tan pesado y tan denso de la identidad, aquí está, Latinoamerica:

Para continuar, la pifia más grande; después del éxito permanente de Calle 13, el grupo empezó a producir unas canciones muy particulares, porque están tomándose demasiado en serio la idea de que tienen voz y poder de masas, y creen que de alguna manera tienen que guiar a todos los oprimidos del mundo hacia una rebelión definitiva, una apuesta más propia de las películas Hollywoodenses que de la vida real. Ahora las canciones de Calle 13, especialmente en el último disco: Multi_Viral, se concentran en la enumeración de problemas que afectan al mundo y en la desesperación por pronunciarse acerca de todos esos problemas aunque sea en dos líneas de cada canción. De ese afán salen canciones como Multi_Viral, con la participación de Julian Assange y Tom Morello (el de Rage Against the Machine) que es una compilación de llamados a la lucha mundial contra un enemigo que no tiene cara, “nos alimentan con carne procesada, y la gente sigue desinformada”, o la canción El aguante, que es un listado de problemas bajo la estrategia de decir “aguantamos tal cosa, aguantamos tal otra” hasta el cansancio. El último disco de Calle 13 está lejos de las letras creativas de antes, no terminó de averiguar lo latinoamericano y ya se le quedó pequeño.

Les dejo la canción Multi_viral, sin ritmo y sin una sola frase que quede grabada en la memoria:

Solo me queda invitarlos a que miremos con atención y calma lo que consumimos, que dice tanto sobre el nosotros mismos como sobre el mundo.

Por qué sí Calle 13: Porque nos cae como anillo al dedo. Pachanguero, preocupado, bien hecho, sucio y amoroso, tiene todo para ponerte las axilas grasosas y para entrar en la lucha de los oprimidos sin salir del espacio de comodidad.

Por qué no Calle 13: Porque no hay que comerles demasiado cuento, como producto mediático están fabricados, son actores idealizados, con una conciencia social superficial, son la versión en pantalla de lo queremos ser pero que es demasiado riesgoso. Hemos creado un monstruo.

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