Booktubers

Cada vez que escribimos o leemos tenemos que actuar como redentores impasibles. Nos creemos puentes para que otras personas, a través de nuestra experiencia, se nutran de una aún más rica que la que tuvimos nosotros (o las eviten, en su defecto). Al menos así se les enseña a muchos literatos a hacer reseñas.

Aún así, tenemos que pasar por las características de reseñistas que nos han ganado la partida desde antes de haber estudiado lo que los literatos estudiamos (¿qué será eso?). No me quiero apresurar: no escribo esto para proclamar héroes. Me importa más hablar de una derrota, de la maternidad abortiva a la que recurrimos los humanistas cada vez que creemos que cambiamos la mente de alguien con nuestro brillante intelecto.

En este punto voy a introducirles a un personaje incómodo: el booktuber. Incómodo para el español por el anglicismo; incómodo para el resto de los literatos decimonónicos por su clara relación entre video y lectura. Tratemos de definir, pues: un booktuber es una persona que por medio de vídeos (sobre todo por YouTube) hace reseñas, críticas y contenido creativo en torno a su lectura de ciertos textos. En su enorme mayoría no se trata de académicos ni reseñistas de periódicos o literatos graduados. Por esto, diría que el propósito de un booktuber no es hacer crítica literaria (como la conocemos los literatos, humanistas y como odian la mayoría de los que realmente aman la lectura por la lectura y no porque no sabían en qué carrera gastar su fortuna familiar). Ante todo, los booktubers crean comunidad; no sólo de lectura, sino de intereses en común en torno a los libros: portadas, editoriales, temas. Son conscientes de que el libro no es sólo el contenido textual.

Ellos suelen ser adolescentes o jóvenes adultos, entre los 15 y 26 años. Eso hace sensato que sus bibliotecas estén llenas de libros como los de Nicholas Sparks, pericias pubertas como las de Diary of a Wimpy Kid y lo que la crítica literaria casi nunca se digna a criticar o analizar, como los libros de fantasía, jóvenes adultos, romance, ciencia ficción… y menos en Latinoamérica. Los booktubers dan muestra de una preocupación por la lectura que va más allá de la obligación humanista y cuasi honorable que siente el académico por “rescatar tradiciones”, o lo que sea que se haga escribiendo ensayos que se apilan en una colección de grandes ideas para nadie. Y una técnica que admiro de ellos es su capacidad de administrar sus redes sociales a través de sacrificios muy simples: gustan crear debates entre comunidades, hacen sorteos a través de sus vídeos, regalan libros por calidad de contenidos o al azar. Las condiciones de participación se ponen interesantes cuando los booktubers exigen que el usuario deba ser seguidor de ellos, utilizar cierto hashtag en las redes sociales para identificar cierto contenido que será premiado. En este sentido, los booktubers tienen conciencia de un público y crean con él una relación simbiótica: tú te ganas un libro y lo lees, alimentas tu lectura, mientras ellos consiguen más debates para sus canales.

No siento que la academia haya establecido ese tipo de relación: no comparte su conocimiento, sólo la discuten internamente, muchas veces en sus foros especializados para profesionales y estudiantes que todavía ni siquiera están al alcance de aquellos conocimientos. Parecería que les gusta cambiar el mundo a espaldas de él en vez de encontrar mejores maneras de comunicar el conocimiento.

Quiero volver a las reseñas que hacen los booktubers porque me parecen la segunda actitud valiosa de estos personajes: son reseñas viscerales, de una lectura primeriza, diría yo, sin mucho análisis por debajo de la lectura. Son reacciones que todos experimentamos a la hora de leer: me gustó o no me gustó, y por qué. En una carrera de Literatura, se enseña cierto formato para las reseñas: breve resumen del texto, análisis de un aspecto de ese texto, análisis de la importancia y las fallas de aquel texto para cierto contexto. Sí, así como suena, es como para pegarse un tiro. No voy tan lejos: es cierto que este tipo de reseñas intentan desplazar el gusto por la opinión crítica fundamentada. La reseña colegial es un ejercicio crítico necesario para conocer no sólo los propios hábitos de lectura sino para ahondar en el interés que se puede tener por otros métodos de escritura. Eso es delicioso, porque sí prevalece la simbiosis entre lector y crítico como base de la reseña. Pero, ¿dónde están esos textos? ¿En Arcadia? ¿En El Malpensante? ¿En revistas de estudios hispánicos transatlánticos semánticos pitagóricos? Mal ahí.

Lo que hacen los booktubers es acercarse a los libros y las tramas de una manera con la que todos nos podemos relacionar: incluso explican qué reacciones fisiológicas tuvieron al enfrentar tal lectura (si les excitó, si los hizo quedar dormidos…). Son diferentísimas a las académicas, que pretenden dar fe de una intelectualidad tan sólida como el eje de nuestro planeta porque están en medios que pretenden exactamente eso. 
Varios periodistas han destacado el rol que los booktubers están tomando en el mercado editorial. Por ejemplo, Planeta envía sus novedades a ciertos booktubers para que los reseñen en sus canales. La relación significa mucho para la comunidad de jóvenes lectores y para quienes nos importa que los jóvenes lean sin la ayuda, guía y cuasi tiranía de los adultos. La atención que tomaron las editoriales sobre los booktubers supone que los reseñistas son un agente del mercado más que un puente para “mejorar” ciertos tipos de lectura en cierto público. Exacto: los booktubers no son para académicos literatos. Yo digo que debería ser todo lo contrario. Lo menos que se puede crear ahora es una separación entre lo académico y lo juvenil (porque, a pesar de todo, no me atrevo a decir popular). Todo el mundo identifica los estudios literarios como “estudios clásicos, áridos”. Este último epíteto es el que debería hacernos reflexionar sobre la práctica literaria, la periodística, la humanística profesional. Son extremedamente excluyentes en sus discursos, en sus procesos de recolección de información. Con sólo echarle un vistazo a algunas recomendaciones para ser booktuber puede notarse la diferencia. Para un profesional de la información cultural, las mías serían las siguientes:

  1. Hacer su trabajo con humildad.
  2. Saber manejar distintos medios de comunicación además de la escritura (tener mínimas nociones de audiovisuales, de lectura multimedia, de qué otros medios nutren la lectura además del MLA…).
  3. Tener conciencia del escenario, o de cuál es la relación entre público y la calidad del contenido y la lecturabilidad de ese contenido. No hay que ser aburrido para ser interesante y “trascendente”, si eso es lo que quieren.
  4. Hacer que el estilo de escritura y/o comunicación sea tuyo. Tener en cuenta qué es lo que estás escribiendo, pero sobre todo cómo lo estás escribiendo.
  5. Pon un límite; sé conciso sólo si es necesario para lo que quieres decir. Si algo es muy largo, hay que hacer que valga la pena llevar a un lector por toda esa lectura, ¿no? En este mundo tan rápido en el que vivimos…
  6. Ser constante en la creación de contenido (algo que yo, reconozco, debería aplicar YA). No tiene sentido hacer later una expectativa por un magnus opus. Los procesos para llegar a esa obra también importan.
  7. Para que la figura de autor (o lo que sea) tenga éxito, hay que aprovechar las redes sociales (es lo más importante, no importa cuáles, deben ser las más posibles). Ser un sedentario de la comunicación actual es crear una religión. No quieres eso.
  8. Escuchar a tus seguidores, sus consejos y sus gustos. Son los lectores, y no tu omnipresente omnisapiencia, los que podrían mejorar tu contenido.
  9. Capacidad de autocrítica. Hay que aceptar las críticas constructivas y sacarles todo el jugo. No hay tiempo para lamentarse por uno mismo.
  10. Retroalimentar el contenido de los demás.
  11. Todos empezamos de cero. Respeta a los que lo están haciendo.

No hay que ser un booktuber para empezar a preocuparse por cómo comunicamos nuestro contenido, que sí importa, ¡que es importantísimo! El problema entre la crítica “pensada” y la lectura “sólo por entretenimiento” es que creen que no pueden ir de la mano. Creo que los dos no deberían tomárselo tan en serio: deberían sentir un poco más de amor por lo que crean. Finalmente, el análisis es solamente para entretener a la gente. Siento decepcionarlos en ese sentido: el entretenimiento, incluso para la información más importante, lo es todo. Los booktubers, para alimentar sus críticas, incluyen bloopers en su videos porque los errores y las risas les importan. Porque esas son características que debería transmitirse con la literatura. Siguen el precepto de Ray Bradbury de hacer de la escritura una celebración constante. Si no lo fuera, ni siquiera serían personajes de YouTube.

 

PD: Por favor, incluso algunos pirobos se toman el tiempo de enseñar a leer en inglés. Y después dicen que los literatos se preocupan por fomentar la lectura…

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