Amor Índigo

Título original: L’ecume des jours.

Director: Michel Gondry.

País: Francia.

Estreno en Colombia: junio 2014.

¿Se acuerdan de La ciencia de los sueños, esa película encantadora de Michel Gondry que por allá por 2006 conquistó los corazones de la audiencia romántica y los cerebros de la crítica especializada? Desde que salió el tráiler de Amor Índigo ha sido imposible no pensar que Michel Gondry, siete años después, decidió usar una fórmula increíblemente similar para adaptar a la gran pantalla la novela La espuma de los días (1947) del francés Boris Vian.

Amor Índigo y La ciencia de los sueños no sólo comparten el formato alucinante lleno de locuras de cartón, papel maché y stop motion, sino que narran una trama muy similar (que es muy Gondry, y que podemos rastrear en toda su filmografía desde Eterno resplandor de una mente sin recuerdos). Estas tramas muestran la historia de un hombre joven, encantador y enamoradizo, soñador e infantil, que tiene problemas para aceptar la realidad y se refugia en fantasías y ficciones creativas para lidiar con el mundo. Este hombre complejo se enamora de una chica igualmente encantadora, y utiliza su escapismo de la realidad hacia paraísos inventados para escribir con ella una historia de amor, que generalmente termina en fracaso y en la soledad del joven entre sus mundos inventados. Pues bien, en 2013 Gondry escogió para adaptar una novela que le cabe como anillo al dedo a su arquetipo de historia. La espuma de los días, tanto en el libro como en la película Amor Índigo, cuenta la historia de Colin, un joven encantador, millonario, creativo y soñador que quiere enamorarse, y que tras escuchar la canción “Chloe” de Duke Ellington, conoce días después a una Chloe de carne y hueso, como si la hubiera imaginado primero y conocido después, de la que se enamora perdidamente. La historia transcurre entre el idilio amoroso de Colin y Chloe, que es una fuga hacia un mundo fantástico y delirante, y las historias paralelas del ratón mascota de Colin; de su amigo Chick y su pareja Alise, y de su elegante cocinero Nicolás y su relación con una chica llamada Isis. Todo marcha bien hasta que, después de casarse y en la luna de miel, Chloe adquiere una extraña enfermedad, producto de un nenúfar que le crece en un pulmón, que sólo puede tratarse poniendo constantemente flores frescas alrededor de la enferma. Tras haberle dado una cantidad considerable de su fortuna a su amigo Chick, Colin deberá encontrar un trabajo para costear el costoso tratamiento médico de su esposa moribunda, y la trama feliz que se anuncia en un momento hace un giro trágico hacia un panorama desolador.

Cabe anotar que La espuma de los días, la novela que adapta Gondry en esta película, ha sido un ritual de paso para los jóvenes lectores de múltiples generaciones, casi como para nosotros sería Rayuela o para los gringos sería El cazador en el centeno, por su increíblemente bien perfilado personaje principal: por su manera particular de ver, construir y escaparse del mundo, y por el amor desgarrador que persigue. Es un historia tierna y sobrecogedora con la que es muy fácil identificarse, y como en la película, la novela usa una narración delirante, en la que el protagonista se corta los párpados para verse radiante, en la que los cocineros cocinan anguilas que salen de los grifos y en la que hay artefactos maravillosos, como el Pianoctel que prepara cocteles según la pieza que se toque en el teclado y la manera particular en la que se interprete. Puede decirse que la adaptación de Gondry de la novela de Boris Vian es bastante fiel a la historia original, pero es preciso decir también que es muy Gondry en su estilo y que le imprime muchísimos más fuegos artificiales que la novela no tiene, y que arriesgan una historia buena para convertirse en una película tal vez empalagosamente barroca.

Así es, a pesar de la esforzada actuación de Romain Duris (Colin) y de las muy buenas de Audry Tautou (Chloe) y Omar Sy (Nicolás), la película y su maravillosa historia tienden a diluirse en la obsesión de espectacularidad visual de Gondry, que deja de lado la trama en sí para martillarnos incansablemente con su ingenio tiernito, con su stop motion y con sus artefactos inteligentes, hasta un punto en el que el espectador se siente agotado por el delirio visual. En La ciencia de los sueños vimos a un Gondry siendo refrescantemente original, pero ahora, en Amor Índigo, vemos a un Gondry imitando a Gondry, y mostrando y abusando de algo que es bonito pero que no es nuevo, algo que ya todos hemos visto antes. La película tiene constantemente este defecto en toda la primera parte, y sólo parece despegar satisfactoriamente en la segunda.

Amor Indigo se corrige a sí misma, y en las dos horas que dura puede decirse que tiene una parte no muy buena y una parte buena. La historia maravillosa de los jóvenes prófugos del mundo que se enamoran (y que pierden cuando pierden y pierden cuando ganan) es todavía visible en la película, pero hay que buscarla entre el exceso de excentricidad visual de su director, quien a pesar de haber logrado secuencias excelentes, peca por excesivo. Esperemos que en su próxima película Gondry siga narrando estas historias lindas, pero tenga más mesura con los colores y los brillos de los envoltorios en los que la empaque.

Por qué Sí Amor Índigo: porque vale la pena verla a pesar de que sea menos satisfactoria de lo que se esperaba. Porque es una historia tierna y sobrecogedora; porque tiene secuencias verdaderamente ingeniosas y por unas cuantas canciones de la banda sonora.

Por qué No Amor Índigo: porque el ingenio visual canibaliza la sencillez de una historia de amor bien contada y uno puede indigestarse con tanto stop motion innecesario. Porque es más larga de lo que debería ser y porque aunque despega y atrapa, lo hace después de la mitad del tiempo, tal vez demasiado tarde.

Comentarios